Por Viktor Gómez
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XVIII
(desaparición)
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Qué enorme, prurulento,intorvertido,
concéntrico, antropófago bostezo.
Abiertas las ventanas hacia adentro
enloquecidas nos aspiran
a un interior de grasa y sebo ciegos
en el tubo mortal de la risa sorbida.
J. A. Valente
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Por Viktor Gómez
Sobre un perfil quebrado o la flor del acónito
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Comenzar: las palabras deslícense. No hay nada que decir (…)
Terminar el poema.
ANÍBAL NÚÑEZ, Cuarzo.
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¿Presentí realmente, entonces, lo que podía llegar a ser la transparencia del poema en Cuarzo o la precisión de la palabra extrema de los doce emblemas que acompañan ahora a esta Primavera solúble?
Era él extremadamente joven, 23 años apenas, cuando recibí su primer libro. 29 poemas, publicados en Salamanca con Ángel Sanchéz.
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(…)
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Se repite tu nombre en tu memoria. Ahora, en este tiempo en el que casi nadie deja de sí memoria duradera. Aníbal Núñez. Frágil y duro, como el cuarzo, entre tantos supervivientes fraudulentos.
Más vale, créeme, muchas veces, morir. No hay nadie. Espeluznante baraja sin imágenes. Morir por lenta disolución sin fin en la melancolía.
Inútil arrepentirse. Si se ha avanzado un pensamiento, ya no cabe retroceder. Se retrocede, a veces, por conveniencia o miedo.
(…)
Hace tiempo, en un texto que sólo ahora, ya después de tu muerte, llega hasta mis manos, me propusiste un brindis. No dudo en aceptarlo. Y así, a la caída de la tarde puedes venir a casa, la puerta está entreabierta, brindar conmigo en el arcaico cuenco de aquel poema mío que con cordial cinismo parodiaste o en un simple vaso de cristal.
No importa. El recipiente, una vez apurado el whiskey que propones, desaparecerá en el aire, en el que siempre hace primavera soluble, arrastrado a lo alto por su propio vacío. Por eso, para que tal suceso al fin nos acontezca y ponga término a la tan dolorosa demanda del graal como ha sido tu vida, se hace necesario -sabido es- el cáliz apurar hasta las heces. Bebamos, pues. Brindemos estrictamente por tu nombre. En el fondo terrible de la copa o en su vaso hay el rostro de un dios, la nada. ¿Cómo podríamos, con qué necio discurso balbucido, retroceder ahora?.
Bien puedes ver que este texto, a propósito de tu memoria escrito, está hecho de diferentes capas dolorosas, de varias sumergidas elegías o de naufragios de distintos llantos. ¿O son todos -me digo- uno solo y el mismo?. Tal vez. Y tal vez sólo por eso pueda ahora tender hacia ti un puente, ofrecerte una mano y el vaso en ella, del brindis que uno con otro nos debíamos.
José Angel Valente
Textos críticos dispersos o inéditos
Obras Completas II
Galaxia Gutenberg
Edición de Andrés Sanchéz Robayna
Por Viktor Gómez
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Opaca en ocasiones, en ocasiones luminosa e inspiradora, a veces aplastantemente agónica, la vida no podría nunca dejar de sugerir en los seres de palabras una escritura igualmente brillante o igualmente oscura, igualmente estimulante o mortecina; pero, por sobre todo, una escritura siempre viva y tensa. Cada ser de palabras deberá hallar en sí mismo la voz que le pertenece, la que es la suya; la que, por sobre todo, lo testimonia a él: genuina voz que surge de su alma y que humaniza sus comprensiones.
Rafael Fauqué, de su libro “Juego de Palabras”.
(Extractado de BABAB.COM)
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Para Paul Celan, poeta en tiempos de muerte, la fuga de la poesía es una resistencia a lo macabro, a lo racioirracional y despiadado del fascismo de la época. Así el poema, de difícil lectura incluso en su idioma original, el alemán (hay una primera versión en rumano que aún no iba firmada como Paul Celan y que se titulaba “tango de la muerte”), pero de gran fuerza y belleza en su enlace de imagenes, paralelismos sonoros y aliteraciones y con la intensificación de sus juegos alógicos y su imaginación creativa y salvadora del ser, del ser de palabras, del hombre tras el lenguaje que sobrevivió al nazismo, a la destrucción. En palabras del propio Celan:
“Algo sobrevivió en medio de las ruinas. Algo accesible y cercano: el lenguaje. Sin embargo, el lenguaje mismo tuvo que abrirse paso a través de su propio desconcierto, salvar los espacios donde quedó mudo de horror, cruzar por las mil tinieblas que mortifican el discurso. En este idioma, el alemán, procuré escribir poesía. Sólo para hablar, orientarme, inquirir, imaginar la realidad. De este modo la poesía está siempre en camino hacia la lengua adánica”.
Éste poema se podría hoy releer a la luz de los episopios en Africa o Centroamérica. Porque la historia es terca y nuestra memoria frágil, selectiva, torpe. Y salir de la anestesia general es a veces gracias a textos tan fundamentales como el que sigue, cargado de actualidad, sobre las cicatrices que no se cierran, en el estupor del presente.
Víktor Gómez
Fuga de la muerte (Todesfuge*)
Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra ordena tocad para la danza
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la danza
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire juega
con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita.”
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(*Todesfuge) en el alemán original en que lo escribió Paul Celan
Versión de José Angel Valente