Ago

23

CONFINES –agosto 2010–: ANA PEREZ CAÑAMARES

Por Viktor Gómez

ANA PÉREZ CAÑAMARES


Ana Pérez Cañamares (1968) nació en Santa Cruz de Tenerife y en la actualidad vive en Madrid. Algunos de sus cuentos han aparecido en antologías tales como Por favor sea breve (Editorial Páginas de Espuma), Lavapiés (Editorial Ópera Prima), Maldito amor mío (Editorial Signo Tres, Lima), o Escritos disconformes. Nuevos modelos de lectura (Ediciones Universidad de Salamanca). Colabora con algunos de sus poemas en las antologías Qué nos han hecho (Editorial Isla Varia), Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (Random House Mondadori), Versus.12 Rounds (Ediciones del Satélite), Bukowski Club Jam Session de Poesía 06-08 (Ediciones Escalera), 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Editorial Baile del Sol), Poesía Capital (Editorial Sial/Contrapunto), La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby Editores, próxima aparición), así como en distintas revistas impresas y digitales. Administra el blog El alma disponible (elalmadisponible.blogspot.com), dedicado a la poesía. En el 2007 publicó su primer libro de poemas, La alambrada de mi boca, en la Editorial Baile del Sol; esta misma editorial ha reeditado en el 2009 su libro de relatos En días idénticos a nubes. En la actualidad prepara su segundo poemario, Alfabeto de cicatrices.

ALFABETO DE CICATRICES

Con pulso de artificiero

escojo las palabras.

Manejo con tacto

la nitroglicerina de cada sílaba.

Por culpa de palabras mal usadas

a mi corazón lo cruza

un alfabeto de cicatrices.

PERDONADME QUE AHORA JUEGUE

Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa

Wislawa Szymborska

Cuando veo fútbol, tenis

carreras de fórmula 1

no olvido que en otras cadenas

siguen los telediarios.

Mientras gritamos gol

otro coche bomba explota

en un mercado; antes

de que acabe el set

habrá diez palestinos menos;

se apaga el semáforo

y una vida más en Guantánamo.

Mis padres llamaban

partes a los telediarios.

Ellos sabían que la guerra

no había terminado:

mientras en el salón la tele

vomitaba metralla,

la radio en la cocina

escupía recuentos de muertos.

Perdonadme que ahora juegue:

el dolor fue una institutriz severa.

ESTACIONES

Para la gente de Esferadeletras

Leo los poemas de Amijai en el tren

levanto la cabeza y ahí está:

la primavera estallando en los descampados

una gran bomba de la que el tren huye

porque los poemas que los árboles dictan

están escritos en un idioma exótico

que no entendemos los que vamos

a recluirnos en nuestras casas

la palabra estación ya sólo nos habla

de lugares en los que apearse

y el único sol que me calienta ahora

es el que apresaron las uvas

antes de hacerse vino.

LA ANTIGUA NIÑA PRODIGIO

Para Inma

Cansada ya de ser el payaso

de todas las reuniones

dispuesta a no llenar más

el vacío con ingenio

decides dar tu última fiesta

No pedirás regalos ni trajes de gala.

Los invitados traerán razones

para quererte

sin enamorarlos.

Cuál de ellos será el primero en darse cuenta

de que no has pedido ayuda al maquillaje

de que como tu gata

-el último animal que adoptes-

has decidido ponerte de parte

de la elegancia de las estatuas rotas

Los recibirás sentada en el sillón

que heredaste de tus padres muertos.

El trono de niña prodigio te quedaba grande.

No es que empequeñezcas; es que,

como todos, te has ido erosionando

y sólo en tu pelo las canas tiesas

hablan de tu pasado como muñeca.

Para ser buena anfitriona te bastará

con callar que los juegos son algo muy serio

que en leer las instrucciones se pasa la vida.

Bastará con aceptar la inocente avidez

de los que sacan las cartas

y levantan casinos de la nada.

Sonríes. Nadie sabrá que esta fiesta

será el ensayo de tus próximos proyectos:

olvidar las trampas que aprendiste

y camuflar en los abrazos

una coquetería irrenunciable.

LAS PIEDRAS

Durante las vacaciones

recogemos las piedras

que el mar nos regala.

Son las piedras con las que luego,

en el invierno, reconstruimos

las ruinas de nuestras guerras.

No sólo les pedimos

que resistan.

También que nos recuerden

que el mar existe.


Ago

20

CONFINES –agosto 2010–: JOSE Mª GÓMEZ VALERO

Por Viktor Gómez

JOSÉ MARÍA GÓMEZ VALERO


José María Gómez Valero (Sevilla, España, 1976). Autor de los libros de poesía: Miénteme (1997), El libro de los simulacros (1999), Travesía encendida (2005) y Lenguajes (2007, en colaboración con el pintor José Miguel Pereñíguez). Aparecerá en los próximos meses el libro de relatos para niñas y niños Las gafas de la niña intrépida, escrito en colaboración con David Eloy Rodríguez y Miguel Ángel García Argüez.
Poemas suyos han sido recogidos en diversas antologías nacionales e internacionales.

Participa en diferentes proyectos escénicos vinculados a la palabra poética con los que ha sido invitado a participar en numerosos auditorios –musicales, literarios, multidisciplinares…– y festivales artísticos. Su trabajo actual en el ámbito de la polipoesía y el spoken word puede conocerse en Todo se entiende sólo a medias (www.soloamedias.net), una acción poética de La Palabra Itinerante.

Imparte talleres de creación literaria desde 1997. Ha participado en exposiciones colectivas de arte contemporáneo. Es uno de los responsables de la editorial Libros de la Herida (www.librosdelaherida.blogspot.com) y forma parte del colectivo andaluz de acción cultural La Palabra Itinerante.

EL ESTRATEGA

El estratega había calculado

todos los movimientos de su ejército.

Cualquier contratiempo estaba previsto:

decenas de dibujos y de esquemas,

hijos de la pasión y del insomnio,

atestaban su tienda de campaña.

Su táctica era perfecta, brillante,

quizás el mejor plan de asalto diseñado.

No cabía la sorpresa o el error:

la ciudad caería al anochecer.

Llamó a los oficiales de su ejército

y les reveló: mirad, mi táctica es hermosa.

La ciudad caerá al anochecer,

se decía cada mañana el estratega

mientras contemplaba en el horizonte

las altas murallas de la ciudad.

(De Travesía Encendida)

SIMULACROS Y TRAICIONES

[el lenguaje de la mentira]

Cada trayecto que emprendía

era el principio de un desgarro.

Calmaba su sed en cuencos vacíos.

Enmascaraba con nombres todos los miedos.

De este modo acunó la enfermedad,

así cuajó la vida en crueles formas.

Labramos siempre tierras prometidas.

Nos dejamos morir en los brazos del mañana.

(Aquí se trata de mí.

Aquí se trata de ti y de mí.

Aquí se trata de ti y de ti y de ti y de mí).

(De Lenguajes)

NACER EN LA TELARAÑA QUE CUELGA DEL EJE DE LA RUEDA

I

Ningún tiempo es oscuro

si la luz te roza:

en el ojo del cisne

canta quien resucita,

azules recuerdos

sacuden al pez

en las redes,

en los océanos de los mapas

nadan los ahogados.

La lucha por palpar

con las palabras

el brillo oculto de estos días

–advertir en los labios

cómo se forma y crece

la primera burbuja de silencio–

(La lucha por palpar

con las palabras

el brillo oculto de estos días).

II

Dejar rastros de amor

en el camino hendido por la rueda.

Extender el mantel de la alegría

sobre la ceniza del daño.

Decir ventana

y que entre el cielo.

(De Lenguajes)

APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA CUALQUIERA

Nacer,

memorizar los signos,

ocupar una celda

en la intemperie.

Reconocer a tientas

la dureza de cada límite,

los contornos del orden.

Asistir cada día

al silencioso pacto,

ser cómplice

de piedras y difuntos

Jugar a cosas serias.

Mentir de corazón.

La noche,

los velos,

los desvelos.

La voz de la sólida sombra.

Arroparse sin sueño,

ansiar el tiempo en que nada se derrumba.

(Inédito)

Ago

18

CONFINES –agosto 2010–: MARÍA SALGADO

Por Viktor Gómez

MARÍA SALGADO


[Foto de Pepe Calvo]

María Salgado (Madrid, 1984) En 2007 publicó ferias (UP José Hierro de S. S. Reyes, III Premio Félix Grande) Hay poemas suyos en varias revistas (Letra Clara, Kafka, La más bella, zapatosrojos.com.ar, Viento Sur, Cuadernos del matemático…) y en dos antologías del año 2004 (Todo es poesía menos la poesía y Periféricos) y, en 2009, coordinó el pliego Lxs de tu clase, tres poetas argentinos (Manuales de instrucciones).

Tuvo un grupo pank que nació y murió para tocar en Ladyfest Madrid 08. Fue co-inventora y co-redactora, junto a Gonzalo Escarpa, del fanzine (y sus alrededores no impresos) Circo de Pulgas. Desorienta el blog: globorapido.blogspot.com.

FUERA DE CASA / UNO

siento el sol sobre la cara limpiamente la mañana de un domingo

sobre la plaza, en la esquina, se ignora un edificio grande, blanco

y silueta de mujer con gorro, espuma

apenas he dormido, no entiendo bien qué hice ayer, me paro

contra la plaza quizás esté rompiendo el agua de la

brazada sorda en tiempo de espiral de una muchacha escueta esquemática

ritmo de crol, ritmo de mariposa, ritmo sensible, aletear, flotar

caer al fondo en un silencio ahogado contenido

mensurable

hogareño, por tanto, casa de agua

miro mi sol cronometrado en el invierno, me hace señas simples,

es de agradecer su sencilla compañía

Ago

17

CONFINES –agosto 2010–: PEDRO MONTEALEGRE

Por Viktor Gómez

PEDRO MONTEALEGRE


Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975) es periodista. Reside en Manises, Valencia, desde el año 2001. Ha publicado los libros Santos Subrogantes (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998); La Palabra Rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005), El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de Agosto, 2006) y Transversal (El Billar de Lucrecia, México, 2007). Edita el blog: montealegrepedro.blogspot.com.

3

Todos nos acostamos con un burro y con un muerto.

La fábrica se adelantaba a las frases y al símbolo,

–los condones llenos con maicena, con tinta

del interior de un pulpo. Una vez en el mercado

dijimos: señora, déme ventosas, gloria ignota del mar.

Sudada ante la presencia del maligno, un trozo

de enagua nos dio –para que lloviera– reverso

del poema y la trampa: su corazón atravesado

por humo de tabaco, un humo de pira –mitad del sepelio–:

caía champán desde el meato de las muchachas.

No teníamos eso. Estómago, no: juego de chola.

La paja. ¿La mirada blanca? Los chaperos

subieron –boda y vínculo– al cénit. La sangre se hizo

real, como el golpe, lupanar. Violencia; léase, anótese.

Y si es que rompo una copa con los dientes; si rompo

un lápiz-mina con el culo; si con todo el peso

salto en el aparato del bebé –el que ejercita sus piernas–

y decimos éxtasis, popper bendito –aquél que se inhala–

no el filósofo facha, o fecha; o ficha. El primero eres tú,

perito en torturar la tragedia, ¿la tengo?; la segunda, el día

de la menstruación, cuando abramos la boca: el tono

de los ángeles totalmente expuesto: los mercados tendrán

razón de quiebra. La tercera, te tengo –hábil calígrafo–

sin duda identificado. Sé lo que respiras,

lo que esputas e impeles. Sé muy bien asistir a una fiesta

y enseñar el agujero en la exila. Y que el golondrino

no haga verano o nido, aunque nos acostemos llorando

con un muerto, y el burro ya lo intuya.

5

Amy Winehouse se hizo la raya en el ojo y la inhaló.

Puso un kilo de carne en la joroba de su cabello;

luego estando borracha lo hizo sólido, hizo polvo ese kilo

en un mortero de roca, cantando, mientras el sol

echaba semillas –los gorriones felices. Hizo polvo esa carne

y lo inhaló. Sacó la lengua para recibir una hostia

pero entró un pequeño disco de vinilo. Todos los amantes

son la chica inglesa, la maravilla, el portón abierto

entre sus dientes. Los amantes pusieron la radio;

giró la luna y no el grifo del agua: el rostro con tizne,

rastro de caracoles o pequeñas estelas de cuarzo

manchando la entrada de la nariz. Porque la estrella

sale arañada de una fiesta, adelgaza, la cara se le chupa

y aparece la calavera, otra gramática. Los amantes

devolvieron un plato. Vomitaron a la cuenta de 3;

los parafílicos dijeron algo bajo la ducha: el disco

de la Winehouse al girar de noche: no, no. Nos hicimos

con la punta del dedo ardiendo –inmolación del fósforo–

una línea negra encima del párpado. Año 60. Año

de hambruna, de swing no entendido –baños públicos

donde el solitario anota un teléfono. Metimos

un ojo por la abertura. Y la boca. Y sonreímos

porque nos faltaba un diente –lo arrancamos nosotros mismos

para afilar una cuchilla. Amy Winehouse es punky,

añade un comentario. La cantante, una diva de verdad,

destruye el ideario del cuerpo –o costra– no hace

más que repetir, ¿el cliché es la música? Es arte:

canon o carnicería –el opinólogo suma. El disco

salta bajo la aguja, giramos en órbitas –cristales de crack–

semiorbitamos el tronco –costillas marcadas. Yonkis

nacidos de la amapola, clínicas de desintoxicación,

décadas levitantes. A nadie le sorprende un caballo.

(Ni Blanca Andreu –ni su niña de provincias– sorprende).

Hablamos de Amy. Los amantes, sus índices, la yema

en el límite del cieno, superan el olor de los perros mojados.

Dildo o jeringa, palabra en todas direcciones. La mecánica

de penetrar es la misma. El giro. El giro. La música

pide rehabilitación. Pero Amy dice no y el poema, no.

6

Le besamos el trasero a una yegua. No bastó

que pisáramos la cucaracha –sonido de galletas

bajo un pie de niño– y que el sudor –acetona–,

fuera tintura, sangrado menstrual: tintura

el jugo morado del maqui, pintándote la boca

como un Jocker –juego de cartas no hay: no hay

siquiera comodín– : divertido lo swinger

como el swing, el lolipop, lolipop –coro

o en corro de cuerpos: sirven bosques, sirven

aparcamientos –lejos– dunas de playas. Mientras

besamos el trasero de un camello –lo somos– da

maná de su joroba: la rosa de Jericó, esfínter verde

abierto como líquen, piernas –millones, velludas– 200

la medusa del desierto, así le dicen, mientras tú

no piensas en desiertos ni en rosas. Sí en perlas.

Sí en lo que suma. Uno. Y otra. Y más: siguen

dejando el matiz –todo está grabado en papiros,

pinturas murales, mosaicos– mientras las puertas

de los automóviles se abren, y salen gaviotas,

espuma marina del retrovisor, gusanos de seda

que se comerán nuestras uñas. El dolor está

en la culpa –el sonido del carnicero cuando corta–:

alguno escucha llover mientras golpean la cara

de una chica: la orinan, ella gana, se rebela: clava

un tacón aguja sobre el testículo. El profeta

gime. La tentación es un triángulo de avería.

Y hay mostacillas. Carmín. Monedas falsas.

Y hay hambre. Hay muertos. Reptiles

duermen en la cabeza de los calvos.

Golondrinas hacen nidos blancos en la nariz.

Pones un disco compacto, esperas en tu coche

a que se acerquen los amantes. La rosa de Jericó,

tu abierto pectoral: sonido, follaje seco

que luego da rocío. Polvo y perlas. Tocas

la lluvia con un dedo, hombres bellísimos,

racimo de uvas cruzadas por la brisa,

huella de ruedas y un sendero. Llaves perdidas

entre las pisadas, mariposas confusas:

no es un nardo, una campanilla transparente,

el preservativo colgando contra el sol.

Poemas de Muchachos Cayendo de las Nubes (inédito)

Ago

14

CONFINES –agosto 2010–: LUCIA BOSCÁ GOMEZ

Por Viktor Gómez

LUCÍA BOSCÁ


Lucía Boscà Gómez (Valencia, 1985). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, estudia actualmente para terminar el Doctorado en el departamento de Teoría de los Lenguajes en la misma universidad. Sus poemas han sido publicados en 23 Pandoras (Baile del sol, 2009), Estaciones desnudas (Editorial Cocó, 2007), Nube de Cifras (Editorial Cocó, 2008) y Verso a verso II (Colección Náyade, 2005), así como en las revistas Vulture, Creatura y Adiós.

[Al interior del pájaro, justo...]

Al interior del pájaro, justo

en su centro: algo

empapado. Y algo en pequeños ovillos.

Ya no hay quién, que todo son

conversiones, y un daño hecho de negro y

de negro hecho el camino.

Pero hubo un tiempo,

y el hombre nacía del pájaro.

[Descanso: no...]

Descanso: no

aquí / sumergido

en ningún lugar. ¿Y cuántas

vidas han faltado

para dar un paso, dos?

¿Qué habrá

de las siguientes,

de todas aquellas,

las que terminaron

por empezar?

[La siembra todavía...]

La siembra todavía…

¡No contar! Sino ser

contado como al pasar el coche rojo

de algún niño.

Salvarse y seguir siéndolo

(fruto, tierra, pan)

entre cajas de cartón

entre cajas de cartón / en el

portal amontonadas:

así

te sentías. ¿Qué podrías

haber dicho tú entonces?

Ago

13

CONFINES –agosto 2010–: ELOY SANTOS

Por Viktor Gómez

ELOY SANTOS


Eloy Santos (Salamanca, 1963). Poeta y escritor, es Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Salamanca. Ha vivido en Roma durante la mayor parte de su vida, por lo que sus primeros poemas fueron publicados en lengua italiana, como es el caso del poemario Nettunaria e altre poesie (Via del vento, 2002) y una selección poética en las antologías Lingue di mare, lingue di terra (1999) y Omaggio alla poesia spagnola (2004). En español ha publicado Donde nadie dice (Barallana, 2003) y Libro de olas (Elogio del horizonte, 2006). También ha coordinado el pliego Campo de retama, 13 poetas italianos contemporáneos (Manuales de instrucciones, 2009).

TALUD

Al borde de las vías,

sobre el incierto istmo que separa

el manto de gravilla de los campos sembrados,

a la tierra de nadie

ha regresado el asombroso reino,

las cenicientas del jardín de Flora.

La sagrada maleza

derrama entre dos áridos el hondo

perfume de lo grato, las galas inocentes

del diente de león y la violeta,

del cardo

y la retama

y la amapola,

la corte de colores de las frágiles,

las pobres damas de la malahierba.

Prendido a la ventana del vagón

en el tren detenido en la llanura

no hallo nada más cierto, más hermoso,

más digno de atención

o de ternura,

que esta selva azarosa

asediada en las lindes de lo útil,

y en las grietas sin dueño de todas las afueras,

donde nadie la nota,

ni recoge

su encendida lección de maravillas.

[Como un halcón ingrávido...]

Como un halcón ingrávido

que una broma del viento sostuviera en el aire

ocupo el lento espacio de mi cuerpo.

Mis ojos buscan lejos de mis ojos

un alma que me acoja, una rama desnuda.

He subido a pedir vuelo a mi sombra,

una senda en el vértigo.

Sentado ante una mesa que murmura

nubes incomprensibles

cultivo tiempo, signos, esperanza.

Me finjo escriba, o rey ensimismado

en su bella durmiente de papel.

Y más allá de mí contemplo un río,

un viejo río, el único, cuyo cauce es la vida.

Y con mi caña de pescar soñada

lleno mis manos de peces de otro mundo

y los vuelvo a soltar aguas arriba,

justo un momento antes de encontrarlos,

por el placer de parecerme a Dios

cuando nadie me mira.

RELOJ

De las entrañas del reloj llegaron

los secretos ejércitos que abatieron la casa.

Sus moradores lo veían sólo

como un objeto más, un manso oráculo

que ordenaba los días.

Por eso no le hacían mucho caso:

iban deprisa de la aurora al crepúsculo,

de la cama a las calles, o a los sueños,

casi sin darse cuenta, mientras él

velaba en la pared, profundo y solo,

ojo de agua quieta con agujas

exactas y apacibles.

Encontró a alguien que le diera cuerda,

por lo demás fue fácil, no mentía.

Sólo en las lentas noches de verano,

bajo la lámpara de los insomnios,

creían advertir que se caían,

que la casa era un ciego extraviado

tras los golpes oscuros de su propio bastón.

Es el reloj, pensaban, qué fuerte suena ahora.

Con tino y tacto fue talando el tiempo,

el bosque misterioso de las horas.

Su hacha diminuta e incansable

llegó al hondón de las habitaciones,

hizo rodar cabezas una a una, amputó

las manos que le daban cuerda y furia.

Su voz seguía tenue en el salón

cuando ya nadie la podía oír,

y luego fue cesando,

herida,

imperceptible,

pues hay otros relojes

más fieros que los nuestros

que acaban por matarlos.

LABOR

En torno a la camilla las mujeres

conducen las agujas del reloj de la tarde.

Un templado sosiego de metales

acaricia la estancia, la hipnotiza

con dedos inefables y danza de muñecas.

Prendida en los visillos, la infinita

tarde levanta espuma de colores,

invoca un viejo ángel

de oro atravesando la paz de las madejas.

Ahí están las esclavas del Señor,

sus mudas hilanderas meditando

sagradas escrituras de lana minuciosa.

Desde un regazo oculto, entre los codos,

por el extremo vivo de los ovillos

que brincan por el suelo y sueñan gatos

se asoma con paciencia una bufanda,

la manga de un jersey,

un guante o un patuco inmaculado.

Una de ellas, de pie en la indecisa luz,

prende el anochecer de una bombilla

y con una inquietud que no comprende

deja huir un suspiro

sobre el río del aire,

un mudo hilván de aliento

que suspende las manos y los siglos

y revela, al trasluz de las mujeres que recogen sus labores,

la inexpugnable trama silenciosa

que sostiene este mundo.

[Ésta es la puerta de mis Samarcandas,...]

Ésta es la puerta de mis Samarcandas,

mi puente levadizo al aire,

el vado

donde pasa el mar Rojo mi pueblo

de uno sólo,

mientras se hunde el faraón del miedo.

Mentira en realidad,

éste es el reino,

la página mortal donde estoy vivo.

La nave fénix que mecía a Ulises,

la espada al sol de mi Quijote a cuestas.

Palacio de papel

sin llaves ni salón,

cabaña a pájaros,

desolado solar donde vago por breñas

y encuentro lo que ves…

ésta es mi casa.

[Hemos sido juguetes...]

Hemos sido juguetes

en las manos violentas de niños locos

que parecían dioses,

y habían sido juguetes

en las manos violentas de niños locos

que parecían dioses.

[Los que más me conocen...]

Los que más me conocen

dicen de mí que vivo a uvas,

lejos

de la conversación y el hilo,

ido

como una carabela que nunca regresó

de su inicial viaje

o no supiera cómo.

Lo acepto: soy el extranjero ausente,

el que traza la lluvia con el índice

sobre la luz huidiza del cristal,

el que llora con gotas que resbalan por fuera

la tristeza del agua entre dos mundos.

No es mala voluntad,

es que estar despistado

es atender a muchas razones a la vez,

y una soberbia idolatría dentro

no en vano me susurra

que yo no soy de aquí,

que no me entregue

a estas bestias de bar y de domingos

que ignoran dónde están las esclavas cantoras

y cualquier otra estrella

desde las que vendrán un día a rescatarme.

[Llegue la sangre al río de la aurora,...]

Llegue la sangre al río de la aurora,

lo encienda con su llamarada al tacto,

a los relámpagos de la visión.

Durante mucho tiempo has ocultado

la espesa sangre savia,

el árbol interior que te golpea

del corazón al mundo,

que te empuja a salir

al bosque irremediable de la piel que comprende,

al atlas de ti mismo en las hormigas.

Ahora deja atrás tus bodegones:

reviente la granada de pura encarnación,

ceda el plato a su añico,

resucite la perdiz y alumbre el campo

con sonoro plumaje que sacuda el cielo.

Y el callado mantel de crudo lino

que sostuvo tu ausencia

se rasgue para el pan de destrucción,

cultive liquen, sea sucio trapo, mortaja

feliz donde olvidó su rostro un hombre.

[Me persigue en los sueños, ciertas noches,...]

Me persigue en los sueños, ciertas noches,

con inquina feroz y ojos de brasa

que infestan de odio el cuarto, de humaredas

(y yo tiemblo de miedo,

me finjo diminuto).

Es un gigante cruel, inexplicable,

que atiza hogueras como truenos,

golpes

como cuervos de sangre en la tormenta.

Destroza armarios, muros, los visillos

rasgados de mis lágrimas, me aferra,

me lleva a rastras a su horrendo abismo.

Sé que voy a morir,

sé ya que estoy muriendo

en esas manos

y de pronto

empiezo

a recordar.

De nuevo.

Dejo de defenderme y

– por favor -

le pido con tristeza que recuerde

quién soy yo

quién es él.

Sorprendido,

ignorado,

empieza a deshacerse,

pierde el gesto salvaje,

las barbas,

la estatura.

Se queda inmóvil.

Sufre.

Mira a su alrededor

como quien vuelve desde algún lugar

de la imaginación, y no sabe quién es.

Pone una mano encima de mi hombro

y me pide perdón

o sólo calla.

Caminamos despacio

por una acera gris de aquellos tiempos,

mudos, desanimados los dos,

solos.

Al rato me pregunta

si ya dejé la escuela, qué me gusta,

si yo también tuve hijos,

cómo es que me hice viejo tan deprisa.

Yo me quedo mirándole un instante,

e igual que si viviera todavía,

no sé qué contestar.

Mientras tanto, se encienden las farolas.

Anochece en las cornisas del barrio

y en todas las ciudades que conozco,

como si lo que acabo de soñar

nunca hubiera ocurrido.

[Padre,...]

Padre,

ceniza cosechada y esparcida en la tierra

que el viento olvida y pierde

mientras cruza los páramos del reino.

De lo que fue tu voluntad no queda

sino un cuenco de sed aquí dormida,

un poso gris que casi no distingo.

Si fuiste pan

y fuiste también dientes amargos,

yo he sido el hambre póstuma,

la silenciosa orilla de aquella furia inútil.

Tus deudas, fueran las que fueran,

fui

pagándolas a ratos,

cuando pude,

hasta que sepa cuáles son

y aprenda a olvidarlas

poco a poco.

He buscado

a tientas el perdón, la libertad

de ser y de existir como cualquiera,

hijo y padre de mí, voluntad inapelable

de la vida, ese azar que nunca se discute.

Ni siquiera cuando llega la muerte.

Amén.

Ago

10

CONFINES –agosto 2010–: GUADALUPE GRANDE

Por Viktor Gómez

GUADALUPE GRANDE


Guadalupe Grande nació en Madrid en 1965. Es licenciada en Antropología Social. Ha publicado los libros de poesía El libro de Lilit (Premio Rafael Alberti 1995, Renacimiento, Madrid, 1996), La llave de niebla (Calambur, Madrid, 2003), Mapas de cera (Poesía Circulante, Málaga, 2006) y Hotel para herizos (Calambur, Madrid, 2010). Junto a Juan Carlos Mestre ha traducido La aldea de sal, antología del poeta brasileño Lêdo Ivo (Calambur, 2009) Como crítico literario, ha colaborado desde 1989 en diversas publicaciones: El Mundo, El Independiente, Cuadernos Hispanoamericanos, El Urogallo, Reseña, etcétera. En el ámbito internacional, ha sido invitada a leer en diversas instituciones y festivales, como la Universidad de la Sapienza, Roma, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Festival Internacional de Poesía de Bogotá, o el Festival Internacional de Poesía de Sarajevo. En el año 2008 obtuvo la Beca Valle Inclán para la creación literaria en la Academia de España en Roma.

PÓRTICO

¿Será hacia esta luz?, vivir es ver volver, entonces el regreso,

regresar para vivir,

retornar con la pupila de otros días a la mirada de hoy,

como regresan las plantas a la luz, como retorna la hoja a la raíz, como llega la semilla al fruto de su íntima voluntad.

Todos se han ido y sólo queda regresar.

No es el baile de la memoria, no son los pasos del recuerdo, no es la sombra de lo que ya no está,

es la luz en la que sólo acontece el regreso.

Te veo volver.

Sabes que todos se han ido y la mano pequeña se quedó en la grieta del muro cuando guardaba la caja de las últimas cosas: la crisálida de la libélula, la cicatriz de nieve, la carta que no enviaste, la llave de niebla, la colección de sellos para las amantes del padre, el hilo que guardaba tu madre para el laberinto, las uñas del gato muerto, el disco que siempre suena, mateo, mateo, por qué no me supiste esperar, la fotografía de la silla donde te sientas a mirar el mundo, un helecho de cristal, la espiga de oro y el pico del mirlo y la sombra invisible de la alondra (pétalos secos para el amor, nido de levadura).

Palabras, tan sólo palabras,

un cuaderno para cada palabra,

y la luz azul del pentagrama, je reviens, je reviens

y el ángel que te esperaba cada mañana en el autobús del colegio y que sólo ahora puedes ver.

Todos se han ido y sólo queda regresar:

centinela en penumbra de la piel, regreso mudo de luz y hierbaroma que atraviesa la infancia y su cicatriz.

Queda en la grieta del muro el pequeño ataúd para tu mano, las últimas cosas en un calidoscopio incesante que gira despacio en la penumbra de los días, humo y sombra en su laberinto de espejos, pequeños insectos, últimos gestos de la vida allí, fragmentos de rastros, cuadernos para la caligrafía del tiempo.

UNA VIDA MEJOR

Y daría igual que fuéramos eternos.

El escaparate brilla como los fuegos fatuos.

Tras el cristal las minúsculas manos desmenuzan la herrumbre,

una maleta, un pañuelo, un zapato, el cinturón de falsa serpiente, plumas de avestruz para el sombrero que ya nadie llevará,

así brilla el tiempo tras el cristal, fruta escarchada de los días, brillo mineral colgado de un árbol cortado, pez anudado a la cuerda de tender.

Y dará lo mismo que seamos eternos.

Mirar los escaparates, corchea arriba, semifusa abajo,

acompasar el paso para tropezar,

para llegar al mediodía, para llegar al anochecer.

Un escaparate y luego otro, y al fondo, el cajero y su ábaco de lágrimas: pasar o no pasar. O quedarnos aquí, moliendo la herrumbre con el molinillo de té.

Pero los guantes de gamuza se posan sobre el piano. Do re mi, sordamente, fa, sol, sol, felpa constante en la percusión. No, no hay pez martillo que valga. No hay animal de sombra ni luz en esta cuenta de adverbios: aquí, allí, ahora, entonces, cuándo.

Daría lo mismo que fuéramos eternos, entonces, ahora, hoy o jamás.

Es mucho más simple. No es cuestión de constelaciones, no es el brillo de la madera trasmutado en ballena, no es la piedra roseta, ni el esperanto de la lluvia, no el canto de sirena deletreado en los surcos de la pizarra. Es mucho más simple.

Una vida mejor, tan solo una vida mejor.

Una vida con memoria de elefante y sed de camello y ojo de lince, brújula de cormorán, solidaridad de hormiga, precisión de abeja, una vida con fidelidad de cisne y sonrisa de chimpancé y delicadeza de libélula y piel de leopardo, conversación de bosque, majestad de cordillera y siempre el cuento de nunca acabar.

Primera lección nunca aprendida en las cuevas de sésamo: la vida está aquí, no allí, y todos creen que seremos eternos.

En el escaparate brilla la caja registradora, pequeña cola de alacrán, servilletero que nos abraza a la mesa,

una     vida     mejor,

aquí, allí, al otro lado del cristal.

Y nada importa que seamos eternos.

GATAS PARIENDO

Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido

Y un verano y luego otro y otro más hasta llegar a esta noche

al fondo del jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo

a oscuras    de noche    palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo

y ese gato no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada

Y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir

Qué pensaría nadie y quien es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida dices que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya Eso te dices para bordear la herida

Escuchas el maullido del gato Has visto un hombre sin brazos al borde de la limosna has rozado la pierna perdida del animal en el pantalón doblado sobre el muslo has comprendido que la muerte es un ramo de rosas de plástico atado a un farol

y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable, una persecución en la sombra

Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley

Ago

4

CONFINES –agosto 2010 –: MIGUEL ÁNGEL CURIEL

Por Viktor Gómez

MIGUEL ÁNGEL CURIEL


Miguel Ángel Curiel (Korbach Valdeck, Alemania, 31 de marzo de 1968). Fundamentalmente poeta y narrador, es español, aunque nació en Alemania, hacia donde habían emigrado sus padres, originarios de Jaraiz de la Vera (Cáceres); con un año de edad su familia se trasladó a Talavera de la Reina, provincia de Toledo, donde transcurrió su infancia y la mayor parte de su juventud. Hizo estudios de Geografía e Historia en Madrid. Viajero impenitente, ha estado en Potiers, Saarbrucken, Nuremberg y Florencia y en su juventud militó activamente en política; también fue cantautor. En la actualidad reside en Lugo. Es autor de los libros: El Verano (accésit del premio Adonáis, 2000), Un libro difícil (Premio Esquío de poesía, 2005), Por efecto de las aguas (Premio de poesía San Juan de la Cruz, 2008, Colección Adonáis), Diario de la Luz (DVD, Barcelona, 2008)

TORMENTA EN LA RAIA

La tormenta se nos echó encima.

Plástica y efímera como todo

lo que es bello por sí mismo.

Se quema el árbol en la lejanía

de estas sierras espeluznantes

donde cuesta andar y

cuesta escribir.

Tirar esa palabra al mar.

Tirarlas todas al mar.

Devolvérselas a Dios.

Cegar con piedras

el pozo de la luz.

PÁJAROS

No importa la edad de un pájaro.

Más ilumina la melodía

en la oscuridad.

Atravesamos una zarza dulce

y se echa a volar el dolor.

Hemos congelado la rosa.

Hemos congelado la luz,

las manzanas negras.

Nos hemos congelado

a nosotros mismos.

Gallinita ciega que

a mis pies se convirtió

en un puñado de sal.

CUCHARADAS DE VINO

Cuando oigo mi nombre

en boca de otro

siento miedo y placer.

Después me despierto

como nieve pegada al muro,

o acaso me alimento

de visiones breves.

Cucharadas de vino.

MUNCH

Para Víctor Gómez Ferrer

“Coimbra a 22 de diciembre de 1989:

ha muerto Beckett. Con su obra lúcida,

esperanza esculpida en el rostro”

Miguel Torga

El grito de Munch es un grito de luz.

La boca oscura nunca se cierra.

Él inyecta agua o leche en los párpados.

El grito gira en su silencio,

en el desagüe el sol.

El único dios que he visto es el huracán.

Mientras cuece el agua afuera hay nieve.

Suyas son las huellas que llegan hasta la casa.

Enhebra el hilo, pero un día el rostro

ya no podrá enhebrarlo. Si clavarse la aguja

para seguir viendo lo invisible.

Agudizar. Elegir el sitio del dolor.

En vez de un poema liberador

un poema a secas.

PINO DE LOS CAÑOS

Cuelga la piedra del chopo

y lo inclina hacia la nada.

Remuevo el saúco y lo que

cae de él es mi nombre.

Si fuera un árbol sería

como ese pino que forma

con la tierra un ángulo agudo.

(De catorce grados, como el vino solar

de esta tierra lejana y oscura

donde pasé mi juventud)

BUITRES

Los buitres son buenos.

Trabajan el marfil.

Cuidan de los huérfanos de la primavera.

Esos corderitos lamen el oído.

Todos los seres queridos se convierten

un día en reses.

¿Así es como se acercan?

No se va el silencio.

Nunca se va.

Ya nunca estoy en los poemas.

LUGAR

Poco cambió este lugar.

Inalterable y solitario

siempre abierto al mediodía.

Tu poesía parece haberse ido

muy lejos a buscarte y

nunca te has marchado.

Ya no la dominas, demasiado lejana.

El pulso te tiembla por el pájaro

que hay dentro de ti.

Le das vino.

Abres la boca para que escape.

Abres el grifo y escuchas.

Algo se ha cerrado para siempre.

FARO

Este faro donde

me han invitado a dormir

y donde no consigo dormir.

Enviamos luz

y un haz negro hacia el fondo.

Guiar la aventura.

De esta soledad

dependen muchos.

CROCUS

Pisad crocus.

No recojáis crocus.

No os comáis los crocus.

Pisad esos crocus negros que salen bajo la nieve.

No os llevéis los crocus a casa.

No arranquéis los estambres de los crocus.

No os comáis esas florecillas que salen bajo la nieve.

No llenéis de crocus las cajitas.

No echéis al fuego los crocus.

No vendáis los crocus.

No metáis en las orejas de los cerdos los crocus.

No los oláis.

CAJA

El vacío es una caja

hecha por ángeles,

encierra toda la

oscuridad del mundo

y alguien la echa al fuego…

LOCURA

Llanuras sin montañas al fondo.

Parece un buen sitio para escribir

y dejarse el pelo largo.

Todos los alacranes son míos.

El veneno negro de la luz.

Los ojos vuelan.

Algún día nevara.

Es un buen lugar para la nieve.

Mi boca está vacía

por la sequía y la locura.

Lo amarillo pincha el ojo.

Suena el gong.

PESCANDO EN EL TIETAR

Pesco, el sol no deja que piense en mí.

Lanzo y recojo.

El sol no deja que vea la boya

que baila en el agua.

Si se clava la muerte

el sol no me dejará ver la picada.

Tirará hasta romper el sedal.

Cuando pesco no lucho.

Bebo el agua.

ESTORNINOS

Estorninos.

Bucles de estorninos.

Ceniza de las palabras

que han iluminado el día.

¿Y qué le hemos dicho a los jefes,

a los idiotas, a los perros

que muerden huesos de aviones?

Bucles de estornino.

Hemos callado

y hemos fabricado

cajas de silencio.

EL ÚLTIMO DÍA DEL MUNDO

Es el último día del mundo

y todo está tranquilo.

Nadie vuelve del amor.

La carretera va hacia el sol.

El camino del invierno

atraviesa el verano.

Morir mientras duermes.

No pueden quemarse

nuestros ojos en la nieve.

Las visiones no son visibles.

BLANCO

Las palabras quemaron la boca.

El silencio o las uvas los ojos.

La leche quemó el hígado.

Esta hoja,

este blanco de la hoja,

afuera esa nieve,

ese blanco de la vida.

Casa caliente

mundo frío.

Desnudo

me traga el silencio

mientras me como el pan.

OCTUBRE

Vengo de aquellas montañas.

Mi poesía viene de aquellas montañas

a las que raras veces canto.

Si fuera el cazador de perdices negras

fundaría en ellas una ciudad

para los desposeídos.

La poesía ha muerto

y las montañas viven.

Qué pocas palabras me quedan

para decirlo todo.

Mejor no escribirlas

y se pierdan en la luz.

MESA PUESTA

Nadie come.

Está todo puesto para ser olvidado.

El lenguaje mismo

ya no quiere ser bello.

Es el lenguaje de un viejo que va de blanco.

Toma el vino en la concha

para emborrachar a su ángel.

Un techo blanco

y tener agua, grifos de luz.

Se oyen los pasos,

las explosiones de dinamita.

Desde la ventana se ve la boca del túnel.

¿Hay himen en la boca abierta?

¿Cómo puede romperlo una palabra?

Tener un pozo de nieve

donde echar al ciervo.

MODIGLIANI

Los que se van.

Ese instante.

Se pierden ellos primero en la luz

y luego la luz en nosotros.

El calor de la piedra

en la mano fría.

El agua tibia,

o siempre un poco más fría

que el vino.

Jacobo Modigliani intenso en la nada.

Se puede morir de miedo,

pintar de lejos los propios ojos

hasta deformar la propia vida.

Tocar el piano muy lento,

más suave.

Besar una tecla mientras

se cuece el agua.

CUERDA

Se trenza la cuerda.

No se rompe ninguna palabra

por el peso del mundo.

Pero yo si me rompo al hablar.

Trenzo el silencio.

Que no se rompa el hilo de luz

que me voy comiendo.

Espacio oscuro,

nada brilla.

Lo que veo no está.

La nieve que piso es mi edad.

Sé que es blanca.

pero no hay luz para hablar de ello.

Cualquier bicho de ojos rojos está caliente.

Se queman por dentro.

Tampoco la ceniza se ve,

ni la vaca con la que choco.

CARTA DEL 1 DE NOVIEMBRE

En una ciudad cualquiera

en un cementerio cualquiera

donde nunca vivió ni murió uno de los míos,

donde me encuentro de paso

y a la que supongo nunca volveré,

he comprado unas flores y se las he dado

a una muchacha. Me las ha cogido

como si ya estuviera muerto.

Así me ha mirado, entonces más arriba

dicen mis ojos, donde la luz

se come los pájaros.

No lo dicen siempre.

No siempre están pensando en lo que ven,

o lo que no ven es más puro

y entonces menos visible.

La fruta cae y se pudre.

De más arriba cae el amor

y se restablece.

Desde un poco más arriba nada se cae.

¿Vamos nosotros hasta esas alturas

A tirarlo a la tierra

o a soplar el vidrio de la visión?

Ago

3

CONFINES –agosto 2010–: CARLOS PIERA

Por Viktor Gómez

CARLOS PIERA


Carlos Piera Gil (Madrid, 1942). Estudió en el Liceo Francés de Madrid, en la Universidad Complutense de Madrid y, luego, en Barcelona. Miembro del Círculo Lingüístico de Madrid, junto con Rafael Sánchez Ferlosio, Víctor Sánchez de Zavala, Agustín García Calvo e Isabel Llácer. Se doctoró en la UCLA con una tesis inédita sobre métrica. Ha sido profesor en la Cornell University (Ithaca, EEUU) y en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue miembro del consejo de redacción de la revista de ensayo La balsa de la medusa. Es responsable de la sección de métrica de la Revista de Erudición y Crítica. Es autor de cuatro libros de poesía: Versos (1972), Antología para un papagayo (1984), De lo que viene como si se fuera (1991) y Religio y otros poemas (2005). Ha publicado un libro de ensayo, titulado Contrariedades del sujeto (1993).

ESPECTRO BREVEMENTE

Een schilderij die spreekt, een spook van weinig’uren

[Una pintura que habla, un fantasma de unas pocas horas]

CONSTANTIJN HUYGENS, EEN COMEDIANT

A una señora mayor que vivía sola

e imaginaba visitas de vivos y muertos,

que siempre la dejaban sin despedirse

Esa televisión tuya de espectros

a falta de presente

se enciende y se apaga sola, como el presente,

ciudad de puras desapariciones.

Hace familia de lo que no ha llegado, de las

intemperies pequeñas , las infidelidades

del electrodoméstico, lo que, en tiempos perdidos,

era querer abrazos y no saber de quién.

Vienen como a tomar el té, como si estar aquí fuera lo lógico,

como si hubiera tiempo y gana y gente

para colgar los cuadros. Y se van como vienen

(con la lógica antigua de llegar para nada

y una técnica nueva para dar soledad)

a sus ocupaciones, al vacío, insistente

promesa incumplida de amor.

Y así habremos sido y son ellos:

como las hojas en el torbellino.


*
*
*

La esperanza es interminable, intermitente,

funciona, como los televisores y la vida, mal.

Hemos venido hasta acabar traidores

o morir, que es lo mismo:

marchar sin despedirse,

venir sin cuerpo y sin voluntad propia,

ser poca cosa y anunciar desgracias,

repetir lo que fuimos,

cobrar tragedia en nombre del amor.

Cruzamos la ventana, como el vencejo,

para acabar así. Todos somos el mismo y el viento

para las hojas en el remolino.


*
*
*

Hemos vivido para que no nos cojan vivos

y aun a ti, que quisieras asirte a nosotros,

te eludimos con una displicencia de muertos, ásperos,

irónicos sin gracias, cumpliendo desganadamente

un trámite trágico en ti. Porque en ti, que nos tratas de muertos,

vivimos como hemos vivido, unas ráfagas,

de las ausencias a las concisiones,

sólo rebeldes en el gesto y esta

capacidad de huir.

Sólo se sabe que nos vamos yendo,

desabridos, secándonos,

como las hojas en el torbellino.


*
*
*

Una vida con curso de murciélago,

fingiendo hasta la imagen de las rachas del viento.

Unos caminos vistos

a sacudidas para la pantalla.

No la verdad: lo póstumo. Máquina de sinopsis.

Porque la vida es esta coincidencia de muebles,

todos somos el mismo.

Todos somos el mismo y este viento que somos

y estos papeles en el remolino.

De Religio y otros poemas