Por Viktor Gómez

Elogio de la superviviente
En tu cuerpo, escrito:
la infancia como una enorme sala húmeda
hospitales donde trasplantan cicatrices
una temible aguja que se abreva en tu piel
terror a cruzar puentes sobre las autopistas
diez años de indagación sobre el suicidio
desamor golpes y la más extrema
clandestinidad del llanto.
El cuerpo del deseo es el del sufrimiento.
Ahora yo también escribo en él
con esperma y con besos, arrastrando las sílabas.
Francamente: eres tan hermosa
que todas las mujeres son hermosas.
Nace mi lengua en tu boca de tabaco tibio.
Pero esto te lo diré de otra manera:
no hay más derrota que el morir, la muerte
de un solo trago o a sorbos. Y hasta entonces
sigue tu música y la lucha sigue.
Por Viktor Gómez
En los valles afganos y en los campos de refugiados de Paquistán , las mujeres pastún improvisan cantos de gran intensidad y fulgurante violencia:
los landay (<>). Esta forma poética limitada a 2 versos crea una instantánea de emoción, apenas un grito, un furor, una puñalada en el pecho. Estos poemas dotados de un marcado ritmo interno, hablan de amor, honor y muerte, y , valiéndose de estos temas, la rebeldía siempre.
Sin duda, nunca un canto tan breve reveló tanto de la inhumana condición de la mujer y de la opresión que la reduce al estado de objeto doméstico y la somete al código pueril de los hombres. Privada de libertad y vejada en sus deseos y en su cuerpo, a la mujer pastún no le queda otra salida posible que el suicidio o el canto…
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“Mi amante es un collar en mi cuello
puede que vaya desnuda, pero sin collar, ¡nunca!”
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“Mi corazón me ha dicho: yo no tengo la culpa,
son los ojos que, al mirar, me han enamorado”
Por Viktor Gómez
Ya está aquí el maldito gallo y su triste canto de partida,
Y mi amante se va como un pájaro herido.
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A tu lado soy hermosa, boca tendida, brazos abiertos.
Y tú, como un cobarde, te dejas mecer por el sueño.
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Dame la mano, amor mío y partamos a los campos
Para amarnos y caer juntos bajo las cuchilladas.
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Vuelve acribillado por las balas de un tenebroso fusil, amor,
Yo coseré tus heridas y te daré mi boca.
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¡Rápido, amor mío, quiero ofrecerte mi boca!
La muerte ronda por la aldea y podría llevárseme.
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Mi amor, abre mi tumba y contempla
El polvo que cubre la hermosa ebriedad de mis ojos.
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En secreto ardo, en secreto lloro,
Soy la mujer pashtuna que no puede desvelar su amor.
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Tómame primero entre tus brazos, estréchame,
Solamente después podrás anudarte a mis muslos de terciopelo.
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Uno muere de deseo de verme un instante,
El otro me echa de la cama diciendo que tiene sueño.
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¡Aprende a comer mi boca!
Coloca primero los labios, luego fuerza dulcemente la línea de mis dientes.
Por Viktor Gómez

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Acaso te preguntas con mi voz
por qué la madrugada se ha hecho mía
y accede a tu interior para dañarte.
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O serás tú, mi incrédulo lector,
que en el anonimato de esta ociosa lectura
te escondes en el mal que de mi surge,
para ser en el fondo de tu mente
el Luzbel que te impulsa hacias tu propio infierno.
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(De “LUZBEL SUSURRA”)
Justo J. Padrón
Por Viktor Gómez

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“Oscuro es, como la noche, el canto.”
J. A. Valente
Por Viktor Gómez
” Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
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Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
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Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
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ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
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A veces en las tardes una cara nos mira
desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
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Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
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También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable. “
Por Viktor Gómez

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Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
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No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
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También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
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Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
Por Viktor Gómez

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En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
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Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
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Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
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En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
Por Viktor Gómez

BIOGRAFÍA
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Mi ayer son algas de pasión,
luces de espuma.
Y una arena insaciable que devora
los cuerpos submarinos.
Un cielo blando donde beben
las palomas sin rumbo del estío.
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De “Biografía sola” 1971