Por Viktor Gómez
más que marcha lo quemado basta para limpiar el paso al movimiento
entre el humo de las quemas la conciencia del dejar
todo se mueve con la sombra de las piernas al costado
atrás la arboleda de álamos que apenas se agita
brilla la hebilla bajo la canícula
cae al suelo un cigarrillo que adelante será aro de oro
pasa el humo a través hasta perderse en otro hilo
agua que guardar para la tarde
una gota de agua será un montón de sed cuando anochezca
la sed muestra justa la sustracción del sol
el sol ajusta el cuerpo al cuerpo
reduce su excedente que tiende al otro cuerpo
lejana, casi ajena, por intermediarios
vivir en la suspensión, algo flota
el corcho activa la memoria ya no sobre el agua, sobre el aire
cambio de exilio a migración: cambio de calidad
paso de halcón por un cambio de corriente de aire a tordo
percibido en el revoloteo
en el medio trashumancia, el cardenal posible
no es fácil aprender en movimiento el tiempo de la canción
(para Enrique Falcón)
De Eduardo Milán
Mayo, 2009 para acompañar la presentación de La Marcha de los 150.000.000 en Valencia el próximo 11 de junio,
en la Librería Primado.
Por Viktor Gómez
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BAILE DEL SOL.ORG/
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POETAS DE BAILE DEL SOL EN VALENCIA
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VICENT CAMPS con el magnífico cantautor LUCHO ROA
Amigas y compañeros, el mejor rapsoda de Valencia es el poeta Vicent Camps. Su poesía es un degarro de ternura y coraje. Atraviesa la piel, nos corta la respiración, hace de la lectura un abrazo al mundo, la vecindad, los obreros y las mujeres fatigadas. Poesía del menudeo, que tanto me gusta a mi decir de esa poesía que es detalle en lo suficiente, atención a lo nimio, a lo frágil y pequeño (que es lo grande, en palabras de Vicent). Donde la utopía se acoge en su posibilidad irrenunciable.

NACHO MESSEGUER con Berna, Jesús, Román y Víktor
También con su registro inconfundible ( y manejo del lenguaje audiovisual y tecnologías de comunicación), con una sentimentalidad osada y un lenguaje envolvente e imprevisible, relampaguea la poesía de Nacho Messeguer, peculiar en su aproximación al daño, a la desolación, al fracaso, con tanta sensibilidad y úlceras como intransigente resistencia al frío, la mezquindad o el sosiego del que abandona su derecho a soñar y desear lo mejor para el corazón y la conciencia.
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LUCIA BOSCA GOMEZ
Y dos pandoras, injusto e insuficiente término, Lucía Bosca y Safrika. Aquí la honradez me empuja a ser prudente. Lucía Boscá tiene un alacrán de luz dentro de su mano oscura. Trae el mensaje irresuelto de una palabra indestructible. Ama las palabras. Ama el perfecto hechizo, la magia, el inextricable y preciso dardo del verso que puede ganar o perder una guerra, vencer o rendir una nación, salvar o condenar al ángel de las preguntas y la compasión. Su voz apunta a lo más alto de nuestro devenir poético.
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SAFRIKA
Safrika ha convertido el coloquio en arma poética. Discurre y se dispersa entre lo cotidiano y lo existencial, despoblando l previsible y ordinario, propiciando la paradoja y la ironía; mejor, dándole categoria de creación litararia, de superada autobiografía desde la que relata la femeneidad de un siglo muy joven a una escritura que renuncia a lo ampuloso para ser más fiel a su verdad.
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Todos presentarán sus poemarios editados en Baile del Sol.
El amigo librero, Miguel Morata manda esta convocatoria.
Víktor Gómez

MIGUEL MORATA (Libreria Primado)
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Esta semana única presentación, pero vale por tres, pues se presentarán tres libros de poesía, uno de ellos colectivo, cuatro autores recitarán sus poemas en una velada antológica, todo eso el:
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MARTES, 26 de mayo 19:30 h
Presentación lectura poética de novedades:
-PENA CAPITAL, con Vicent Camps
-MAL TIEMPO EN PRIMAVERA, con Nacho Meseguer
-23 PANDORAS, con Safrika y Lucía Boscá.
Eso es todo, más informacion en www.libreriaprimado.blogspot.com saludos
gracias
Miguel Morata
Librería Primado
avda Primado Reig, 102
tno 963616064
46010 Valencia
Por Viktor Gómez
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Imagino cómo David González podría recitar este poema, con cuánta fuerza y verdad. Y tiemblo.
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Arte poética
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Que golpee y golpee
hasta que nadie
pueda ya hacerse el sordo
que golpee y golpee
hasta que el poeta
sepa
o por lo menos crea
que es a él
a quien lo llaman.
Mario Benedetti
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ROCIO SILVA SANTISTEBAN
Léase a la poeta y perodista
Rocío Silva Santisteban en Kolumna Okupa:
En 1999 cuando Benedetti ganó el Premio Reina Sofía de Poesía escribí un artículo en la revista Somos de una soberbia solo comparable a la que hoy esgrimen sus propias plumas. Mi modesto párrafo llevaba el provocador título de “Odio a Benedetti” y, entre otras cosas, le reclamaba por ser el poeta más vendido de América Latina. Sentía que en esa categoría comercial el poeta se había “traicionado”, por eso insistía en que admiraba su posición política pero que detestaba su posición literaria. El articulito de marras me valió la defenestración de la Librería El Virrey por algunos años y la cuadrada de Chachi Sansebiero, uruguaya y amiga personal del escritor.
La ignorancia es soberbia, pero no creo que ese texto haya sido el producto típico de una ignorante, pues si a algún poeta había leído en mi vida, eran a Vallejo, Moro, Cardenal y Benedetti, en ese orden. Yo leí a Benedetti desde niña, desde mis asmáticos años de adolescente enamorada, y me había aprendido sus poemas de memoria (“Porque te tengo y no/ porque te pienso/ porque la noche está de ojos abiertos/ porque la noche pasa y digo amor…”) pero a finales de la década del 90 percibía que tanta antología y tanto libro de poesía, casi dos por año, habían devaluado una pluma a la que le exigía todo. Exactamente todo.
Ese rencor “benedettiano” (porque como diría el vals “el rencor hiere menos que el olvido”) en realidad no fue otra cosa que el envés de ese amor juvenil que, por los caprichos del tiempo y del periodismo ligero, se convirtió en un derrape. ¿Qué se puede decir y sentir cuando, a la distancia, una añora esa mirada prístina que nos permite encontrar en esos versos cotidianos, como los Poemas de Oficina, la posibilidad de poetizar la urbe y el día a día? ¿Acaso no me enamoré también de Martín Santomé, el viejo burócrata, que se había permitido un momento de locura al dejarse perder por las faldas plegadas de Laura Avellaneda?, ¿y no sufrí también con la angustia del protagonista esperando en los pasillos del hospital la muerte de su mujer en “Sábado de Gloria”? , ¿y no me despedí también con él de todos los hijos que ella se llevó, de todos los feriados, de toda la apática ternura hacia Dios?
No descarto del todo sentir una admiración mezclada con rabia. Pero ahora que Benedetti ha muerto, que para los críticos su obra se ha vuelto “cerrada”, hay una cuentas que le debo de pagar a este viejo rabioso, con cara de bueno, que me hizo entender a una tempranísima edad que la vida también es “estar jodida y radiante y también viceversa”.