Por Viktor Gómez
-
-
ESTRATEGIAS
Escribir.
La escritura como abs-tracción.
También llenar una botella
con abertura pequeña.
O limpiar
la arena del gato.
La voluntad
ausente.
-
-
Querido Ratten:
¿Qué decir de una poeta que se considera filósofa que la consideran poeta, que se sabe filósofa y es poeta que asume el lenguaje de los pájaros, la voz del paisaje, el cuello del búfalo como el libro, es un decir, desde su inmanencia, desde la memoria del agua que fluye con patas o con piernas… o casi?
Escuchar, eso es, casi, la única opción:
Víktor Gómez

***
14 MAHANIRVANI GHAT
Búfalos y barcas. Los búfalos rumian, tumbados en la arena pisoteada. Las barcas están quietas. Cierro el cuaderno. Protejo lo mejor de mí. Repliego el interés de pintar con la escritura. Ver un búfalo rumiando es ver la tierra estremecerse hacia adelante.
****
26 MANASAROWARA GHAT
Hilos de cometas pasan rozándome el cuello. Mi cuello de búfalo tenso hacia delante. Hilos guiados por pequeños aprendices del dios Yama, pequeños aprendices de la muerte. Yo soy la decapitada, aquella a la que miran los sadhus desde su barca, la que miran sin verla, la que se bebe el sueño de todos los que juegan a ser lo que son. Hilos de cometas me acarician la piel. Mi piel de búfalo decapitado.
******
“Escribo para que el agua envenenada pueda beberse”.
—-
Chantal nos comenta:
En ningún caso como en China o Japón han estado tan relacionadas pintura y poesía. Para leer un poema chino deberíamos lograr unificar ambas cosas.
“La palabra es ruido, hablamos demasiado… la orina de los hombres, la orina con la que los animales marcan su territorio…”
—-
Volver a las palabras.
creer en ellas. Poco. Sólo
un poco lo bastante
como para salir a flote y coger aire
y así poder aguantar, luego,
en el fondo.Volver a las palabras. Con
voluntad de sentido.
Boqueando. Pez en la orilla
común de los creyentes.
Volver. Decir superficie. Escribirla.
Aprendo mis límites cuando con paciencia mido el peso de mi cuerpo, el ángulo que traza su sombra en las paredes y esas líneas que procuro borrar a fin de no perturbar el orden de lo visible.
——- Aprendo mis límites proporcionalmente al deseo que tengo de convertirme en mirada y descansar en ella.
* * *
* * *
INTERMEDIO
Entre una imagen tuya
y otra imagen de ti
el mundo queda detenido.
En suspenso. Y mi vida
es ese pájaro pegado al cable
de alta tensión,
después de la descarga.
De “Lógica borrosa” 2002
La pregunta por la relación entre poesía y pensamiento ha llegado a ser uno de los tópicos de los encuentros poéticos. Aparentemente, el tema da para mucho, pero una termina preguntándose si no será ésta otra de tantas falsas dicotomías que se inventan, al nombrarlas, para poder hablar de algo, que de eso, al fin y al cabo, se trata.
Obtuve la respuesta de repente, mientras leía el Fiat umbra (Pre-Textos) de Isabel Escudero cuando, al darme cuenta de que levantaba los ojos del libro y me quedaba con la mirada perdida después de la lectura de uno de sus fragmentos, recordé un ejemplo que ponía Miguel Palacios en sus clases de Ética: el que lee filosofía, decía, levanta a menudo la cabeza, como hace un pájaro al beber. Así, lo leído se filtra, como el agua en la garganta del pájaro, y se asienta en el entendimiento. Pues bien, tomé conciencia, en ese instante, de que no estaba leyendo un ensayo sino unos poemas y que, sin embargo, hacía el mismo gesto; la misma necesidad había de dejar que el agua se filtrase y hallase su camino hacia el núcleo. Si, pues, para beber el verso hay que levantar la cabeza, ¿qué diferencia existía entre el poema y el pensamiento?
No obstante, fiel al principio de sospecha, volví a la pregunta: ¿era realmente el mismo gesto? ¿Acaso no había, en la recepción de un buen poema, además del placer del entendimiento, un cierto paladeo? Ciertamente, el verso se “saborea”. Y esto, el sabor, al que los filósofos de la India llamaban rasa, es algo que viene dado por la buena elaboración, por la sabia combinación de los ingredientes. No otra cosa es la poíesis.
Pero si bien la poíesis es el arte de hacer poemas, el poema no es la poesía. El poema es algo más. Nos abre una ventana, a veces pequeña, a veces grande, sobre el mundo. Nos cuenta algo que, sin saber, sabíamos, y que reconocemos. El poema es una evidencia que nos asombra. Derrida lo comparaba con un erizo. Lo encontramos indefenso, hecho una bola en la autopista, y nos dan ganas de cogerlo, de protegerlo porque allí, muy a ras de suelo, murmura, dice algo muy bajito. Algo importante. Pero sin aspavientos. Y repetimos lo que murmura, nos lo aprendemos de memoria (par coeur) y el corazón, entonces, el corazón que no había, se hace.
Este hacerse el corazón no es cosa de artificio. Es tiempo de deponer las ansias, los poetas, y estar atentos. Caracol, mejor que erizo, el poema —y el poeta— es la más humilde de las criaturas. Indefenso pero ligero, lleva consigo su casa, su morada; la construye con su propia saliva a medida que va creciendo. Así ha de ser el poeta para los tiempos que vienen. Humilde, anónimo si pudiera. Porque lo que dice, lo dice para todos y es en boca de todos cuando halla cumplimiento.
Vuelvo al Fiat umbra. A medio camino entre el haiku y la sentencia popular o la métrica breve castellana, estos “farolillos” expanden su luz en mi penumbra. Brevemente, a modo de estampas para la imaginación o para la inteligencia, permitiendo ese sesgo de la mente que tanto abreva. Sirvan de ejemplo para lo dicho. Beber un sorbo y levantar la cabeza. Como el pájaro.
Por Viktor Gómez

Esto de la violencia escolar, como replica a la violencia instaurada en las ciudades, como respuesta a la violencia instaurada en los discursos (de eso Bush sabe bastante, jo, jo, jo)
y en la culturilla masiva y bochornosa de los manga, el cine comercial, los viedojuegos y la publicidad sobre todo me acojona porque en el lugar de referencia primero, el hogar, hay
una proliferación de violencia (psicológica, física y ambiental) que sólo se entiende desde
las sociedades de la abundancia y los inframundos de los barrios invisibles por el escaso interés que desarrollan las instituciones, el gobierno y las multinacionales en aportar soluciones consensuadas a los desarreglos, desajustes y desproporciones sobre los que construimos el diario convivir, las reglas del juego y los metamotivos que impulsan la educación, el civismo, la madurez.
La violencia escolar en EEUU es espectacular, pero cuando veas las barbas de tu vecino cortar…
Y no tranquiliza mucho que en la campaña previa a las elecciones norteamericanas Sarah Palin defienda el uso de armas en su país así como la pena de muerte. Y sea ella el “as” en la manga de los republicanos.
Os dejo un POEMA de Jesús GE, poeta y maestro de escuela secundaria, al que intuyo todas estás derivas y espirales le tienen más que indignado y revuelto.
V. G.

——
No es tan mala idea
permitir que los maestros de Texas vayan armados a clase.
Proliferan –parece- los episodios de violencia en los centros
educativos.
Protegerá a la comunidad escolar
en caso de que se produzca un tiroteo
dentro del colegio.
Han pensado
las autoridades del Distrito Escolar Independiente de Harrold (Texas).
Los padres y los docentes estaban de acuerdo.
No es tan mala idea.
—-
JESUS GE
Por Viktor Gómez
.–
DE URGENCIA
Un pañuelo
blanco en la ventana
de un coche
ocupado por la certeza
de que
una vez atravesada la ciudad,
saltados los semáforos,
desangrada la vida y sus metáforas,
el poeta habrá de morir.
.
del poemario inédito “Propiedades del pájaro solitario”
Por Viktor Gómez
——-
—–
Unos debieran pensar a la muerte de un poeta
quién querrá portar con su testamento sonoro
y quienes procurarán enterrar bajos sus huesos
el corazón de un pueblo que sufre.
Unos pudieran creer que la muerte es el fin pero
el poeta sabe que solamente “muere la mano que
te escribe”.
V.G.
Por Viktor Gómez
—-
ANTONIO PEREIRA, nació en 1923, en Villafranca del Bierzo (León). Sus primeras publicaciones son poemas que ven la luz en las revistas Espadaña y Alba, y por el camino de la poesía continuará en sus primeros libros, reunidos más tarde en el volumen titulado Contar y seguir (1972). No obstante, es la narrativa -el cuento, especialmente- la que le ha valido un reconocimiento más amplio. De su tierra natal aprovecha una rentable tendencia a la oralidad, puesta al servicio de lo universal en un variadísimo repertorio de relatos que van desde lo autóctono hasta el más lejano exotismo.
«Yo sé que no resumo
una fácil belleza.
Pero otro canto ahora
de qué me serviría»

Hizo falta este agosto sin orillas
en la mañana que no mueve el viento,
estar en vacación desde la nube
hasta la paz tendida de los huesos.
El sol parece quieto en su camino.
Ningún latido en el compás del tiempo.
Repliego la mirada hacia mi hondura
y es un niño sin voz lo que contemplo.
Torpe para nadar, le duele el agua.
Torpe para los saltos y los juegos.
-Torpe, torpe…-
le dicen. Y él me mira.
Tiembla una luz delgada entre sus dedos.
Nunca se alzó bastante hasta los nidos.
Torpe, si no era en alcanzar los sueños.
Agua miope y dulce va a sus ojos.
Yo me conozco naufragando en ellos.
Antonio Pereira
Por Viktor Gómez
—
——
——
“No recuerdo un invierno tan frío como éste.”
A. González
“Olvida la nieve, vive /con los tuyos, desciende / a la ternura. Este /es tu país.”
A. Gamoneda
Antonio Gamoneda y
Angel González fueron compañeros primero, después amigos y al final exiliados del tiempo que rebasa toda yuxtaposición y deriva entre lo no visto y el afán en el no-lugar de la poesía gamonediana, tanto como en el concreto lugar del agua angelgonzalina. Estuvieron léjos, cerca, léjos, entre, léjos y en su edad como en su otoño, radicales y admirables. ¿Todo vale?. Sabemos que no. No todo es poesía, aunque haya poema. Pero de estos dos poetas, mi lectura y relectura se alimenta con temblor, con precaución, vértigo y duda, sabiendo que ambos dos inclasificables autores están por encima de las etiquetas, de los amigos y amiguismos que les quisieran atrapar o explicar. Antonio sigue en la reescritura, Ángel fue la precisión visible del oficio de la tachadura y la paciencia. Sus maneras de resolver el conflicto ético y cultural en los años que siguieron a la incivil guerra del 36 nos muestran dos apuestas ante la adversidad, la mediocridad, la dictadura, el tránsito a la democracia, la relación con el poder, el poder de las relaciones y las afinidades (voluntarias e involuntarias) que son una patria de nómada, del corredor de fondo. Estoy más próximo como lector y ciudadano a la poética gamonediana, a ese “desde” que atraviesa tuétanos de letras y signos de sangre y memoria, sólidamente, solidariamente entre los desaparecidos, los herederos de la memoria utópica, los huérfanos del desamparo y la barbarie. Y admiro la capacidad irónica y mordaz de revolvernos que tienen los poemas políticos de Ángel, entre sus varias virtudes como poeta. De su yuxtaposición podría verse un campo amarillo que recibe el rumor de aguas en el deshielo…. en un país que no sabe resolver sus verdades ocultas, sus metirijillas públicas, su tribalidad infatigable, su división y desencuentros.
V. G.
1. Tengo frío junto a los manantiales. He subido hasta cansarmi corazón.
Hay yerba negra en las laderas y azucenas cárdenas entre sombras,pero, ¿qué hago yo delante del abismo?
Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.
Antonio Gamoneda
ROSA DE ESCÁNDALO
(Alburquerque, noviembre)
Cuando el hombre se extinga,
cuando la estirpe humana al fin se acabe,
todo lo que ha creado comenzará a agitarse,
a ser de nuevo,
a comportarse libremente
———————————– —como
los niños que se quedan
solos en casa
cuando sus padres salen por la noche.
Héctor conseguirá humillar a Aquiles,
Luzbel volverá a ser lo que era antes,
fornicará Susana con los viejos,
avanzará un gran monte hacia Mahoma.
Cuando el hombre se acabe
—cualquier día—,
un crepitar de polvo y de papeles
proclamará al silencio
la frágil realidad de sus mentiras.
Angel González