Por Viktor Gómez
JOSÉ MARÍA GÓMEZ VALERO

José María Gómez Valero (Sevilla, España, 1976). Autor de los libros de poesía: Miénteme (1997), El libro de los simulacros (1999), Travesía encendida (2005) y Lenguajes (2007, en colaboración con el pintor José Miguel Pereñíguez). Aparecerá en los próximos meses el libro de relatos para niñas y niños Las gafas de la niña intrépida, escrito en colaboración con David Eloy Rodríguez y Miguel Ángel García Argüez.
Poemas suyos han sido recogidos en diversas antologías nacionales e internacionales.
Participa en diferentes proyectos escénicos vinculados a la palabra poética con los que ha sido invitado a participar en numerosos auditorios –musicales, literarios, multidisciplinares…– y festivales artísticos. Su trabajo actual en el ámbito de la polipoesía y el spoken word puede conocerse en Todo se entiende sólo a medias (www.soloamedias.net), una acción poética de La Palabra Itinerante.
Imparte talleres de creación literaria desde 1997. Ha participado en exposiciones colectivas de arte contemporáneo. Es uno de los responsables de la editorial Libros de la Herida (www.librosdelaherida.blogspot.com) y forma parte del colectivo andaluz de acción cultural La Palabra Itinerante.
EL ESTRATEGA
El estratega había calculado
todos los movimientos de su ejército.
Cualquier contratiempo estaba previsto:
decenas de dibujos y de esquemas,
hijos de la pasión y del insomnio,
atestaban su tienda de campaña.
Su táctica era perfecta, brillante,
quizás el mejor plan de asalto diseñado.
No cabía la sorpresa o el error:
la ciudad caería al anochecer.
Llamó a los oficiales de su ejército
y les reveló: mirad, mi táctica es hermosa.
La ciudad caerá al anochecer,
se decía cada mañana el estratega
mientras contemplaba en el horizonte
las altas murallas de la ciudad.
(De Travesía Encendida)
SIMULACROS Y TRAICIONES
[el lenguaje de la mentira]
Cada trayecto que emprendía
era el principio de un desgarro.
Calmaba su sed en cuencos vacíos.
Enmascaraba con nombres todos los miedos.
De este modo acunó la enfermedad,
así cuajó la vida en crueles formas.
Labramos siempre tierras prometidas.
Nos dejamos morir en los brazos del mañana.
(Aquí se trata de mí.
Aquí se trata de ti y de mí.
Aquí se trata de ti y de ti y de ti y de mí).
(De Lenguajes)
NACER EN LA TELARAÑA QUE CUELGA DEL EJE DE LA RUEDA
I
Ningún tiempo es oscuro
si la luz te roza:
en el ojo del cisne
canta quien resucita,
azules recuerdos
sacuden al pez
en las redes,
en los océanos de los mapas
nadan los ahogados.
La lucha por palpar
con las palabras
el brillo oculto de estos días
–advertir en los labios
cómo se forma y crece
la primera burbuja de silencio–
(La lucha por palpar
con las palabras
el brillo oculto de estos días).
II
Dejar rastros de amor
en el camino hendido por la rueda.
Extender el mantel de la alegría
sobre la ceniza del daño.
Decir ventana
y que entre el cielo.
(De Lenguajes)
APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA CUALQUIERA
Nacer,
memorizar los signos,
ocupar una celda
en la intemperie.
Reconocer a tientas
la dureza de cada límite,
los contornos del orden.
Asistir cada día
al silencioso pacto,
ser cómplice
de piedras y difuntos
Jugar a cosas serias.
Mentir de corazón.
La noche,
los velos,
los desvelos.
La voz de la sólida sombra.
Arroparse sin sueño,
ansiar el tiempo en que nada se derrumba.
(Inédito)
Por Viktor Gómez
GUADALUPE GRANDE

Guadalupe Grande nació en Madrid en 1965. Es licenciada en Antropología Social. Ha publicado los libros de poesía El libro de Lilit (Premio Rafael Alberti 1995, Renacimiento, Madrid, 1996), La llave de niebla (Calambur, Madrid, 2003), Mapas de cera (Poesía Circulante, Málaga, 2006) y Hotel para herizos (Calambur, Madrid, 2010). Junto a Juan Carlos Mestre ha traducido La aldea de sal, antología del poeta brasileño Lêdo Ivo (Calambur, 2009) Como crítico literario, ha colaborado desde 1989 en diversas publicaciones: El Mundo, El Independiente, Cuadernos Hispanoamericanos, El Urogallo, Reseña, etcétera. En el ámbito internacional, ha sido invitada a leer en diversas instituciones y festivales, como la Universidad de la Sapienza, Roma, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Festival Internacional de Poesía de Bogotá, o el Festival Internacional de Poesía de Sarajevo. En el año 2008 obtuvo la Beca Valle Inclán para la creación literaria en la Academia de España en Roma.
PÓRTICO
¿Será hacia esta luz?, vivir es ver volver, entonces el regreso,
regresar para vivir,
retornar con la pupila de otros días a la mirada de hoy,
como regresan las plantas a la luz, como retorna la hoja a la raíz, como llega la semilla al fruto de su íntima voluntad.
Todos se han ido y sólo queda regresar.
No es el baile de la memoria, no son los pasos del recuerdo, no es la sombra de lo que ya no está,
es la luz en la que sólo acontece el regreso.
Te veo volver.
Sabes que todos se han ido y la mano pequeña se quedó en la grieta del muro cuando guardaba la caja de las últimas cosas: la crisálida de la libélula, la cicatriz de nieve, la carta que no enviaste, la llave de niebla, la colección de sellos para las amantes del padre, el hilo que guardaba tu madre para el laberinto, las uñas del gato muerto, el disco que siempre suena, mateo, mateo, por qué no me supiste esperar, la fotografía de la silla donde te sientas a mirar el mundo, un helecho de cristal, la espiga de oro y el pico del mirlo y la sombra invisible de la alondra (pétalos secos para el amor, nido de levadura).
Palabras, tan sólo palabras,
un cuaderno para cada palabra,
y la luz azul del pentagrama, je reviens, je reviens
y el ángel que te esperaba cada mañana en el autobús del colegio y que sólo ahora puedes ver.
Todos se han ido y sólo queda regresar:
centinela en penumbra de la piel, regreso mudo de luz y hierbaroma que atraviesa la infancia y su cicatriz.
Queda en la grieta del muro el pequeño ataúd para tu mano, las últimas cosas en un calidoscopio incesante que gira despacio en la penumbra de los días, humo y sombra en su laberinto de espejos, pequeños insectos, últimos gestos de la vida allí, fragmentos de rastros, cuadernos para la caligrafía del tiempo.
UNA VIDA MEJOR
Y daría igual que fuéramos eternos.
El escaparate brilla como los fuegos fatuos.
Tras el cristal las minúsculas manos desmenuzan la herrumbre,
una maleta, un pañuelo, un zapato, el cinturón de falsa serpiente, plumas de avestruz para el sombrero que ya nadie llevará,
así brilla el tiempo tras el cristal, fruta escarchada de los días, brillo mineral colgado de un árbol cortado, pez anudado a la cuerda de tender.
Y dará lo mismo que seamos eternos.
Mirar los escaparates, corchea arriba, semifusa abajo,
acompasar el paso para tropezar,
para llegar al mediodía, para llegar al anochecer.
Un escaparate y luego otro, y al fondo, el cajero y su ábaco de lágrimas: pasar o no pasar. O quedarnos aquí, moliendo la herrumbre con el molinillo de té.
Pero los guantes de gamuza se posan sobre el piano. Do re mi, sordamente, fa, sol, sol, felpa constante en la percusión. No, no hay pez martillo que valga. No hay animal de sombra ni luz en esta cuenta de adverbios: aquí, allí, ahora, entonces, cuándo.
Daría lo mismo que fuéramos eternos, entonces, ahora, hoy o jamás.
Es mucho más simple. No es cuestión de constelaciones, no es el brillo de la madera trasmutado en ballena, no es la piedra roseta, ni el esperanto de la lluvia, no el canto de sirena deletreado en los surcos de la pizarra. Es mucho más simple.
Una vida mejor, tan solo una vida mejor.
Una vida con memoria de elefante y sed de camello y ojo de lince, brújula de cormorán, solidaridad de hormiga, precisión de abeja, una vida con fidelidad de cisne y sonrisa de chimpancé y delicadeza de libélula y piel de leopardo, conversación de bosque, majestad de cordillera y siempre el cuento de nunca acabar.
Primera lección nunca aprendida en las cuevas de sésamo: la vida está aquí, no allí, y todos creen que seremos eternos.
En el escaparate brilla la caja registradora, pequeña cola de alacrán, servilletero que nos abraza a la mesa,
una vida mejor,
aquí, allí, al otro lado del cristal.
Y nada importa que seamos eternos.
GATAS PARIENDO
Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín
Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido
Y un verano y luego otro y otro más hasta llegar a esta noche
al fondo del jardín al fondo
Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo
a oscuras de noche palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo
y ese gato no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada
Y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir
Qué pensaría nadie y quien es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra
pero suena suena cada noche
y tú para bordear la herida dices que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué
O quizá algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya Eso te dices para bordear la herida
Escuchas el maullido del gato Has visto un hombre sin brazos al borde de la limosna has rozado la pierna perdida del animal en el pantalón doblado sobre el muslo has comprendido que la muerte es un ramo de rosas de plástico atado a un farol
y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable, una persecución en la sombra
Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido
Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley
Por Viktor Gómez
MIGUEL ÁNGEL CURIEL

Miguel Ángel Curiel (Korbach Valdeck, Alemania, 31 de marzo de 1968). Fundamentalmente poeta y narrador, es español, aunque nació en Alemania, hacia donde habían emigrado sus padres, originarios de Jaraiz de la Vera (Cáceres); con un año de edad su familia se trasladó a Talavera de la Reina, provincia de Toledo, donde transcurrió su infancia y la mayor parte de su juventud. Hizo estudios de Geografía e Historia en Madrid. Viajero impenitente, ha estado en Potiers, Saarbrucken, Nuremberg y Florencia y en su juventud militó activamente en política; también fue cantautor. En la actualidad reside en Lugo. Es autor de los libros: El Verano (accésit del premio Adonáis, 2000), Un libro difícil (Premio Esquío de poesía, 2005), Por efecto de las aguas (Premio de poesía San Juan de la Cruz, 2008, Colección Adonáis), Diario de la Luz (DVD, Barcelona, 2008)
TORMENTA EN LA RAIA
La tormenta se nos echó encima.
Plástica y efímera como todo
lo que es bello por sí mismo.
Se quema el árbol en la lejanía
de estas sierras espeluznantes
donde cuesta andar y
cuesta escribir.
Tirar esa palabra al mar.
Tirarlas todas al mar.
Devolvérselas a Dios.
Cegar con piedras
el pozo de la luz.
PÁJAROS
No importa la edad de un pájaro.
Más ilumina la melodía
en la oscuridad.
Atravesamos una zarza dulce
y se echa a volar el dolor.
Hemos congelado la rosa.
Hemos congelado la luz,
las manzanas negras.
Nos hemos congelado
a nosotros mismos.
Gallinita ciega que
a mis pies se convirtió
en un puñado de sal.
CUCHARADAS DE VINO
Cuando oigo mi nombre
en boca de otro
siento miedo y placer.
Después me despierto
como nieve pegada al muro,
o acaso me alimento
de visiones breves.
Cucharadas de vino.
MUNCH
Para Víctor Gómez Ferrer
“Coimbra a 22 de diciembre de 1989:
ha muerto Beckett. Con su obra lúcida,
esperanza esculpida en el rostro”
Miguel Torga
El grito de Munch es un grito de luz.
La boca oscura nunca se cierra.
Él inyecta agua o leche en los párpados.
El grito gira en su silencio,
en el desagüe el sol.
El único dios que he visto es el huracán.
Mientras cuece el agua afuera hay nieve.
Suyas son las huellas que llegan hasta la casa.
Enhebra el hilo, pero un día el rostro
ya no podrá enhebrarlo. Si clavarse la aguja
para seguir viendo lo invisible.
Agudizar. Elegir el sitio del dolor.
En vez de un poema liberador
un poema a secas.
PINO DE LOS CAÑOS
Cuelga la piedra del chopo
y lo inclina hacia la nada.
Remuevo el saúco y lo que
cae de él es mi nombre.
Si fuera un árbol sería
como ese pino que forma
con la tierra un ángulo agudo.
(De catorce grados, como el vino solar
de esta tierra lejana y oscura
donde pasé mi juventud)
BUITRES
Los buitres son buenos.
Trabajan el marfil.
Cuidan de los huérfanos de la primavera.
Esos corderitos lamen el oído.
Todos los seres queridos se convierten
un día en reses.
¿Así es como se acercan?
No se va el silencio.
Nunca se va.
Ya nunca estoy en los poemas.
LUGAR
Poco cambió este lugar.
Inalterable y solitario
siempre abierto al mediodía.
Tu poesía parece haberse ido
muy lejos a buscarte y
nunca te has marchado.
Ya no la dominas, demasiado lejana.
El pulso te tiembla por el pájaro
que hay dentro de ti.
Le das vino.
Abres la boca para que escape.
Abres el grifo y escuchas.
Algo se ha cerrado para siempre.
FARO
Este faro donde
me han invitado a dormir
y donde no consigo dormir.
Enviamos luz
y un haz negro hacia el fondo.
Guiar la aventura.
De esta soledad
dependen muchos.
CROCUS
Pisad crocus.
No recojáis crocus.
No os comáis los crocus.
Pisad esos crocus negros que salen bajo la nieve.
No os llevéis los crocus a casa.
No arranquéis los estambres de los crocus.
No os comáis esas florecillas que salen bajo la nieve.
No llenéis de crocus las cajitas.
No echéis al fuego los crocus.
No vendáis los crocus.
No metáis en las orejas de los cerdos los crocus.
No los oláis.
CAJA
El vacío es una caja
hecha por ángeles,
encierra toda la
oscuridad del mundo
y alguien la echa al fuego…
LOCURA
Llanuras sin montañas al fondo.
Parece un buen sitio para escribir
y dejarse el pelo largo.
Todos los alacranes son míos.
El veneno negro de la luz.
Los ojos vuelan.
Algún día nevara.
Es un buen lugar para la nieve.
Mi boca está vacía
por la sequía y la locura.
Lo amarillo pincha el ojo.
Suena el gong.
PESCANDO EN EL TIETAR
Pesco, el sol no deja que piense en mí.
Lanzo y recojo.
El sol no deja que vea la boya
que baila en el agua.
Si se clava la muerte
el sol no me dejará ver la picada.
Tirará hasta romper el sedal.
Cuando pesco no lucho.
Bebo el agua.
ESTORNINOS
Estorninos.
Bucles de estorninos.
Ceniza de las palabras
que han iluminado el día.
¿Y qué le hemos dicho a los jefes,
a los idiotas, a los perros
que muerden huesos de aviones?
Bucles de estornino.
Hemos callado
y hemos fabricado
cajas de silencio.
EL ÚLTIMO DÍA DEL MUNDO
Es el último día del mundo
y todo está tranquilo.
Nadie vuelve del amor.
La carretera va hacia el sol.
El camino del invierno
atraviesa el verano.
Morir mientras duermes.
No pueden quemarse
nuestros ojos en la nieve.
Las visiones no son visibles.
BLANCO
Las palabras quemaron la boca.
El silencio o las uvas los ojos.
La leche quemó el hígado.
Esta hoja,
este blanco de la hoja,
afuera esa nieve,
ese blanco de la vida.
Casa caliente
mundo frío.
Desnudo
me traga el silencio
mientras me como el pan.
OCTUBRE
Vengo de aquellas montañas.
Mi poesía viene de aquellas montañas
a las que raras veces canto.
Si fuera el cazador de perdices negras
fundaría en ellas una ciudad
para los desposeídos.
La poesía ha muerto
y las montañas viven.
Qué pocas palabras me quedan
para decirlo todo.
Mejor no escribirlas
y se pierdan en la luz.
MESA PUESTA
Nadie come.
Está todo puesto para ser olvidado.
El lenguaje mismo
ya no quiere ser bello.
Es el lenguaje de un viejo que va de blanco.
Toma el vino en la concha
para emborrachar a su ángel.
Un techo blanco
y tener agua, grifos de luz.
Se oyen los pasos,
las explosiones de dinamita.
Desde la ventana se ve la boca del túnel.
¿Hay himen en la boca abierta?
¿Cómo puede romperlo una palabra?
Tener un pozo de nieve
donde echar al ciervo.
MODIGLIANI
Los que se van.
Ese instante.
Se pierden ellos primero en la luz
y luego la luz en nosotros.
El calor de la piedra
en la mano fría.
El agua tibia,
o siempre un poco más fría
que el vino.
Jacobo Modigliani intenso en la nada.
Se puede morir de miedo,
pintar de lejos los propios ojos
hasta deformar la propia vida.
Tocar el piano muy lento,
más suave.
Besar una tecla mientras
se cuece el agua.
CUERDA
Se trenza la cuerda.
No se rompe ninguna palabra
por el peso del mundo.
Pero yo si me rompo al hablar.
Trenzo el silencio.
Que no se rompa el hilo de luz
que me voy comiendo.
Espacio oscuro,
nada brilla.
Lo que veo no está.
La nieve que piso es mi edad.
Sé que es blanca.
pero no hay luz para hablar de ello.
Cualquier bicho de ojos rojos está caliente.
Se queman por dentro.
Tampoco la ceniza se ve,
ni la vaca con la que choco.
CARTA DEL 1 DE NOVIEMBRE
En una ciudad cualquiera
en un cementerio cualquiera
donde nunca vivió ni murió uno de los míos,
donde me encuentro de paso
y a la que supongo nunca volveré,
he comprado unas flores y se las he dado
a una muchacha. Me las ha cogido
como si ya estuviera muerto.
Así me ha mirado, entonces más arriba
dicen mis ojos, donde la luz
se come los pájaros.
No lo dicen siempre.
No siempre están pensando en lo que ven,
o lo que no ven es más puro
y entonces menos visible.
La fruta cae y se pudre.
De más arriba cae el amor
y se restablece.
Desde un poco más arriba nada se cae.
¿Vamos nosotros hasta esas alturas
A tirarlo a la tierra
o a soplar el vidrio de la visión?
Por Viktor Gómez
CARLOS PIERA

Carlos Piera Gil (Madrid, 1942). Estudió en el Liceo Francés de Madrid, en la Universidad Complutense de Madrid y, luego, en Barcelona. Miembro del Círculo Lingüístico de Madrid, junto con Rafael Sánchez Ferlosio, Víctor Sánchez de Zavala, Agustín García Calvo e Isabel Llácer. Se doctoró en la UCLA con una tesis inédita sobre métrica. Ha sido profesor en la Cornell University (Ithaca, EEUU) y en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue miembro del consejo de redacción de la revista de ensayo La balsa de la medusa. Es responsable de la sección de métrica de la Revista de Erudición y Crítica. Es autor de cuatro libros de poesía: Versos (1972), Antología para un papagayo (1984), De lo que viene como si se fuera (1991) y Religio y otros poemas (2005). Ha publicado un libro de ensayo, titulado Contrariedades del sujeto (1993).
ESPECTRO BREVEMENTE
Een schilderij die spreekt, een spook van weinig’uren
[Una pintura que habla, un fantasma de unas pocas horas]
CONSTANTIJN HUYGENS, EEN COMEDIANT
A una señora mayor que vivía sola
e imaginaba visitas de vivos y muertos,
que siempre la dejaban sin despedirse
Esa televisión tuya de espectros
a falta de presente
se enciende y se apaga sola, como el presente,
ciudad de puras desapariciones.
Hace familia de lo que no ha llegado, de las
intemperies pequeñas , las infidelidades
del electrodoméstico, lo que, en tiempos perdidos,
era querer abrazos y no saber de quién.
Vienen como a tomar el té, como si estar aquí fuera lo lógico,
como si hubiera tiempo y gana y gente
para colgar los cuadros. Y se van como vienen
(con la lógica antigua de llegar para nada
y una técnica nueva para dar soledad)
a sus ocupaciones, al vacío, insistente
promesa incumplida de amor.
Y así habremos sido y son ellos:
como las hojas en el torbellino.
*
*
*
La esperanza es interminable, intermitente,
funciona, como los televisores y la vida, mal.
Hemos venido hasta acabar traidores
o morir, que es lo mismo:
marchar sin despedirse,
venir sin cuerpo y sin voluntad propia,
ser poca cosa y anunciar desgracias,
repetir lo que fuimos,
cobrar tragedia en nombre del amor.
Cruzamos la ventana, como el vencejo,
para acabar así. Todos somos el mismo y el viento
para las hojas en el remolino.
*
*
*
Hemos vivido para que no nos cojan vivos
y aun a ti, que quisieras asirte a nosotros,
te eludimos con una displicencia de muertos, ásperos,
irónicos sin gracias, cumpliendo desganadamente
un trámite trágico en ti. Porque en ti, que nos tratas de muertos,
vivimos como hemos vivido, unas ráfagas,
de las ausencias a las concisiones,
sólo rebeldes en el gesto y esta
capacidad de huir.
Sólo se sabe que nos vamos yendo,
desabridos, secándonos,
como las hojas en el torbellino.
*
*
*
Una vida con curso de murciélago,
fingiendo hasta la imagen de las rachas del viento.
Unos caminos vistos
a sacudidas para la pantalla.
No la verdad: lo póstumo. Máquina de sinopsis.
Porque la vida es esta coincidencia de muebles,
todos somos el mismo.
Todos somos el mismo y este viento que somos
y estos papeles en el remolino.
De Religio y otros poemas
Por Viktor Gómez
LAURA GIORDANI

Laura Giordani (1964, Córdoba, Argentina) A causa de la dictadura militar argentina, a finales de la década de los setenta se exilia con su familia en España. Es profesora de lengua inglesa y cursó estudios de psicología y bellas artes. Obra poética: Apurando la copa (2001), Celebración del brote (2003), Cartografía de lo blando (2005), Noche sin clausura (2006), Materia Oscura (2007, Baile del Sol, en prensa), Sudestada (2009) y Celebración del brote (2009), plaquette publicada por Zahorí, poesía en minúsculas. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías: Antología de Poesía (ECA -Escritores Cordobeses Asociados, 2002), Aldaba (2004), Cuadernos Caudales de Poesía (Edición Caudal, España, 2007), Los centros de la calle (Editorial Germanías, 2008), Antología de poetas latinoamericanos residentes en España, Cambio climático (Editorial Eclipsados, en prensa). Asimismo, ha colaborado con algunas publicaciones en revistas de Argentina, Brasil, Alemania y España (La hamaca de lona, Youkali, Viento Sur, Lunas rojas, Eclipse y Grumo, entre otras).
LA TIERRA
I
Nada detiene esta piedra ensimismada
hecha esfera por la ciencia
del giro indiferente
grávida de un dolor inmemorial
dolor de continentes y océanos
nada detiene este vértigo de tanto
contorneo en el negro largo bostezo
entre los mundos
Y nada conjura este hechizo
que impele a las abejas
al reclamo del estambre
al mismo tunal tendido
en el horizonte
¿Por qué esta ceguera
de piedra
lanzada al corazón de un pájaro?
II
No basta tanto vértigo
para aplacar esta vocación
orbital de canica subyugada
por algún chamullo divino
No basta la caída
de tanto párpado para desvelarnos
para que esta madre no salga
a seducir una vez más a sus hijos
con la prestidigitación de la lluvia
la ilusión de un quiebre
un matiz nuevo
en el desplome de las hojas
III
Alguna vez con ojos blancos
la tierra fue nave fronda
ballenas nubes y linajes
alguna vez las luminarias fueron
asombro incendiado en la llanura
alguna vez fue temblor
esta coreografía inalterable de los astros
su mutismo idéntico al furor
de la pregunta a la sangre
amotinada en la frente
atalaya afiebrada
Aunque las pupilas se afanen
el cielo seguirá siendo ese alto
sitio de desguace una avenida
con algunas luces que resisten
donde la tierra puta de ojeras azules
hace su ronda
OJERAS
Bajo la piel hay alforjas
para guardar las noches lerdas,
ojeras ocaso donde se ponen
fulgores y encallan los soles
hasta hacerse crónica nocturna,
pliegue del desvelo.
Marsupiales cargan sus penas párvulas:
ese modo tan humano de llorar
por dentro, de penar por dentro
hasta convertir en piedra
lunar el llanto.
Dos criaturas de lomo púrpura
abrevan la luz convaleciente
en nuestros ojos.
BOLSA DE PLÁSTICO
Perdiendo el último azúcar,
entregada a la corriente
mortal de un domingo cae
y se alza con su canto eunuco,
estandarte de la resaca
sin resistencia que no sea
sonido de arpa desgarrada.
La niña abre su mano…,
la bolsa crisálida
huérfana con su piel
translúcida en jirones
se entrega a su carrera
de Ofelia enloquecida
por el parque.
NIÑO DE LAS MINAS
Sopla la rabia sobre mesetas presentes:
ruge sin saber hacia dónde llevan las horas
vendavales que desafían las piedras.
Arturo Borra
Rabia de verte rompiéndote en esa
pulseada a muerte con la piedra,
robándole rigor hasta hacerte
socavón, llaga.
Tus manos muelen, demuelen,
pulverizan los huesos del mundo.
No de duendes el polvo
que te arrasa los pulmones:
soldaditos de plomo avanzan
por tus venas desvelando
bosques somnolientos.
Niño roca, niño maza,
en tolvas va tu sangre hasta la infancia
de los volcanes, hacia reinos de hadas
negras, minerales;
allí donde el mundo esconde
el humo de las caídas
Por Viktor Gómez

ÁNGEL DE OSCURIDAD
Libertad aparente la palabra en el aire;
la espesura del verso,
penumbra iluminada por vocablos oscuros.
Solitarios, los pájaros, recorren
como una sombra más las sombras en el bosque.
La claridad
siempre es distancia; apenas un intento
de llegar a la luz. Ángel perverso
y bello, donde la noche anuncia
su lenguaje habitable.
Nunca hallarás, al otro lado de estas sombras,
vida alguna; luz que te aleje, pájaro de las tinieblas, con sus nombres ambiguos
de las ruinas del tiempo.
Diego Jesús Jimenez

Por Viktor Gómez

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Jirón de luz:
hazme
un sitio en tu cobardía
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Mira: no hay otros ojos
para un amanecer que no es el mismo.
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Luciérnaga sin más
apoyo de muralla:
tú sabes que alguien dice
nadie ni
nada sin ti
se da.
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La última imagen
y también sin motivo:
sola, una mínima flor
asoma,
despacio,
pisada en un suelo de nieve.
Cuando no estés presente
recuerda que ese daño,
de alguna manera,
nos debe una explicación:
un ruido de
pasos firmes.
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Quizá haya una conciencia del cuerpo. No porque el cuerpo sea su tema, su objeto, sino porque pertenezca al cuerpo. Sería quizá una conciencia imposible. Pero seguramente tendría (o podría tener) algún extraño sentido poético y político al mismo tiempo. Como un temblor: si irrumpe en las palabras nada se da por sabido. Ni el cuerpo de las palabras. Ni las palabras del cuerpo. ¿Qué decir? ¿Qué comprender? ¿Qué escuchar en ese preciso momento?
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Antonio Méndez Rubio
Cuerpo a Cuerpo
Ed. Baile del Sol, 2010
Por Viktor Gómez
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“Es el Holan más denso y enigmático, más áspero y solemnemente oracular –y a la vez, con una contradicción solo aparente, el más modesto, despojado, ‘diarístico’− aquel que viene al encuentro de estas páginas”
Giovanni Raboni
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PERO NO LA DESTRUCCION
Cuando hoy en el jardín de otoño
arrancó los frutos más hermosos,
necesité (hasta el seguimiento)
pensar en la mano no entregada
sino tomada para besarla…
el perspicaz anochecer me recordó
que habría que encaminarse al disimulo
y por ello callé… su desacuerdo,
aunque ahogado por el crujir de las ramas,
estaba cerca de la risa, convencido
de que a él podía bastarle…
a él sí, a la inmortalidad sí,
¡pero no a la destrucción de todo!
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PARED DESIERTA
Pared, pared desierta, pared viuda.
Y como si se propusiera
decirlo a toda prisa, pero no en voz alta,
desea algo parecido,
otra pared, y ya está aquí el eco…
Después el hombre, que sabe
por qué se asustaba,
hasta las entrañas del adulterio siente
que sólo un poco más tarde
aparecerá la difunta
si quiere, si es necesario…
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Vladimir Holan,
Abismo de Abismo
(Bassarai Ediciones, 2000)
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Qué nos queda, si hasta la eternidad
se hunde en la nada.
Un culminar abisal…
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Por Viktor Gómez
Me hago invisible
y en el reverso recobro mi cuerpo
nadando en una playa
Lezama Lima
Colocado en medio de las arenas perfectamente desiertas, el acusado sufre el interrogatorio. La pregunta reverbera en el silencio profundo, pero de extraordinaria significación para él.
Henri Michaux (traducción de Roger Ferrán)

EL PRÓXIMO VIERNES 16 de abril
en Librería Primado (Valencia, Av. Primado
Reig, 102) a las 19:30 h
Presentación, lecturas y coloquios acompañado
por Quique Falcón y Víktor Gómez

Mañana
la calle se llenará de nuestras voces… Vladimir Maiakovski
(sí: será mañana) Arrojaremos perlas y margaritas a los cerdos
Hasta que el fango se cubra de perfume
Y de nácar
Y el barro quede cubierto de pétalos impares arrancados
Y los hocicos hartos de belleza (ahítos para siempre de entusiasmo lírico)
Y nos aplaudan a rabiar porque hayamos vencido
Y nuestro suicidio no sea ya nunca
Necesario (y las calles estén llenas –a rebosar– de nuestras voces
de perlas y de pétalos –impares– arrancados)

ISLAS NO
No somos islas (islas no –gotas oceánicas– islas
solas: islas –briznas– solas
no –contra los vientos– islas –sitiadas: migas
de polvo– islas no)
No (no somos islas
solas –exhalaciones– islas –destellos– dispersas
solas islas
no –contra las negras tempestades– desperdigadas
islas no –gotas: en océanos– islas
aisladas no)
No somos islas (sitiadas pizcas –dentelladas– de polvo: aisladas
islas –briznas– islas
islas –hebras– aisladas islas solas islas
islas –no– solas
islas cercadas –arrinconadas: quizás– contra los vientos grises
pero islas solas no)
Olas solas (perdidas olas –olislas– motas: girones
oceánicos: sí pero no islas)
Barridos –dispersos: desconcertados– por el Huracán (sí pero no islas: islas no)

PRESUNCIONES ERRÓNEAS DE LOS ESCLAVOS
A Galbraith
Ellos saben todo
Ellos lo pueden todo
PRESUNCIONES ERRÓNEAS DEL VERDUGO
A mi abuelo asesinado (como tantos)
Cederán siempre
Callarán para siempre
Recibirán el hacha en su cerviz sumisa
Desde siempre (para siempre: en silencio)
Y EL SÁBADO 17 ABRIL A LAS 20 H. en Café EL DORADO, lectura de Matias Escalera y amigos poetas valencianos de sus poemarios, piezas teatrales, novelas, relatos…
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Matías Escalera Cordero (Madrid, 1956), es autor de los poemarios Grito y realidad (Baile del Sol, 2008) y Pero no islas (Germanía, 2009); y ha sido galardonado con el premio de literatura dramática, Sala Margarita Xirgu, de Alcalá de Henares, por su obra de teatro El refugio (GPS, 2009). Además, ha publicado la novela Un mar invisible (IslaVaria, 2009) y próximamente verá la luz su colección de relatos Historias de este mundo (Baile del Sol, 2010). Y ha participado en los siguientes poemarios colectivos: Los centros de la calle: antología pequeña (Germanía. Alzira. 2008), Voces del Extremo: poesía y capitalismo (Fundación Juan Ramón Jiménez. Moguer. 2008), Voces del extremo: poesía y tecnología (Ayto. de Béjar. Béjar. 2009), Versos para derribar muros: antología poética por Palestina (Los Libros de Umsaloua.
Sevilla. 2009)
Es profesor de Lengua y literatura; y conoció de primera mano el final de la Europa de los bloques militares, desde Moscú, primero; y desde Ljubljana –capital de Eslovenia–, en la antigua Yugoslavia, más tarde. En su vertiente investigadora, publica regularmente sus trabajos en diversas revistas de su especialidad, o en las actas de los congresos a los que asiste; últimamente, en el libro colectivo La República y la cultura. Paz, guerra y exilio (Istmo. Madrid. 2009), coordinado por Julio Rodríguez Puértolas, de la Universidad Autónoma de Madrid.
Es miembro del consejo editor de Tierradenadie Ediciones, para el que ha coordinando el libro La (re)conquista de la realidad (Tierradenadie Ediciones, 2007), que suma los trabajos y propuestas de una decena de autores de distintos ámbitos del pensamiento, la crítica y la creación, sobre la necesidad de reconquistar la realidad para el pensamiento y la literatura de hoy. Coordina varias secciones de la revista digital Youkali.net; y es Secretario de Redacción de la revista de filología Verba Hispanica, editada por la Universidad de Ljubljana, en la que fue profesor.

RESEÑA EN EL SUPLEMENTO EL CULTURAL A LA NOVELA
UN MAR INVISIBLE

En un par de páginas de esta novela se citan los dos problemas sobre los que se han fundamentado las investigaciones del filósofo Noam Chomsky: el “problema de Platón”, que se enuncia mediante la pregunta “¿cómo es posible que con tan pocos datos sepamos tanto?”; y el “problema de Orwell” que dice “¿cómo con tantos datos sabemos tan poco?”. Parece que Matías Escalera haya hecho su texto literario sobre una versión de estos dos problemas: con tan pocos datos narrativos conocemos todo un mundo, pero –al mismo tiempo–, con todo ese mundo sabemos muy poco de la historia narrada. La paradoja revela que algo ha desaparecido: la realidad. No se trata de un acto criminal, como el que señalaba Jean Baudrillard hace algunos años en El crimen perfecto, sino de una premeditada elección: Escalera no intenta representar la realidad sino aprehenderla. Este es el primer gran esfuerzo de esta obra. Aprehender significa asimilar de golpe toda una realidad, una totalidad. Una totalidad es una y distinta, un tiempo y los otros, unos personajes y sus contrarios, una concreción y sus abstracciones. Lo paradójico, en cambio, no se detiene en los problemáticos fundamentos en los que hemos colocado esta obra, puesto que intentar llegar a comprender una totalidad es una experiencia excesiva: lo contenido no puede, según la lógica formal que rige, contener al continente. Ninguna obra humana puede dar cuenta de una totalidad. Ése, sin embargo, es el segundo gran esfuerzo de esta obra: intentarlo. Matías Escalera no está ciego a este nuevo asunto y es por eso que utiliza una técnica narrativa específica para llevarlo a cabo: opera construyendo archipiélagos narrativos que si bien no dicen la totalidad
sí la insinúan, puesto que todo enunciado en esta novela tiene su relación con otro no escrito, ni señalado, ni definido, pero que, sin embargo, sí está advertido, requerido para comprender el ya dado o entrevisto por relaciones de continuidad. Esto se usa también en los niveles sintácticos y léxicos. A veces la única manera de dar cuenta de algo no es presentando ese algo sino haciendo que lo demás se presente a partir de lo que ese algo ha hecho con ese demás. Los personajes no son una excepción: ¿quiénes son Ezequiel, Julián, Rosario, Clara? ¿Sabemos cómo son físicamente? ¿Cómo es su vida? En las novelas decimonónicas sabíamos todo, es decir, todo lo que el narrador decía que era todo. Aquí sabemos todo lo que el narrador dice, pero aceptando que lo demás no está, sobre todo que hay un demás. A cambio, Matías Escalera paga un precio muy alto: su obra sobrepasa los límites, tanto en cantidad como en valor, de lo que se considera narrativamente normal. El exceso se convierte en una paradoja desde el mismo instante en que la novela no puede abarcar la totalidad. Para evitar la norma, debe abandonar el terreno de la representación, que le obligaría a dar cuenta constante de los referentes, para adentrarse en el terreno de lo que podríamos denominar una subjetivación diegética, modelo que le permite al autor componer juntas piezas autónomas, fragmentos, esbozos argumentales, nociones teóricas, anotaciones metalingüísticas, etc. en función de sus intereses. Un nuevo narrador omnipotente, y omnisciente, nuevo en tanto que no acepta no poder contar ninguna historia porque sabe que en este tiempo el relato se ha roto, que el espejo se ha hecho añicos, que la memoria está ocupada por los acontecimientos; hace entrar en escena las palabras, acciones, imágenes, grafismos y otros elementos que revelen esa mar invisible que se señala en el título: aquello que estando no vemos, cuya inmensidad y monotonía oculta la riqueza y diversidad de sus profundidades. Un mar invisible. Todos los elementos de esta novela forman parte de ese mar invisible. Para ello hace un tercer esfuerzo: no distinguir en la masa textual que compone la obra procedencias, géneros, etc. No importa que no esté la totalidad puesto que lo que verdaderamente importa a su autor es que esta inmersión en el mar ya nos hace ver lo que existe en su interior: lo tal vez nunca narrado. No se trata de describir, ni de relatar acciones, ni de componer caracteres: ninguna novela pueden agotar las descripciones, ni las acciones, ni la composición de caracteres. Esta novela tampoco. ¿Entonces para qué intentarlo? Pero sí puede hacerse otra cosa: explorar un mundo y anotarlo según el interés del autor, como cuando se toman apuntes de la realidad, salvo que aquí de lo que se toman apuntes es de una subjetividad, de unas subjetividades, que ha vivido como si fueran muchas. Nada parece tener entidad objetiva. Todo está sometido a la subjetividad de los personajes, que a su vez están sujetos al autor. Se pueden integrar, también, sensaciones, razones, efectos sonoros, ideas, etc. colocándolos al mismo nivel. Desaparece la estructura narrativa y aparece un, resulta inevitable, exceso retórico. Si la novela no se sostiene en la historia, puesto que su historia es todo (lo dicho y lo no dicho), tiene que apoyarse en las unidades elaboradas por la efectividad expresiva. Y a pesar de ello, el autor no muestra en ningún momento la carta de navegación: no sabemos a dónde va, ni de dónde viene. Renuncia premeditada a hacer una novela política, una novela “clásica”, una novela social. Defensa de una novela de la subjetividad.
Ese exceso retórico funciona como si se tratase de un texto que se alimenta del esperpento. Incluso cuando se esboza el eje sobre el que gira hechos y personajes: El Trópico Zumbón, sombra de aquel Madrid bohemio de Valle-Inclán. Un topoi que, igualmente, excede lo que constituiría en cualquier obra el lugar de la acción, puesto que éste existe, al comienzo de la novela; y deja de existir, al final de la misma. Un lector avezado podría preguntarse por la funcionalidad del mismo, dado que desde el primer momento se nos describe no por lo que es físicamente, sino por lo que hace, siendo un ejemplo de lo que antes hemos llamado archipiélagos narrativos: “El Trópico Zumbón era un lugar que encandilaba y ofuscaba (cautivaba, preferían otros) a quienes por allí pasaban“. Exceso retórico que se ve en los cientos de paréntesis que pueblan las frases de este texto y que las aclaran, especifican, traducen, sugieren, etc.
El lector se enfrenta, pues, a un texto narrativo que no declara aquello que cuenta, que se excede, que traspasa aquellos límites que hacen al lector, que le dan su constitución. Las cientos de luces puestas en medio del mar son inútiles para quienes pretendan guiarse por ellas: estando en él no hay perspectiva, no se ve nada. Las fuerzas abandonarán al lector que no respire y descanse en su nadar por este mar invisible. Como en el mar, no hay regresión, ni progresión, ni desarrollo. Hay marcas, señales, huellas, que son diseminadas a lo largo de las páginas de este texto. Nada sobra al lector en esta novela y, sin embargo, todo le sobra porque con ello no consigue su mundo. Y es así porque su mundo no está ahí. Casi al final de la novela aparece una cita de Leibniz: “Hay dos laberintos en los que la razón se extravía; el origen del mal y la consideración del infinito, de los indivisibles y de la continuidad (…) Pero, en realidad, ambos laberintos son uno mismo (afirma la voz narradora) La determinación de la causa del mal no es ajena a la aclaración de los principios que rigen la materia y la historia: pues Nosotros es, al mismo tiempo, Ellos y Todo”. Casi al final se nos muestra el motor del texto.
Queda en el lector una pregunta: “¿es posible entender lo que esta novela presenta sin haberlo vivido?”. Los autores saben que sin guiar al lector no pueden mantenerlo ahí. Matías Escalera renuncia a ello colocando al lector ante un mundo que no es el suyo, que no puede reconstruir y del que no puede obtener ninguna información objetiva rotunda. Un mundo al que, sin embargo, se le invita. También aquí hay una paradoja: que una obra que trata de encontrar un nuevo lector, tenga que hallarlo destruyéndolo. Éste es un viaje por un mar de signos, y son éstos los que componen la historia. Así está parte de nuestro tiempo, parece decir el autor. Así está parte de nuestro mundo, parece señalar. Pero esa parte mira a lo demás.
César de Vicente Hernando
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