Ene

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Poéticas en fuga II, otra poesía en posible: 5 y 12 de febrero en Valencia

Por Viktor Gómez

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Porque la vida, pese a todo, importa y con ella resistimos,

así puedas tú abrirme y escucharme:

que aquí se te invita a levantarte

Quique Falcón

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Huir parece alimentarse de tiempo,
respira distancia y mira, desde muy lejos,
un horizonte de escombros.
Huir tiene frío y en la piel de su vientre
resuenan palabras graves valor asombro lluvia.
Huir quisiera ser un pez abisal que ha llegado a la superficie:

Guadalupe Grande

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El desafío de la poesía, aquello que la sigue volviendo desconcertante (por no decir intratable), puede así radicar en su forma de cuestionar toda noción de lugar, de territorio, de origen, en el sentido de que, por decirlo así, su raíz no está ni dentro ni fuera de la conciencia sino que más bien, como una raíz aérea, traspasa y atraviesa esa conciencia (de la realidad) dejando en suspenso la poderosa escisión metafísica entre interior y exterior.

Antonio Méndez Rubio

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Un bardo brilla

bajo la superficie

lo mirado

no fluye

Ildefonso Rodríguez

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Qué esplendida tu sombra cuando avanzas

desprovisto de aliento y de espesura

(…/…)

Tu sombra en mí devora las mil formas que el bosque

toma cuando descansas.

Chantal Maillard

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Hay universos de tentativas robadas a todos los abismos.

Detrás de la montaña la tierra de otros hombres,

una hospitalidad que abriga de las clausuras,

mañana de oasis que se avizora,

niños descansando en el regazo del viento,

una madre naciendo sus pupilas.

Arturo Borra

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La sangre delinea en el pubis

la ruta aplazada

de corrientes insalvable

Cecilia Quílez

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Con el tiempo parece ir asentándose la rancia teoría de que
la permanencia es la forma,
condición inexcusable de ese silencio de cuerda tendida que
a veces se da.

Eloísa Otero

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Dijiste: soy canon: dijiste: en la ciudad un chico se rió como si ello no importara. Cada ebrio es un indicio de cólera cuando dices soy canon, y yo enciendo un neón, una amapola seca. Yo comienzo a romper una placenta de madre. Qué es la rajadura sino un parto. Yo te digo: vengo −todo tú coordenadas, todo referencias− cada muerto te dice: cada tajo te ama.

Pedro Montealegre

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Transcurres en todo lo que queda innombrado.

Sucedes en la arena que a la mano del tiempo se escapa.

Julieta Valero

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Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida,
violenta juventud contra el poder de un príncipe,
llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados.
Llama flor del frío a la tumba de los náufragos,
astrolabio muerto a la nieve de los locos.

Juan Carlos Mestre

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Puño abierto del árbol,

fruto de la altura más alta

donde la levedad colgó sus partituras

y ahora las manos ensayan torpes

la autopsia de un vuelo.

Laura Giordani

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Lo difícil. Lo oscuro

lo que queda enterrado

tras el muro que forman

las sintaxis.

A la espera del signo.

Luis Luna

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escribir el miedo es escribir

despacio, con letra

pequeña y líneas separadas,

describir lo próximo, los humores,

la próxima inocencia

de lo vivo, las familiares

dependencias carnosas, la piel

sonrosada, sanguínea, las venas,

venillas, capilares.

Olvido García Valdés

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Aparta de mi vista

el dorado objeto

de la meta

Óscar Solsona

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De cuando en cuando

me levanto sin más pretensiones

que amar.

Amar hasta el punto de abrirnos

con daños de gran calibre.

Rafael Saravia

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El lenguaje entra por mi ano y sale por mi boca. El horror no está en los extremos sino en las pérdidas que se producen en el recorrido. Allí donde la víscera no puede gemir.

Lourdes de abajo

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núcleos de resistencia

pase lo que pase

almanaque, labor de brasas

necesidad, azar

organismos, no mejunjes

de estos pájaros, el músculo de

destierro de mi lengua,

que al abrir los ojos también se oye

la lengua en el aire, en la tablilla

Marcos Canteli


Nov

25

Novedad de poesía: Cuadernos Caudales II: Soda Caustica y Un zumo de tres sabores o un itinerario compartido

Por Viktor Gómez

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photo by ACHIM LIPPOTH

photo by ACHIM LIPPOTH


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BAJO LOS DOQUINES, OS DOQUINES

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Sé utópica, amiga.

Y pide lo posible.

Aunque parezca

que está permitido.

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David Franco Monthiel

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Ver poemas de Ivan Mariscal y Manuel Ortega

incluidos en en Cuaderno Caudal II, acá

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Ars poética:

La poesía es lo más puro que poseo. Al contrario de lo que suele pensar la gente, no se escribe por inspiración en catarsis de malditez o arrobamientos místicos; la poesía se escribe, como decía Vallejo, con intensidad y altura.

Para el pragmatismo de nuestros días la poesía no tiene ninguna utilidad. Me parece bien que así sea. Pues, efectivamente, la poesía en ese sentido no sirve para nada. Pero en todos los otros ámbitos, es decir, en los ámbitos del humanismo, de la ética y la estética como percepción humana, la poesía cobra un sentido primordial: es la mención primera y última del lenguaje como correspondencia con lo innombrable.

Precisamente en su condición de gratuidad está su grandeza.

Trabajar con el lenguaje, y querer hacerlo desde más allá del lenguaje, no es poca cosa.

El objetivo de la poesía es lanzar dagas a los lectores y atravesarlos con flechas de fuego. Por eso cada vez me acerco más a los lenguajes expresionistas y disiento de los estetizantes: la poesía debe perturbar.

(Rocio Silva Santisteban)

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IRA
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guarda luto una estrella
en cielo ennegrecido
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desvestida memoria
olvido que trepida
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es fiebre entre los muertos
es hiel entre los vivos

German Camacho

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Poética:

Mi escritura es una fuga permanente, un movimiento que busca desde los márgenes para mirar el centro. Un centro creado por la familia, el estado, el animal social que son el hombre y la mujer. Por ello, me interesa la poesía que, saliendo de donde sea (dígase el callejón del barrio, el rave, una frontera, las alturas del Himalaya o el hermetismo de un estudio) te salpique la cara, te dé un puñetazo de lenguaje y de vida.

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Yo aspiro a que mi poesía toque.

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(Rocio Ceron)

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de pesar, pesa

de pesar, pesa/ bagatela o roca cursi/ espesa.

de rozar, roza/ ara/ arnea/ retoza

de colar, cuela/ falacia o impostura/ canturrea

de parar, para/ defensa o delantero/ encara

de escribir,

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Yanko González Cangas

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Arte proética:

Estos engendros de mí transparentan conmociones individuales imposibles de ajenar de la cuestión social. Las premisas del pensamiento son posteriores a lo voluptivamente surgido desde las entrañas. Encuadran un deseo desnudo. Ni masturbación intelectual ni una guerrilla sin gente; ni el dolor, ni la miseria, ni la alegría excluidos. Mi verso en el desgarro se acepta inadaptado, inútil, marginal; peón de obra en la fragua, de cada intento fallido. Tras cada intento fallido, poesía es la revolución que tenemos por delante.

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(Nestor Ventaja)

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(diseño de las cubiertas por Ainá Calia, sobre detalles de grabados de Juan Carlos Mestre)

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Cuadernos Caudales: 2 libros de poesía en acceso libre

Aquí la versión digital de los dos primeros Cuadernos Caudales de Poesía, un nuevo proyecto acomercial para la difusión de la poesía de Fundación Inquietudes:

- SODA CÁUSTICA: CINCO POETAS LATINOAMERICANOS
Edición coordinada por Enrique Falcón (con poemas de: Rocío Cerón, Yanko González Cangas, Germán Machado, Rocío Silva santisteban y Néstor Ventaja)

- UN ZUMO DE TRES SABORES O UN ITINERARIO COMPARTIDO


Edición coordinada por el colectivo La Palabra Itinerante (con poemas de: Iván Mariscal, David Franco Monthiel y Manuel Ortega)

Que puedes descargarte en:

Fundación Inquietudes: Poesía

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Caudales de Poesía, serie II, es un proyecto coordinado por Víktor Gómez, Javier Gil y Miguel Fernández

Los Cuadernos Caudales de Poesía son un proyecto acomercial de Fundación Inquietudes y la asociación Poética Caudal (Julio Obeso González y Viktor Gómez).  Ediciones estrechamente vinculadas a la realización de recitales y encuentros poéticos y dinámicas educativas de antipoder.

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Poesía
Perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecha sólo de palabras.

Roque Dalton

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La edición en papel se presentará a partir de enero-febrero del 2010 en Madrid, Sevilla y Valencia, siendo los propios poetas o en su defecto los antologadores y editores quienes presenten y lean los trabajos aportados.

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Sep

18

ANTONIO CRESPO MASSIEU, JUAN CARLOS MESTRE Y ANTONIO MENDEZ RUBIO en el CPPC (Traficantes de sueños)

Por Viktor Gómez

CENTRO PERMANENTE DE POESÍA CRITICA

CENTRO PERMANENTE DE POESÍA CRITICA

Poética

Arena libre de lo visto:
paciencia de una lejanía
perdida en el obrar común.
Ave salvada de lo visto:
duración para reencontrar
el calor sellado de los vientres.
Umbral negado de lo visto:
trayecto de sol movedizo
siempre en mitad de la tarea.

Antonio Méndez Rubio

Ahora
a la muerte
ponle un rostro
y un nombre.
Por ejemplo
Julio Alí José

Mira
Entonces

Y luego
si puedes
pronuncia de nuevo
palabras que justifiquen
el crimen.

Antonio Crespo Massieu

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….

Poética

Solo hay un acto, escribió Malraux, sobre el que no prevalecen ni la negligencia de las constelaciones ni el murmullo eterno de los ríos: es el acto mediante el cual el hombre arranca algo a la muerte. Lo difícil tal vez resida en poder vivir hasta su últimas consecuencias la vida del poema, escribirlo viene después, anotar lo inexpresable de aquella conjura contra el tiempo, hacer materia de memoria la experiencia de vida del que vive tal como le gustaría ser recordado. La vida, ha escrito mi amigo Jorge Riechmann, carece de sentido sin resistencia al mal. Muchas veces me he preguntado qué otro sentido podría tener hoy la poesía que no fuese la fundación de un acto, ya nuevo o reiterado, de conciencia, palabras sin dueño en la república de los borrados, de aquellos que conscientemente han renunciado a ejercer todo derecho que implique alguna forma de autoridad artística sobre los demás. En esa oscuridad resisto, de esa voz sin boca me alimento. Oigo voces, eso es todo.

Juan Carlos Mestre

TRAFICANTES DE SUEÑOS - C/. Embajadores, 35 Madrid

TRAFICANTES DE SUEÑOS - C/. Embajadores, 35 Madrid

ACTIVIDADES

Comenzamos de nuevo con las actividades tras el parón veraniego, retomando en primer lugar las sesiones de poesía desde el Centro Permanente de Poesía Crítica (CPPC) con un interesante cartel para este otoño. Empezaremos pues el sábado 19 de septiembre a las 19h y nos acompañarán como protagonistas invitados en el recital Juan Carlos Mestre, Antonio Méndez Rubio y Antonio Crespo. Además, habrá pequeñas proyecciones de poesía visual y poesía escénica que acompañaran el recorrido de cada sesión.
Más información
Descargar programa en PDF


Jun

23

JUAN CARLOS MESTRE: ROJA INTEMPERIE (Una aproximación a su poética, de Antonio Méndez Rubio. Marzo 2009)

Por Viktor Gómez

JUAN CARLOS MESTRE, EL POETA, EL HIJO DEL PANADERO

JUAN CARLOS MESTRE, EL POETA, EL HIJO DEL PANADERO

ROJA INTEMPERIE

¿Por qué, ante la poesía de Juan Carlos Mestre, la primera respuesta de uno es una respuesta de gratitud? ¿Qué nos mantiene atentos, como pendientes de un recorrido en vilo, que, además de su trabajo como artista visual, se reúne en los poemarios: Siete poemas escritos junto a la lluvia (1982), La visita de Safo (1983), Antífona del otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis 1985; 2003), Las páginas del fuego (1987), La poesía ha caído en desgracia (Premio Jaime Gil de Biedma 1992), La tumba de Keats (Premio Jaén de Poesía 1999), El Universo está en la noche (2006) y La casa roja (2008)? ¿Qué clase de deuda mantenemos en pie con esta poética tan a la intemperie como intempestiva?

¿Qué, en una palabra, le debemos a la escritura de Mestre? No voy a enumerar esas razones, no puedo ni podría hacerlo en el caso de que quisiera. No es el momento para una justificación que sería tan extensa como innecesaria en última instancia. Pero esta mínima ocasión, este breve momento, no deja de ser una oportunidad sin tregua para al menos indicar cómo se articulan algunas de esas causas en una constelación abierta, hemorrágica, de lecturas y sentidos cálidos como sangre, rojos como una herida que está siempre demasiado reciente.

Para empezar, si hablo en primera persona del plural, si recurro al nosotros cuando pregunto “¿Qué le debemos?” es porque es el reto de un nosotros, quizá un nosotros desaparecido de tan vulnerable, o invisible de tan inminente, lo primero que la poesía de Mestre convoca en medio de la noche y del día, a plena luz, a plena sombra. Desde el principio, esta poesía explora y a la vez necesita un espacio compartido “entre todos, al aire”. Es, cuando ya nadie lo esperaba, el espacio de lo común, de lo que hay de común en la desolación y en la pronunciación de la belleza, lo que hay de hermoso y de desolado en la apertura de un nuevo y hasta urgente hueco de vida. Si decía Heidegger que el lenguaje es la casa del ser, entonces el lenguaje lírico de Juan Carlos Mestre es la casa sin techo de lo que no puede ser, la casa por hacer, o al menos sin cerrojos, toda umbral, su inminencia, la necesidad de lo que está una y otra vez no siendo sino (abriéndose en lo) porvenir. El suelo y la tierra, la pérdida y el tiempo, lo propio y lo impropio… entran aquí en un ámbito de abolición, de inmolación en la imposibilidad de una espera que es, al fondo, la confianza en un imposible que sólo el poema conoce y sólo el poema encarna en su cuerpo de palabras al raso. Por eso para Mestre, en alguna madrugada, o justo ahora, “desnudarse es la única solución política”. Desnudarse es la precondición para que lo común exista como lugar de encuentro real, o al menos se reconstruya como desafío de un vivir compartido en precario, tras la huella probable de la desposesión y la pobreza.

Escarcha de pobreza y musgo en los tejados… El lenguaje poético de Mestre, como casa de lo que no puede ser, sólo respira en aquello que no se nos abre salvo volviendo a ser la imposibilidad de haber sido, la deuda con lo que va a llegar, a tientas, a (un) ser más necesario. Estamos menos cerca de otro ser que, en la fórmula de Lévinas, de otro modo que ser. O en verso próximo de Antonio Gamoneda: “La imposibilidad es nuestra iglesia”. De ahí tal vez en Mestre la invocación a los antepasados, a los “proscritos de sangre”, a los vencidos, no como una celebración nostálgica o idealizada, no como una estetización de la política, sino (como W. Benjamin diría) como una politización de lo poético que dé un nuevo sentido a la fragilidad de la vida en común: “Mis antepasados inventaron la Vía Láctea, / dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad, / al hambre le llamaron muralla del hambre, / a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza. / (…) Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre / se llamara dueño de la casa del hambre / y vagaron por los caminos / como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas”.

Está claro que dar con un suelo así en la escritura de Mestre, en la casa imposible, no es lo firme ni lo claro que una inspección en regla desearía. Pienso por ejemplo en rótulos críticos al uso como hablar de “ruralismo” cuando lo que aquí está en juego no es tanto o no sólo el abandono y desaparición de la experiencia rural como la permanencia sin clausura de lo que Keats llamaba “la poesía de la tierra”. O pienso en la etiqueta de “nueva épica” cuando lo que se dirime, en este entramado tenso, no es el relato de nuevos héroes o antihéroes sino nada más, y nada menos, que la forma en que se produce la caída de las estrellas ante el asombro en las miradas de la “multitud azul de la tristeza”. Lo que sí se da aquí es una opción referencial, que se multiplica y prolifera como los males y los dones en la caja de Pandora, pero que tiene una raíz (una vez más) demasiado común para no ser cierta: los torturados, los extranjeros, los vagabundos, los solitarios, “los ojos de todos los que sufren”, “las poblaciones engarzadas por el balido azul de la pobreza”, los sucumbidos… Caen las estrellas, de acuerdo, pero Mestre es aquí quien acompaña y da testimonio de esa caída, quien cae con ellas, como El Levitador con que lo representó en un poema Rafael Pérez Estrada: “Oh, tú, que has dormido frente a la luna y las estrellas hasta palidecer tu palidez…”.

El habla de Mestre despega de lo cotidiano, lo despliega en recurrencias, ritornelos y versículos libres –libres no tanto (aunque también) de cánones métricos, de lo que Ildefonso Rodríguez llamara la “superstición silábica”, sino libres de toda carga impuesta por una supuesta realidad exterior, o incontestable, o fija: dice Mestre: “de acuerdo con lo irreal, soy la sombra única de la realidad”. En este sentido, en fin, entronca esta poesía con el romanticismo menos conformista o con las vanguardias menos ingenuas, que van de Ernst a Holan pasando por Rimbaud, Maiakovski o Michaux. Se podría incluso hablar de herencia surrealista en este punto pero no ya como repetición de recursos, resortes o tics cristalizados por una tradición de la que se ha abusado y se sigue abusando, sino más bien como una indagación intensa en las trampas de la razón, un atravesar los pantanos inseguros del inconsciente –un poco a la manera de Emily Dickinson cuando comparaba la conciencia con una niñera que cualquier chiquillo querría poder evitar en un momento dado. Y en cierto sentido, desde luego, esta indagación en las zonas oscuras de la conciencia y la palabra hace que estos versos no arrojen tanto un aura de luz mítica o sobrehumana como una suerte de destello de oscuridad, de sombra viva, que convierte la lectura, por no decir la escucha, en un trance literalmente alucinante. En los términos de Mar Traful, podría hablarse aquí de una especie de política nocturna, por cuanto “en nuestro mundo hace tiempo que el consenso no es algo a lo que se llega, sino que viene dado de entrada. Y si viene dado de entrada es muy difícil de romper. ¿Dónde encontrar hoy palabras que hieran, que puedan ser lanzadas como flechas al cielo de la obviedad? (Mar Traful, Por una politica nocturna, p.5). Pero esta vez lo obvio es la contestación: esas palabras se pueden encontrar y de hecho se encuentran con nosotros, en todo su potencial indócil, en los poemas de Juan Carlos Mestre.

“Los regalos darán sus frutos”. ¿Y quién negará que los dará y los da sin descanso, sin plazos, esta poética imprevista e irrepetible? “Ahora resistir es ser mortales”… ¿Y cómo hacer de la mortalidad una forma de resistencia? No es fácil la respuesta. Quizá no la haya, o no estemos dispuestos a encontrarla. Pero eso no le quita valor a la pregunta, no le resta exigencia al filo de lo dicho y lo no dicho. Nos queda al menos, y no es poco si es así, la extrañeza de un espacio libre, del resonar de una voz desenterrada, disponible más allá o más acá de la comunicación o el reconocimiento: “Antes de que me tomaran por un extraño, ya que yo no era el dueño de esa invención, / me alejé del optimismo de ser entendido por más de dos / y comencé a oír mis propias palabras como martillazos retumbando en un espacio vacío”.

¿Quién las oirá sonar entonces? ¿Podrá de alguna forma ser? En cierto modo, al final, lo que no puede ser es que haya protección. Esta poesía lo sabe: que nada nos defiende de nadie, que nada se puede hacer ante una poesía así salvo oírla, sentirla y seguirla por el hilo de un secreto decible. Es de hecho un aviso para todos nosotros: para que luego nadie pueda decir que no lo esperaba o que no lo sabía.

Antonio Méndez Rubio

Abr

15

Antonio Gamoneda: Manos, de Extravío en la luz

Por Viktor Gómez

Este nuevo libro de Antonio Gamoneda,  con grabados de Juan Carlos Mestre y una excelentes notas de Amelia Gamoneda es una invitación a la lectura como resistencia y acción.

Datos de la presetación del libro

aquí.

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Sacudí la ceniza de mis párpados.

Busque el día en el interior de la noche y, si, se abrió en mí.

Era como ser y no ser.

Descansé de mí mismo

hasta que mis venas se vaciaron en la luz.

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan

hasta despertar el corazón

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las máquinas

enloquecidas en la inmovilidad.

En la pausa mortal, una vez más,

pasaron lentamente sobre mí tus manos.

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Antonio Gamoneda
Extravío en la luz,
Editorial Casariego, 2009
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ANTONIO GAMONEDA, JUAN CARLOS MESTRE Y AMELIA GAMONEDA

ANTONIO GAMONEDA, JUAN CARLOS MESTRE Y AMELIA GAMONEDA

Mar

26

CAVALO MORTO: diálogo entre Lèdo Ivo y Juan Carlos Mestre

Por Viktor Gómez

LÈDO IVO es uno de los grandes poetas vivos de Brazily sustantivo exponente de la generación del 45.

Su dominio del lenguaje poético le hace beneficiario de excelentes sonetos o poemas en prosa poética con resuelta maestría formal y con una irrenunciable actitud crítica en lo estÉtico y vital.

Más, aquí y aquí.  Y en portugues, aquí.

LÈDO IVO

LÈDO IVO

CAVALO MORTO

A Xavier Placer

En Cavalo Morto las muchachas acostumbran a pasear con los soldados. Y después a amar. Surge entonces un despropósito: ellas, tras el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, los nombres de sus pretendientes: José, Antonio, Manuel, Juan.

Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores en el matorral. Vuelven intrépidas, excitadas por el brebaje de la luna. Y para ellas no hay exigencias, cobardías, acontecimientos. Hay los soldados del batallón.

En agosto, enero y aún en septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus amantes y dejan en la arena del camino alguna cosa, espuma o gasa. Los soldados no saben hacer sonetos, pero ¡cómo aman!
Por la noche Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si usted para un día y oye voces y risas y jadeos amorosos, no se asuste con miedo fantasmal. Son las muchachas amando a los soldados en Cavalo Morto.

(versión traducida por Amador Palacios)

AMADOR PALACIOS

AMADOR PALACIOS

Sobre el poeta Amador Palacios, ver aquí.

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JUAN CARLOS MESTRE

JUAN CARLOS MESTRE



Cavalo Morto

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.

Juan Carlos Mestre

En wikipedia: Mestre


Mar

20

Juan Carlos Mestre: Algunos muertos

Por Viktor Gómez

ALGUNOS MUERTOS

Algunos muertos giran como persuasivas ideas alrededor de lo que se cree
un vínculo con la felicidad. Entran en los bares, piden tazas de aceite para el
clima melancólico de cuanto se da por supuesto. Desde su taburete observan
el domicilio de las cuatro estaciones, piden ginebra indolora durante la
sobremesa de sus placeres inútiles. Saben que la probabilidad ha remendado
las enciclopedias, conocen al demente desamarrado de la creación, le ladran
en los calcetines. Igual se enfría el vapor moral, igual vuelve cada uno a la
miniatura de sus caprichos. Cierran los comercios, la muchedumbre entra en
la calvicie, el tipógrafo ordena la escolanía de la muerte.

Tengo catorce años, Gilberto Ursinos se ha suicidado con el cinturón de la
primavera. En voz baja crecía el laurel y las orugas tenían los tobillos hinchados.
Poco más puedo decir sobre el idilio con la apatía, los tipos sin imaginación
tienen mala salud, así que es preferible alquilarle otra casa a las adivinas.
Lo que oímos es la cosecha del sánscrito, balidos del juez invisible en el
crematorio de nubes. La palabra legua ya estaba en desuso, pero esa hubiera
sido la distancia exacta entre la herradura de los amadores y la barbilla del
infinito. Los cueros de la morgue rodean el abedul de su pensamiento, las huellas
de los coches fúnebres salen de la franquicia de la literatura.

Te has quedado solo, ya no lo oyes toser y el valle escurre su silencio sobre
la felpa siniestra. La advertencia es el entusiasmo, esa brea de abejas en los
túneles inundados por la visión indecible. Otras especies de la noche bajarán a
acompañarlo en el rincón más avaro, se casará bajo la tierra con los ojos vendados
y las cuñadas cantarán en los delantales. Pájaro, yo también me he
hecho mayor y la mayoría de la gente que nos hubiera querido se ha ido
muriendo. Hemos consumido las sales de la promesa, las gatas siguen pariendo
en los urinarios abandonados. Cada palabra es una tijera que se multiplica,
un desconocido cuya pena no ha sido invitada, oscuros padres en las bebidas
amargas como una cisterna dilatando el insomnio. Hacia donde vamos la realidad
carece de comportamiento, pero aún así el descreimiento de la belleza no
autoriza el alboroto de los soldados.

Juan Carlos MESTRE

Publicado en la revista

http://www.zurgai.com

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Mar

5

EDUARDO MILAN Y JUAN CARLOS MESTRE: La palabra entera conversa con los refugiados

Por Viktor Gómez

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Nadie es nadie, escritura de las elocuentes cifras que suman dolor al oprobio, cinta azul de los legajos de la minuciosidad. Nadie es nadie bajo la lente de los archiveros.Nadie con su puñado de tierra, el oferente y el lúcido, el préstamo de jerarca invisible en nosotros, huyendo en el taxi de la conciencia de las columnas de humo.

(fragmento de “Los refugiados”)
Juan Carlos Mestre
Inéditos, de aquí.


Aguafuerte de Juan Carlos Mestre

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Quita ese sobrelenguaje de la luz

Que baña los objetos, ya está bien

Giro lingüístico: pusiste la tierra de cabeza.

Cabeza de tierra: esas raíces, quítamelas

De los ojos que no puedo ver

Los ojos cuando brindo, que es mirarlos.

Un paso adelante hay que decir: ‘un paso’,

De lo contrario no es tu tiempo. ¿Y aquella

Mi canción entusiasmada de ti? Quítame

Esa paja de los ojos que el mundo no es estable,

Es evidente, ciega, no hay aguja en el pajar.

Pájaros: ellos señalan la permanencia, la huella.


Eduardo Milán
Por momentos la palabra entera
Sept. 2005, Ediciones Idea

Ene

13

JUAN CARLOS MESTRE: SUEÑO Y REALIDAD, ESTO ES, LA POESÍA

Por Viktor Gómez

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Ninguna obra debería, creo yo, ser valorada por su procedimiento técnico, sino por la actitud de lo que representa su acto mental, su autonomía como objeto, su capacidad de poner en marcha de nuevo la contemplación, la piedad, la misericordia, en suma, la resistencia al mal que justifique su presencia en el mundo y signifique algún tipo de aporte a la lucha por la dignidad humana, último fin de todo acto que aspire a lo estético, a la ética de la sonoridad, al elogio de la naturaleza moral de las palabras.

Juan Carlos Mestre, en una entrevista leída en ISLAKOKOTERO, aquí

J. Carlos Mestre, Alexandra Domínguez y Victoriano Crémer, durante su última exposición en la galería leonesa Ármaga, el pasado invierno

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Un abrir los ojos, desde la poesía de J. Carlos Mestre, deja oir al ave pájaro
como pincela lo inadvertido, como acumula en el sueño la verdad que salta
por encima de los simulacros y nos trota en un galope noctivago sin riendas
hacia el imposible necesario. Mal que le pese a los dioses, aquí se sueña.
Es verdad cada espuma y cada trébol
y la crin del violonchelo, acorde al tambor de uñas blancas
como el pan tierno,
¿sólo musica son o son el pan de nuestra inmortalidad?.

El poeta es traído en un caballo nieve…
La imaginación que tiene una llave es como un faro en la niebla para el que
en la deriva desiste de toda esperanza y de pronto es guiado por una luz:
no le lleva sino a donde ya sabía el corazón,
no le obliga ni le salva ni le exilia aunque sí,
aunque es un si a todo lo invisible, a todo lo irreal, a toda la bondad del Arce
y las fuentes.

Notario de la ebriedad y los ayunos, bendice su canto cada huérfano o mendigo.
Pierde el amo, se extravía el coronel, abdica la tirana, se suicida la serpiente.

Si “las estrellas son para quien las trabaja”
oficia este humilde Ángel desde los años sin término
un techo a nuestra cuna,
una nana a nuestro insomnio, como aposento inviolable de la ternura,
como justo Casal de los desterrados.

Víktor Gómez

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ASAMBLEA

Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,
les traigo el saludo solidario de los metafísicos,
también para nosotros la situación se ha hecho insostenible,
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas,
a partir de este momento la lírica no existe,
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno,
no lo tomen a mal,
pero aún quisieramos pedirles una cosa,
mis viejos camaradas amigos los árboles
acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.
Juan Carlos Mestre
Las estrellas para quien las trabaja