Por Viktor Gómez
Se escribe siempre al filo de la nada.
Edmon Jábes
—-
—-
Esta cita que emerge desde un texto ensayístico de Eduardo Milán
me acompañará estos próximos 15 días en Sierra Mágina, por donde
me perderé con la familia y los libros. De Kafka al mismísimo Valèry,
de Eduardo Milán a Antonio Gamoneda, de la poesía árabe al neobarroso,
de La Marcha de los 150.000.000 a Cerval, de los paisajes aceituneros
a la blancura de cal en las fachadas jienenses todo apunta a un abisal y
deseado errar por la inútilidad y la escucha. No exento, entre asueto
y siesta, de un buen llantar y mejor compañía.
Nos vemos a partir del 14 de julio por acá, de nuevo.
Aprovecho para dejaros otro texto, ahora de Raúl Zurita,
que también confluye por la gracia de Eduardo Milán,
Vuestro Víktor
—
—
El infierno y el paraiso no le pertenecen ya a las palabras porque su vacío está ya en el corazón mismo del lenguaje. Ese vacío lo llenan cuerpos vivos y en el torrente de los poemas, de toda literatura, de cualquier palabra, esos cuerpos buscan la orilla de su nuevo mundo. Plantearlo así es volver a dimensionar la envergadura moral del acto de escribir. No se escribe sólo por un presente o un futuro, se escribe fundamentalmente en función de la correción del pasado al que se le da la posibilidad de la resurrección. Es allí donde todos los derrotados, caídos, arrasados y penitentes del lenguaje humano, en el cual nos está privada la felicidad, vuelven a encontrar sus destinos negados.
Zurita
Por Viktor Gómez

—
–
Una mujer habla sobre la tapia de un hogar de huérfanos,
—
levanta los brazos y sólo la luz analiza su vértigo,
las piernas enloquecen y se frena el aire sobre la boca
de la mujer y los niños abajo juegan,
pelean por un camión de bomberos amarillo
óxido de lucha y de mocos y de humedad en las manos.
Una mujer calumnia y tres soldados sellan con cemento las plantas de sus pies,
abandonan al animal
–
otro huérfano.
…
—
–
Lorena cuyo blog esta construido sobre textos poéticos y reflexiones abiertas a diálogo es una pacifista antisocial y poeta que intervino ayer por invitación de Las Pandoras a leer en el Círculo de Bellas Artes de valencia en lo que llevan Eddie (J.Bermúdez), pedro verdejo y otros compas desarrollando en torno a las emergentes y heterodoxas voces poéticas, tertulias, grupos o solitarios de hoy en nuestra Valencia (y más allá, claro)
Lo que ellá dice de sí misma en el Blog:
Loredhi es una pacifista antisocial que sueña en blanco y negro. En las noches de insomnio Loredhi hunde la cabeza en una almohada que no le convence y estira las piernas, y patea tan fuerte el colchón que hasta la cama tiembla. Y es entonces cuando un humano que vive abajo golpea el techo con el palo de su escoba. Y es entonces cuando Loredhi sonríe y se duerme. Y es entonces cuando Loredhi se siente una medio cabrona que, aunque sea en blanco y negro, sueña.
Por Viktor Gómez
pares del reino
aunque el reino sea este reino de qué
suena que suena, parece que parece
un solo río, bienvenidos
reino real de latinoamérica
AVE MAYÚSCULA
declinados en hormigas –pero limpios
listos para el cuadro siguiente
*
lo vulnerable víctima del tiempo
bulto arrojado a la sombra
fuera de vista, de mirada
sin contorno definido, fluido
la nitidez de un centro de mesa
peras, papaya, plátanos
-dejé las ciruelas por un tiempo-
cubiertos de un mantel a cuadros rojos
escena que domina el palco
una claridad que algo calca, no sé qué
al pie del cual caen dos enamorados
lo eterno, fuerte, ahí se ve
Por Viktor Gómez
Un sueño, una poética: sobre las losas de un tejado enorme, una estrella, una viruta de metal, un hueso.
MERMA
Benito del Pliego

–
—
En el vacío busca espacio el deseo
Antonio Méndez Rubio (Palabra y agujero)
—
La lengua cantó lo que, de no ser verdad, merece serlo
Benito del Pliego (Merma, pag. 19)
—
MERMA:
–
fragmentos: horizonte: fracturas: compasión: semillas
superar la previsibilidad de un mundo viejo
perforar las apariencias -geometría de la sombra villana-
releer lo visible e indagar los huecos
hermanar la sed de asiento al ritmo de las metamorfosis
hurgar en lo mínimo, observar a los insectos,
respirar desde lo invisible, tantear tras la luz,
fluir en el deseo, en las huellas, nomadear,
dejarse tocar por la utopía -noche o pájaro-
que las palabras (im)posibilitan: descentramiento
de las líneas en lo vivo: silencio
insistencia en la mirada, interpelado el sinsentido,
cantar el imposible necesario o la lentitud
que augura, quizá, Merma:
inquieta e incesante insurrección:
“imaginar en la vivencia una creación hallada”
—
—
Desde una lectura del poemario “Merma”
Víktor Gómez, Valencia a 24 de junio de 2009
–
En cursiva palabras del universo léxico de MERMA
y entre comillas un verso que cierra el poema de la página 19,
al que considero piedra angular del libro,
y no obstante. no la única
Por Viktor Gómez

JUAN CARLOS MESTRE, EL POETA, EL HIJO DEL PANADERO
—
ROJA INTEMPERIE
¿Por qué, ante la poesía de Juan Carlos Mestre, la primera respuesta de uno es una respuesta de gratitud? ¿Qué nos mantiene atentos, como pendientes de un recorrido en vilo, que, además de su trabajo como artista visual, se reúne en los poemarios: Siete poemas escritos junto a la lluvia (1982), La visita de Safo (1983), Antífona del otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis 1985; 2003), Las páginas del fuego (1987), La poesía ha caído en desgracia (Premio Jaime Gil de Biedma 1992), La tumba de Keats (Premio Jaén de Poesía 1999), El Universo está en la noche (2006) y La casa roja (2008)? ¿Qué clase de deuda mantenemos en pie con esta poética tan a la intemperie como intempestiva?
¿Qué, en una palabra, le debemos a la escritura de Mestre? No voy a enumerar esas razones, no puedo ni podría hacerlo en el caso de que quisiera. No es el momento para una justificación que sería tan extensa como innecesaria en última instancia. Pero esta mínima ocasión, este breve momento, no deja de ser una oportunidad sin tregua para al menos indicar cómo se articulan algunas de esas causas en una constelación abierta, hemorrágica, de lecturas y sentidos cálidos como sangre, rojos como una herida que está siempre demasiado reciente.
Para empezar, si hablo en primera persona del plural, si recurro al nosotros cuando pregunto “¿Qué le debemos?” es porque es el reto de un nosotros, quizá un nosotros desaparecido de tan vulnerable, o invisible de tan inminente, lo primero que la poesía de Mestre convoca en medio de la noche y del día, a plena luz, a plena sombra. Desde el principio, esta poesía explora y a la vez necesita un espacio compartido “entre todos, al aire”. Es, cuando ya nadie lo esperaba, el espacio de lo común, de lo que hay de común en la desolación y en la pronunciación de la belleza, lo que hay de hermoso y de desolado en la apertura de un nuevo y hasta urgente hueco de vida. Si decía Heidegger que el lenguaje es la casa del ser, entonces el lenguaje lírico de Juan Carlos Mestre es la casa sin techo de lo que no puede ser, la casa por hacer, o al menos sin cerrojos, toda umbral, su inminencia, la necesidad de lo que está una y otra vez no siendo sino (abriéndose en lo) porvenir. El suelo y la tierra, la pérdida y el tiempo, lo propio y lo impropio… entran aquí en un ámbito de abolición, de inmolación en la imposibilidad de una espera que es, al fondo, la confianza en un imposible que sólo el poema conoce y sólo el poema encarna en su cuerpo de palabras al raso. Por eso para Mestre, en alguna madrugada, o justo ahora, “desnudarse es la única solución política”. Desnudarse es la precondición para que lo común exista como lugar de encuentro real, o al menos se reconstruya como desafío de un vivir compartido en precario, tras la huella probable de la desposesión y la pobreza.
Escarcha de pobreza y musgo en los tejados… El lenguaje poético de Mestre, como casa de lo que no puede ser, sólo respira en aquello que no se nos abre salvo volviendo a ser la imposibilidad de haber sido, la deuda con lo que va a llegar, a tientas, a (un) ser más necesario. Estamos menos cerca de otro ser que, en la fórmula de Lévinas, de otro modo que ser. O en verso próximo de Antonio Gamoneda: “La imposibilidad es nuestra iglesia”. De ahí tal vez en Mestre la invocación a los antepasados, a los “proscritos de sangre”, a los vencidos, no como una celebración nostálgica o idealizada, no como una estetización de la política, sino (como W. Benjamin diría) como una politización de lo poético que dé un nuevo sentido a la fragilidad de la vida en común: “Mis antepasados inventaron la Vía Láctea, / dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad, / al hambre le llamaron muralla del hambre, / a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza. / (…) Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre / se llamara dueño de la casa del hambre / y vagaron por los caminos / como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas”.
Está claro que dar con un suelo así en la escritura de Mestre, en la casa imposible, no es lo firme ni lo claro que una inspección en regla desearía. Pienso por ejemplo en rótulos críticos al uso como hablar de “ruralismo” cuando lo que aquí está en juego no es tanto o no sólo el abandono y desaparición de la experiencia rural como la permanencia sin clausura de lo que Keats llamaba “la poesía de la tierra”. O pienso en la etiqueta de “nueva épica” cuando lo que se dirime, en este entramado tenso, no es el relato de nuevos héroes o antihéroes sino nada más, y nada menos, que la forma en que se produce la caída de las estrellas ante el asombro en las miradas de la “multitud azul de la tristeza”. Lo que sí se da aquí es una opción referencial, que se multiplica y prolifera como los males y los dones en la caja de Pandora, pero que tiene una raíz (una vez más) demasiado común para no ser cierta: los torturados, los extranjeros, los vagabundos, los solitarios, “los ojos de todos los que sufren”, “las poblaciones engarzadas por el balido azul de la pobreza”, los sucumbidos… Caen las estrellas, de acuerdo, pero Mestre es aquí quien acompaña y da testimonio de esa caída, quien cae con ellas, como El Levitador con que lo representó en un poema Rafael Pérez Estrada: “Oh, tú, que has dormido frente a la luna y las estrellas hasta palidecer tu palidez…”.
El habla de Mestre despega de lo cotidiano, lo despliega en recurrencias, ritornelos y versículos libres –libres no tanto (aunque también) de cánones métricos, de lo que Ildefonso Rodríguez llamara la “superstición silábica”, sino libres de toda carga impuesta por una supuesta realidad exterior, o incontestable, o fija: dice Mestre: “de acuerdo con lo irreal, soy la sombra única de la realidad”. En este sentido, en fin, entronca esta poesía con el romanticismo menos conformista o con las vanguardias menos ingenuas, que van de Ernst a Holan pasando por Rimbaud, Maiakovski o Michaux. Se podría incluso hablar de herencia surrealista en este punto pero no ya como repetición de recursos, resortes o tics cristalizados por una tradición de la que se ha abusado y se sigue abusando, sino más bien como una indagación intensa en las trampas de la razón, un atravesar los pantanos inseguros del inconsciente –un poco a la manera de Emily Dickinson cuando comparaba la conciencia con una niñera que cualquier chiquillo querría poder evitar en un momento dado. Y en cierto sentido, desde luego, esta indagación en las zonas oscuras de la conciencia y la palabra hace que estos versos no arrojen tanto un aura de luz mítica o sobrehumana como una suerte de destello de oscuridad, de sombra viva, que convierte la lectura, por no decir la escucha, en un trance literalmente alucinante. En los términos de Mar Traful, podría hablarse aquí de una especie de política nocturna, por cuanto “en nuestro mundo hace tiempo que el consenso no es algo a lo que se llega, sino que viene dado de entrada. Y si viene dado de entrada es muy difícil de romper. ¿Dónde encontrar hoy palabras que hieran, que puedan ser lanzadas como flechas al cielo de la obviedad? (Mar Traful, Por una politica nocturna, p.5). Pero esta vez lo obvio es la contestación: esas palabras se pueden encontrar y de hecho se encuentran con nosotros, en todo su potencial indócil, en los poemas de Juan Carlos Mestre.
“Los regalos darán sus frutos”. ¿Y quién negará que los dará y los da sin descanso, sin plazos, esta poética imprevista e irrepetible? “Ahora resistir es ser mortales”… ¿Y cómo hacer de la mortalidad una forma de resistencia? No es fácil la respuesta. Quizá no la haya, o no estemos dispuestos a encontrarla. Pero eso no le quita valor a la pregunta, no le resta exigencia al filo de lo dicho y lo no dicho. Nos queda al menos, y no es poco si es así, la extrañeza de un espacio libre, del resonar de una voz desenterrada, disponible más allá o más acá de la comunicación o el reconocimiento: “Antes de que me tomaran por un extraño, ya que yo no era el dueño de esa invención, / me alejé del optimismo de ser entendido por más de dos / y comencé a oír mis propias palabras como martillazos retumbando en un espacio vacío”.
¿Quién las oirá sonar entonces? ¿Podrá de alguna forma ser? En cierto modo, al final, lo que no puede ser es que haya protección. Esta poesía lo sabe: que nada nos defiende de nadie, que nada se puede hacer ante una poesía así salvo oírla, sentirla y seguirla por el hilo de un secreto decible. Es de hecho un aviso para todos nosotros: para que luego nadie pueda decir que no lo esperaba o que no lo sabía.
Antonio Méndez Rubio
Por Viktor Gómez
—
—
El poema seleccionado pertenece a Relación (Santiago, Ediciones Santiago Inédito, 2008), libro de reciente aparición en Chile después de que la Editorial Bartleby, de Madrid, comprometida su edición hace dos años atrás, a última hora se negara a editarlo esgrimiendo razones presupuestarias.
—
EL PERRO CIEGO (*)
i.
El perro ciego de mi vecina es como uno de los ángeles de Rafael Pérez-Estrada.
ii.
Camina con la cabeza erguida olfateando el cielo y las ardillas, que danzan en las ramas de los robles.
iii.
El perro ciego de mi vecina parece levitar cuando se mueve en círculos sobre la hierba y las bellotas.
iv.
Entre el infinito y el bosque, que comienza al fin de la calle sin salida.
(*) A Juan Carlos Mestre.
Extractado del blog: heterogeneapoesia

—
andrés fisher (Chile, 1963). Partícipe desde 1990 de la vida madrileña. La elaborada sistematización de su obra parece reinventar las propuestas de autores de distintos ascendentes lingüísticos y geográficos. Este último tema, el de la geografía es central en su obra poética, no sólo porque de algún modo integra una reflexión comparativa de países y paisajes, sino también porque sus poemas quieren delimitar un espacio privativo de la palabra. La suya es poesía decantada hacia una visión inteligente que cuestiona las fronteras demarcadas por las estéticas ldquo;realistas”.
El suyo es un trabajo consciente de la naturaleza poética de sus logros y sus medios. El aparente distanciamiento emocional del autor respecto a los poemas, oculta una notable capacidad de inmersión en el objeto coherente con la relectura del mundo que su obra propicia. Su bibliografía la conforman: Ocularmente ávido (Valparaíso: Vertiente, 1992),
Estados y extremos (Madrid: Archione, 1994), Composiciones, escenas y estructuras (Madrid: Delta nueve, 1997), Hielo (Valencia, España: Germanía, 2001). *Semblanza de Benito del Pliego*
—
Extractado de: http://www.monoadivino.com/mono
–
—

ANDRES FHISER (Chile, 1963) reside en Madrid
–
—
Sobre un país tan largo
—
i.
–
La no identidad. La carencia de rasgos comunes como no sea en el sentido de la no-posesión; de la negación práctica y dialéctica de atributo o pertenencia.
—
ii.
—
Dios-el-perro cabalgado sobre un sol negro en el clímax de la travesía por los estados; en la soledad más profunda de las playas visionarias de un territorio que a fuerza de negarlas las ha hecho ascender transubstanciadas en el poema.
—
iii.
—
El aislamiento telúrico; su troquel delimitando las cogniciones que construyen el conjunto: la autorreferencia de lo que no-es en el centro del espejo de un país que a fuerza de negarse niega incluso su largura y su pertenencia; su extensión, su desarraigo, su desvarío.
—
(De Composiciones, escenas y estructuras)
—ç
—
El poema del estanque *
–
i.
Ya ves, Lew, no hay que ir demasiado lejos para encontrarse de pie ante el misterio o la maravilla.
–
ii.
La presencia inusual de una escalera de hierro clavada a una roca sobre el estanque hace patente la inutilidad de tanto gesto.
–
iii.
En el mismo estanque se baña la luna y siguiendo la precisión de los ciclos a los que todo está atado, pronto lo hará el sol.
–
iv.
En el mismo asfalto que a lo lejos circunda la escena, hace dos años me vi desde fuera: me vi caminar como si fuera otro.
Andres Fhiser,
textos publicados en dic-2007
Por Viktor Gómez

"Tradición literaria" de Benito del Pliego, 2003 Obra ganadora Poesía experimental (Diputación de Badajoz)
–
–
La araña:
—
— «La red es memoria que todo lo envuelve, y todo lo trae
hacia sí y en sí lo conserva y lo atrapa. Lo que roza su
borde toca el centro mismo.
Repites tu malla y cuando intentas variar tu patrón,
reincides, porque ninguno es mejor que el que te ata.
Sólo el equilibrista puede escapar; el equilibrista cree
jugarse la vida cuando pone en peligro las vidas ajenas.»
—
—
—
—-
El cordero:
«Ser león no es cosa fácil; pero es mucho más difícil ser
cordero»
B. P. G.
— «No hay para el feroz mejor disfraz que la piel del
manso.
El que reina en el terror es, más que nadie, esclavo de sus
súbditos. Sólo quien de amor mata se apodera por
completo de tu vida.
La sangre del guerrero la borra la saliva del poeta; la del
sumiso nadie la enjuga: se extiende en la conciencia y
desde la conciencia asfixia.
Ser león no es cosa fácil, pero es mucho más difícil ser
león siendo cordero.»
—
—-
—-
—–
La paloma:
—
— «Lo que baja del cielo y come de tu mano, mide en ese
gesto su poder y tu ternura.
Un arrullo celebra lo que ya no eres, y ese canto te
recuerda por qué no lo cantas.
El ojo conmovido que te ve es ventana para el ojo que te
acecha. Esta palma donde comes confiado, ¿es su cepo o el
tuyo?»
—
—

Poema visual de BENITO DEL PLIEGO
–
–
Benito del Pliego (Madrid, 1970) es poeta y ávido, intenso lector, uno de los más interesantes escritores desarrollando la poesía experimental así como creando desde una poética a la intemperie. Es profesor asistente en el Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras en la Universidad Estatal de Appalachian, de Carolina del Norte.
Estos tres poemas pertenecen al p0emario Zodiaco (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2007) es un anticipo de Fábula, libro de próxima publicación.
Próximo miércoles 24 de junio, en la LIBRERIA PRIMADO, por la tarde, a las 19:30 h., presentará su poemario editado en Baile del Sol, MERMA.
Y a las 23 h. en Café Cultural El Dorado Espacio MAE, lecturas e improvisaciónes sobre poesía actual con Benito del Pliego, Quique Falcón, Antonio Mendez Rubio, Eddie (J. Bermúdez), Alicia Martínez, Román Porras, Pedro Verdejo, Lu Boscá y otros poetas.
Por Viktor Gómez


--
UN POEMA
–
¿UN poema es un beso y por eso es tan hondo?
Un poema —¿me quieres?— se aposenta —no hables—
en mis labios que abdican del canto si me besas.
¿Un poema se escribe, se malversa, se abraza?
Oh, dulce laberinto de luz, oh tenebrosa,
oh altísima y secreta confusión, amor mío.
uN-
—
–
Como el tiempo está estorbando en el espacio de la mentira, todo es en ellos lo que no es. Y si retrocediéramos, desandando nuestras verdades transitorias, alcanzaríamos el íntimo y definitivo fracaso.
V. N.
—
—
OCASO EN POLEY
—
SI la tarde no altera la divina hermosura
de tus oscuros ojos fijos en el declive
de la luz que sucumbe. Si no empaña mi alma
la secreta delicia de tus rocas hundidas.
Si nadie nos advierte. Si en nosotros se apaga
toda estéril memoria que amengüe o que diluya
este amor que nos salva más allá de los astros,
no hablemos ya, bien mío. Y arrástrame hacia el hondo
corazón de tus brazos latiendo bajo el cielo.
—
—
—
CONSEJO
—-
ADVIRTIÉNDOME Pablo —su voz tras la afable
tiniebla telefónica— que no fuera insensato
y de mí te arrojara definitivamente,
acaté yo sumiso esa intención benévola
como si desde el fondo fatal de las edades
decretado estuviese. Mas sentí, en el vacío
victorioso y culpable que entonces sobrevino,
que un cuchillo me hendía del pavor de la muerte.
Y fuí total, y supe, oh gratísimo Pablo,
lo que en verdad era amarte y no haberte perdido.
—-
—
—
RESURRECION
—
ROTAS las sepulcrales ligaduras; andrajos
por siempre ya las áureas, las inmundas mortajas;
revestido de plena desnudez; resurrecto,
conquistaré ese cuerpo que ni te di ni te tuve.
—-
—-
—-
FE DE ERRATAS
—
DE erratas consentidas
e intencionados yerros,
te regalé un poema.
Y al írmelo abrazando
como sólo tú sabes;
al fruncirlo de espléndidas
falacias, en la forma
de tus sabias mentiras,
comprendí que fingíamos
amándonos y errándonos.
—-
—-
—-
NOCTURNO
—
¿No fue mía la noche? No era mía. Sus lágrimas
¿no fueron en mi vida murallas como llantos?
¿Que hacía la hermosura, la burda; allí que hacía?
¿No eran mías las lóbregas noches suyas? Ah, nunca
fueron mías. ¿Y aquellos ojos rojos que ardieron
como extáticas lámparas de amor, en la apacible
e infinita tersura de una noche de estío?
Pavesas para tiempo de miseria y memoria.
—
—
—-
UNA CARTA
—
UNA carta, un poema, una música, un llanto…
¿Cómo te apreso, cómo te amo o me consumo?
¿Nuevas muertes u otras vidas? Restituidme
a los gélidos féretros del verbo y la carne.
—
—-
—-
MISERERE
—
QUE se mueran estos
—miserere—
versos.
¡Qué se mueran estos
—miserere—
muertos!
---
—
—-
—–
—–

POEMA DE VICENTE NUÑEZ EN LA PUERTA DE SU CASA EN CORDOBA
—
VICENTE NUÑEZ Nació en 1926 en Aguilar de la Frontera, ciudad en la que muere el 23 de junio de 2002. Poeta.
Se instaló en Córdoba tras estudiar Derecho en la Universidad de Granada. A partir de 1951 comenzó a difundir sus poemas en diversas publicaciones, vinculándose al grupo de poetas de Cántico. Marchó a Málaga, donde formó parte de la redacción de la revista literaria Caracola.
En 1960 regresó definitivamente a Aguilar de la Frontera, su pueblo natal. Después de más de veinte años de silencio, obtuvo en 1982 el Premio de la Crítica por su poemario Ocaso en Poley. Además de poeta, su obra literaria está compuesta por aforismos y diversos textos en prosa.
Aguilar le nombró Hijo Predilecto en 1984; en 1990 le fue conferida la Medalla de Plata de las Letras Andaluzas, y en 2002 se le concedió, a título póstumo, el Premio Andalucía-Luis de Góngora y Argote de las Letras.
Socio fundador del Ateneo de Córdoba fue nombrado Ateneista de Honor en 1990. En mayo de 2002 le fue otorgada la Medalla de Oro del Ateneo.
Da nombre a un instituto de enseñanza secundaria; a un premio de poesía convocado, desde 1991, por la Diputación de Córdoba; y a una fundación que, constituida en Aguilar, busca la difusión del flamenco y la literatura y, en concreto, de la obra del autor.
Por Viktor Gómez

ARTURO BORRA en el ATENEO MADRID en un RECITAL nov. 2008
–
–
Carta de Laura Giordani
—-
Queridos amigos:
Me gustaría compartir esta entrevista realizada por Enrique Falcón a Arturo Borra para el programa A Golpe de Luna emitido por Radio Luz y Radio Klara el pasado Viernes 12.
Les adjunto el enlace del archivo que he subido a Goear y también podrán encontrar en mi blog el archivo de audio para escuchar allí mismo junto a una breve reseña.
–
—
Arturo Borra intenta abrir una parte de las cortinas que ocultan la realidad dolorosa o incómoda desde una poesía inquieta, en constante salto y revisión de la forma y su posibilidad, en un acompañamiento al pensamiento y acción de los movimientos sociales en pro de una vida digna y sostenible. Poesía no mesiánica ni lideradora sino de vínculo a los sentidos críticos de lo real y sus comunicadores o verdaderos moradores. Poesía como diría Antonio Gamoneda entre la belleza y la justicia. Poesía para delirar, para abrir los ojos, para crear ese no-lugar y esa brecha hacia la esperanza de las utopías realizables.
En Baile del Sol, aparecerá en unos meses, su poemario Umbrales del naufragio. Libro que subvierte la mirada y nos zarandea y hasta sorprende incluso (o más) a los que venimos siguiendo su producción ensayística y poética.
Víktor Gómez
- a los que venimos sigui–
–

EN LA HOSPITALIDAD Y CORAZON, LARIDAD DE ARTUBO BORRA Y LAURA GIORDANI