Por Viktor Gómez
ANA PÉREZ CAÑAMARES

Ana Pérez Cañamares (1968) nació en Santa Cruz de Tenerife y en la actualidad vive en Madrid. Algunos de sus cuentos han aparecido en antologías tales como Por favor sea breve (Editorial Páginas de Espuma), Lavapiés (Editorial Ópera Prima), Maldito amor mío (Editorial Signo Tres, Lima), o Escritos disconformes. Nuevos modelos de lectura (Ediciones Universidad de Salamanca). Colabora con algunos de sus poemas en las antologías Qué nos han hecho (Editorial Isla Varia), Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (Random House Mondadori), Versus.12 Rounds (Ediciones del Satélite), Bukowski Club Jam Session de Poesía 06-08 (Ediciones Escalera), 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Editorial Baile del Sol), Poesía Capital (Editorial Sial/Contrapunto), La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby Editores, próxima aparición), así como en distintas revistas impresas y digitales. Administra el blog El alma disponible (elalmadisponible.blogspot.com), dedicado a la poesía. En el 2007 publicó su primer libro de poemas, La alambrada de mi boca, en la Editorial Baile del Sol; esta misma editorial ha reeditado en el 2009 su libro de relatos En días idénticos a nubes. En la actualidad prepara su segundo poemario, Alfabeto de cicatrices.
ALFABETO DE CICATRICES
Con pulso de artificiero
escojo las palabras.
Manejo con tacto
la nitroglicerina de cada sílaba.
Por culpa de palabras mal usadas
a mi corazón lo cruza
un alfabeto de cicatrices.
PERDONADME QUE AHORA JUEGUE
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa
Wislawa Szymborska
Cuando veo fútbol, tenis
carreras de fórmula 1
no olvido que en otras cadenas
siguen los telediarios.
Mientras gritamos gol
otro coche bomba explota
en un mercado; antes
de que acabe el set
habrá diez palestinos menos;
se apaga el semáforo
y una vida más en Guantánamo.
Mis padres llamaban
partes a los telediarios.
Ellos sabían que la guerra
no había terminado:
mientras en el salón la tele
vomitaba metralla,
la radio en la cocina
escupía recuentos de muertos.
Perdonadme que ahora juegue:
el dolor fue una institutriz severa.
ESTACIONES
Para la gente de Esferadeletras
Leo los poemas de Amijai en el tren
levanto la cabeza y ahí está:
la primavera estallando en los descampados
una gran bomba de la que el tren huye
porque los poemas que los árboles dictan
están escritos en un idioma exótico
que no entendemos los que vamos
a recluirnos en nuestras casas
la palabra estación ya sólo nos habla
de lugares en los que apearse
y el único sol que me calienta ahora
es el que apresaron las uvas
antes de hacerse vino.
LA ANTIGUA NIÑA PRODIGIO
Para Inma
Cansada ya de ser el payaso
de todas las reuniones
dispuesta a no llenar más
el vacío con ingenio
decides dar tu última fiesta
No pedirás regalos ni trajes de gala.
Los invitados traerán razones
para quererte
sin enamorarlos.
Cuál de ellos será el primero en darse cuenta
de que no has pedido ayuda al maquillaje
de que como tu gata
-el último animal que adoptes-
has decidido ponerte de parte
de la elegancia de las estatuas rotas
Los recibirás sentada en el sillón
que heredaste de tus padres muertos.
El trono de niña prodigio te quedaba grande.
No es que empequeñezcas; es que,
como todos, te has ido erosionando
y sólo en tu pelo las canas tiesas
hablan de tu pasado como muñeca.
Para ser buena anfitriona te bastará
con callar que los juegos son algo muy serio
que en leer las instrucciones se pasa la vida.
Bastará con aceptar la inocente avidez
de los que sacan las cartas
y levantan casinos de la nada.
Sonríes. Nadie sabrá que esta fiesta
será el ensayo de tus próximos proyectos:
olvidar las trampas que aprendiste
y camuflar en los abrazos
una coquetería irrenunciable.
LAS PIEDRAS
Durante las vacaciones
recogemos las piedras
que el mar nos regala.
Son las piedras con las que luego,
en el invierno, reconstruimos
las ruinas de nuestras guerras.
No sólo les pedimos
que resistan.
También que nos recuerden
que el mar existe.
Por Viktor Gómez
JOSÉ MARÍA GÓMEZ VALERO

José María Gómez Valero (Sevilla, España, 1976). Autor de los libros de poesía: Miénteme (1997), El libro de los simulacros (1999), Travesía encendida (2005) y Lenguajes (2007, en colaboración con el pintor José Miguel Pereñíguez). Aparecerá en los próximos meses el libro de relatos para niñas y niños Las gafas de la niña intrépida, escrito en colaboración con David Eloy Rodríguez y Miguel Ángel García Argüez.
Poemas suyos han sido recogidos en diversas antologías nacionales e internacionales.
Participa en diferentes proyectos escénicos vinculados a la palabra poética con los que ha sido invitado a participar en numerosos auditorios –musicales, literarios, multidisciplinares…– y festivales artísticos. Su trabajo actual en el ámbito de la polipoesía y el spoken word puede conocerse en Todo se entiende sólo a medias (www.soloamedias.net), una acción poética de La Palabra Itinerante.
Imparte talleres de creación literaria desde 1997. Ha participado en exposiciones colectivas de arte contemporáneo. Es uno de los responsables de la editorial Libros de la Herida (www.librosdelaherida.blogspot.com) y forma parte del colectivo andaluz de acción cultural La Palabra Itinerante.
EL ESTRATEGA
El estratega había calculado
todos los movimientos de su ejército.
Cualquier contratiempo estaba previsto:
decenas de dibujos y de esquemas,
hijos de la pasión y del insomnio,
atestaban su tienda de campaña.
Su táctica era perfecta, brillante,
quizás el mejor plan de asalto diseñado.
No cabía la sorpresa o el error:
la ciudad caería al anochecer.
Llamó a los oficiales de su ejército
y les reveló: mirad, mi táctica es hermosa.
La ciudad caerá al anochecer,
se decía cada mañana el estratega
mientras contemplaba en el horizonte
las altas murallas de la ciudad.
(De Travesía Encendida)
SIMULACROS Y TRAICIONES
[el lenguaje de la mentira]
Cada trayecto que emprendía
era el principio de un desgarro.
Calmaba su sed en cuencos vacíos.
Enmascaraba con nombres todos los miedos.
De este modo acunó la enfermedad,
así cuajó la vida en crueles formas.
Labramos siempre tierras prometidas.
Nos dejamos morir en los brazos del mañana.
(Aquí se trata de mí.
Aquí se trata de ti y de mí.
Aquí se trata de ti y de ti y de ti y de mí).
(De Lenguajes)
NACER EN LA TELARAÑA QUE CUELGA DEL EJE DE LA RUEDA
I
Ningún tiempo es oscuro
si la luz te roza:
en el ojo del cisne
canta quien resucita,
azules recuerdos
sacuden al pez
en las redes,
en los océanos de los mapas
nadan los ahogados.
La lucha por palpar
con las palabras
el brillo oculto de estos días
–advertir en los labios
cómo se forma y crece
la primera burbuja de silencio–
(La lucha por palpar
con las palabras
el brillo oculto de estos días).
II
Dejar rastros de amor
en el camino hendido por la rueda.
Extender el mantel de la alegría
sobre la ceniza del daño.
Decir ventana
y que entre el cielo.
(De Lenguajes)
APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA CUALQUIERA
Nacer,
memorizar los signos,
ocupar una celda
en la intemperie.
Reconocer a tientas
la dureza de cada límite,
los contornos del orden.
Asistir cada día
al silencioso pacto,
ser cómplice
de piedras y difuntos
Jugar a cosas serias.
Mentir de corazón.
La noche,
los velos,
los desvelos.
La voz de la sólida sombra.
Arroparse sin sueño,
ansiar el tiempo en que nada se derrumba.
(Inédito)
Por Viktor Gómez
PEDRO MONTEALEGRE

Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975) es periodista. Reside en Manises, Valencia, desde el año 2001. Ha publicado los libros Santos Subrogantes (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998); La Palabra Rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005), El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de Agosto, 2006) y Transversal (El Billar de Lucrecia, México, 2007). Edita el blog: montealegrepedro.blogspot.com.
3
Todos nos acostamos con un burro y con un muerto.
La fábrica se adelantaba a las frases y al símbolo,
–los condones llenos con maicena, con tinta
del interior de un pulpo. Una vez en el mercado
dijimos: señora, déme ventosas, gloria ignota del mar.
Sudada ante la presencia del maligno, un trozo
de enagua nos dio –para que lloviera– reverso
del poema y la trampa: su corazón atravesado
por humo de tabaco, un humo de pira –mitad del sepelio–:
caía champán desde el meato de las muchachas.
No teníamos eso. Estómago, no: juego de chola.
La paja. ¿La mirada blanca? Los chaperos
subieron –boda y vínculo– al cénit. La sangre se hizo
real, como el golpe, lupanar. Violencia; léase, anótese.
Y si es que rompo una copa con los dientes; si rompo
un lápiz-mina con el culo; si con todo el peso
salto en el aparato del bebé –el que ejercita sus piernas–
y decimos éxtasis, popper bendito –aquél que se inhala–
no el filósofo facha, o fecha; o ficha. El primero eres tú,
perito en torturar la tragedia, ¿la tengo?; la segunda, el día
de la menstruación, cuando abramos la boca: el tono
de los ángeles totalmente expuesto: los mercados tendrán
razón de quiebra. La tercera, te tengo –hábil calígrafo–
sin duda identificado. Sé lo que respiras,
lo que esputas e impeles. Sé muy bien asistir a una fiesta
y enseñar el agujero en la exila. Y que el golondrino
no haga verano o nido, aunque nos acostemos llorando
con un muerto, y el burro ya lo intuya.
5
Amy Winehouse se hizo la raya en el ojo y la inhaló.
Puso un kilo de carne en la joroba de su cabello;
luego estando borracha lo hizo sólido, hizo polvo ese kilo
en un mortero de roca, cantando, mientras el sol
echaba semillas –los gorriones felices. Hizo polvo esa carne
y lo inhaló. Sacó la lengua para recibir una hostia
pero entró un pequeño disco de vinilo. Todos los amantes
son la chica inglesa, la maravilla, el portón abierto
entre sus dientes. Los amantes pusieron la radio;
giró la luna y no el grifo del agua: el rostro con tizne,
rastro de caracoles o pequeñas estelas de cuarzo
manchando la entrada de la nariz. Porque la estrella
sale arañada de una fiesta, adelgaza, la cara se le chupa
y aparece la calavera, otra gramática. Los amantes
devolvieron un plato. Vomitaron a la cuenta de 3;
los parafílicos dijeron algo bajo la ducha: el disco
de la Winehouse al girar de noche: no, no. Nos hicimos
con la punta del dedo ardiendo –inmolación del fósforo–
una línea negra encima del párpado. Año 60. Año
de hambruna, de swing no entendido –baños públicos
donde el solitario anota un teléfono. Metimos
un ojo por la abertura. Y la boca. Y sonreímos
porque nos faltaba un diente –lo arrancamos nosotros mismos
para afilar una cuchilla. Amy Winehouse es punky,
añade un comentario. La cantante, una diva de verdad,
destruye el ideario del cuerpo –o costra– no hace
más que repetir, ¿el cliché es la música? Es arte:
canon o carnicería –el opinólogo suma. El disco
salta bajo la aguja, giramos en órbitas –cristales de crack–
semiorbitamos el tronco –costillas marcadas. Yonkis
nacidos de la amapola, clínicas de desintoxicación,
décadas levitantes. A nadie le sorprende un caballo.
(Ni Blanca Andreu –ni su niña de provincias– sorprende).
Hablamos de Amy. Los amantes, sus índices, la yema
en el límite del cieno, superan el olor de los perros mojados.
Dildo o jeringa, palabra en todas direcciones. La mecánica
de penetrar es la misma. El giro. El giro. La música
pide rehabilitación. Pero Amy dice no y el poema, no.
6
Le besamos el trasero a una yegua. No bastó
que pisáramos la cucaracha –sonido de galletas
bajo un pie de niño– y que el sudor –acetona–,
fuera tintura, sangrado menstrual: tintura
el jugo morado del maqui, pintándote la boca
como un Jocker –juego de cartas no hay: no hay
siquiera comodín– : divertido lo swinger
como el swing, el lolipop, lolipop –coro
o en corro de cuerpos: sirven bosques, sirven
aparcamientos –lejos– dunas de playas. Mientras
besamos el trasero de un camello –lo somos– da
maná de su joroba: la rosa de Jericó, esfínter verde
abierto como líquen, piernas –millones, velludas– 200
la medusa del desierto, así le dicen, mientras tú
no piensas en desiertos ni en rosas. Sí en perlas.
Sí en lo que suma. Uno. Y otra. Y más: siguen
dejando el matiz –todo está grabado en papiros,
pinturas murales, mosaicos– mientras las puertas
de los automóviles se abren, y salen gaviotas,
espuma marina del retrovisor, gusanos de seda
que se comerán nuestras uñas. El dolor está
en la culpa –el sonido del carnicero cuando corta–:
alguno escucha llover mientras golpean la cara
de una chica: la orinan, ella gana, se rebela: clava
un tacón aguja sobre el testículo. El profeta
gime. La tentación es un triángulo de avería.
Y hay mostacillas. Carmín. Monedas falsas.
Y hay hambre. Hay muertos. Reptiles
duermen en la cabeza de los calvos.
Golondrinas hacen nidos blancos en la nariz.
Pones un disco compacto, esperas en tu coche
a que se acerquen los amantes. La rosa de Jericó,
tu abierto pectoral: sonido, follaje seco
que luego da rocío. Polvo y perlas. Tocas
la lluvia con un dedo, hombres bellísimos,
racimo de uvas cruzadas por la brisa,
huella de ruedas y un sendero. Llaves perdidas
entre las pisadas, mariposas confusas:
no es un nardo, una campanilla transparente,
el preservativo colgando contra el sol.
Poemas de Muchachos Cayendo de las Nubes (inédito)
Por Viktor Gómez
LUCÍA BOSCÁ

Lucía Boscà Gómez (Valencia, 1985). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, estudia actualmente para terminar el Doctorado en el departamento de Teoría de los Lenguajes en la misma universidad. Sus poemas han sido publicados en 23 Pandoras (Baile del sol, 2009), Estaciones desnudas (Editorial Cocó, 2007), Nube de Cifras (Editorial Cocó, 2008) y Verso a verso II (Colección Náyade, 2005), así como en las revistas Vulture, Creatura y Adiós.
[Al interior del pájaro, justo...]
Al interior del pájaro, justo
en su centro: algo
empapado. Y algo en pequeños ovillos.
Ya no hay quién, que todo son
conversiones, y un daño hecho de negro y
de negro hecho el camino.
Pero hubo un tiempo,
y el hombre nacía del pájaro.
[Descanso: no...]
Descanso: no
aquí / sumergido
en ningún lugar. ¿Y cuántas
vidas han faltado
para dar un paso, dos?
¿Qué habrá
de las siguientes,
de todas aquellas,
las que terminaron
por empezar?
[La siembra todavía...]
La siembra todavía…
¡No contar! Sino ser
contado como al pasar el coche rojo
de algún niño.
Salvarse y seguir siéndolo
(fruto, tierra, pan)
entre cajas de cartón
entre cajas de cartón / en el
portal amontonadas:
así
te sentías. ¿Qué podrías
haber dicho tú entonces?
Por Viktor Gómez
MIGUEL ÁNGEL CURIEL

Miguel Ángel Curiel (Korbach Valdeck, Alemania, 31 de marzo de 1968). Fundamentalmente poeta y narrador, es español, aunque nació en Alemania, hacia donde habían emigrado sus padres, originarios de Jaraiz de la Vera (Cáceres); con un año de edad su familia se trasladó a Talavera de la Reina, provincia de Toledo, donde transcurrió su infancia y la mayor parte de su juventud. Hizo estudios de Geografía e Historia en Madrid. Viajero impenitente, ha estado en Potiers, Saarbrucken, Nuremberg y Florencia y en su juventud militó activamente en política; también fue cantautor. En la actualidad reside en Lugo. Es autor de los libros: El Verano (accésit del premio Adonáis, 2000), Un libro difícil (Premio Esquío de poesía, 2005), Por efecto de las aguas (Premio de poesía San Juan de la Cruz, 2008, Colección Adonáis), Diario de la Luz (DVD, Barcelona, 2008)
TORMENTA EN LA RAIA
La tormenta se nos echó encima.
Plástica y efímera como todo
lo que es bello por sí mismo.
Se quema el árbol en la lejanía
de estas sierras espeluznantes
donde cuesta andar y
cuesta escribir.
Tirar esa palabra al mar.
Tirarlas todas al mar.
Devolvérselas a Dios.
Cegar con piedras
el pozo de la luz.
PÁJAROS
No importa la edad de un pájaro.
Más ilumina la melodía
en la oscuridad.
Atravesamos una zarza dulce
y se echa a volar el dolor.
Hemos congelado la rosa.
Hemos congelado la luz,
las manzanas negras.
Nos hemos congelado
a nosotros mismos.
Gallinita ciega que
a mis pies se convirtió
en un puñado de sal.
CUCHARADAS DE VINO
Cuando oigo mi nombre
en boca de otro
siento miedo y placer.
Después me despierto
como nieve pegada al muro,
o acaso me alimento
de visiones breves.
Cucharadas de vino.
MUNCH
Para Víctor Gómez Ferrer
“Coimbra a 22 de diciembre de 1989:
ha muerto Beckett. Con su obra lúcida,
esperanza esculpida en el rostro”
Miguel Torga
El grito de Munch es un grito de luz.
La boca oscura nunca se cierra.
Él inyecta agua o leche en los párpados.
El grito gira en su silencio,
en el desagüe el sol.
El único dios que he visto es el huracán.
Mientras cuece el agua afuera hay nieve.
Suyas son las huellas que llegan hasta la casa.
Enhebra el hilo, pero un día el rostro
ya no podrá enhebrarlo. Si clavarse la aguja
para seguir viendo lo invisible.
Agudizar. Elegir el sitio del dolor.
En vez de un poema liberador
un poema a secas.
PINO DE LOS CAÑOS
Cuelga la piedra del chopo
y lo inclina hacia la nada.
Remuevo el saúco y lo que
cae de él es mi nombre.
Si fuera un árbol sería
como ese pino que forma
con la tierra un ángulo agudo.
(De catorce grados, como el vino solar
de esta tierra lejana y oscura
donde pasé mi juventud)
BUITRES
Los buitres son buenos.
Trabajan el marfil.
Cuidan de los huérfanos de la primavera.
Esos corderitos lamen el oído.
Todos los seres queridos se convierten
un día en reses.
¿Así es como se acercan?
No se va el silencio.
Nunca se va.
Ya nunca estoy en los poemas.
LUGAR
Poco cambió este lugar.
Inalterable y solitario
siempre abierto al mediodía.
Tu poesía parece haberse ido
muy lejos a buscarte y
nunca te has marchado.
Ya no la dominas, demasiado lejana.
El pulso te tiembla por el pájaro
que hay dentro de ti.
Le das vino.
Abres la boca para que escape.
Abres el grifo y escuchas.
Algo se ha cerrado para siempre.
FARO
Este faro donde
me han invitado a dormir
y donde no consigo dormir.
Enviamos luz
y un haz negro hacia el fondo.
Guiar la aventura.
De esta soledad
dependen muchos.
CROCUS
Pisad crocus.
No recojáis crocus.
No os comáis los crocus.
Pisad esos crocus negros que salen bajo la nieve.
No os llevéis los crocus a casa.
No arranquéis los estambres de los crocus.
No os comáis esas florecillas que salen bajo la nieve.
No llenéis de crocus las cajitas.
No echéis al fuego los crocus.
No vendáis los crocus.
No metáis en las orejas de los cerdos los crocus.
No los oláis.
CAJA
El vacío es una caja
hecha por ángeles,
encierra toda la
oscuridad del mundo
y alguien la echa al fuego…
LOCURA
Llanuras sin montañas al fondo.
Parece un buen sitio para escribir
y dejarse el pelo largo.
Todos los alacranes son míos.
El veneno negro de la luz.
Los ojos vuelan.
Algún día nevara.
Es un buen lugar para la nieve.
Mi boca está vacía
por la sequía y la locura.
Lo amarillo pincha el ojo.
Suena el gong.
PESCANDO EN EL TIETAR
Pesco, el sol no deja que piense en mí.
Lanzo y recojo.
El sol no deja que vea la boya
que baila en el agua.
Si se clava la muerte
el sol no me dejará ver la picada.
Tirará hasta romper el sedal.
Cuando pesco no lucho.
Bebo el agua.
ESTORNINOS
Estorninos.
Bucles de estorninos.
Ceniza de las palabras
que han iluminado el día.
¿Y qué le hemos dicho a los jefes,
a los idiotas, a los perros
que muerden huesos de aviones?
Bucles de estornino.
Hemos callado
y hemos fabricado
cajas de silencio.
EL ÚLTIMO DÍA DEL MUNDO
Es el último día del mundo
y todo está tranquilo.
Nadie vuelve del amor.
La carretera va hacia el sol.
El camino del invierno
atraviesa el verano.
Morir mientras duermes.
No pueden quemarse
nuestros ojos en la nieve.
Las visiones no son visibles.
BLANCO
Las palabras quemaron la boca.
El silencio o las uvas los ojos.
La leche quemó el hígado.
Esta hoja,
este blanco de la hoja,
afuera esa nieve,
ese blanco de la vida.
Casa caliente
mundo frío.
Desnudo
me traga el silencio
mientras me como el pan.
OCTUBRE
Vengo de aquellas montañas.
Mi poesía viene de aquellas montañas
a las que raras veces canto.
Si fuera el cazador de perdices negras
fundaría en ellas una ciudad
para los desposeídos.
La poesía ha muerto
y las montañas viven.
Qué pocas palabras me quedan
para decirlo todo.
Mejor no escribirlas
y se pierdan en la luz.
MESA PUESTA
Nadie come.
Está todo puesto para ser olvidado.
El lenguaje mismo
ya no quiere ser bello.
Es el lenguaje de un viejo que va de blanco.
Toma el vino en la concha
para emborrachar a su ángel.
Un techo blanco
y tener agua, grifos de luz.
Se oyen los pasos,
las explosiones de dinamita.
Desde la ventana se ve la boca del túnel.
¿Hay himen en la boca abierta?
¿Cómo puede romperlo una palabra?
Tener un pozo de nieve
donde echar al ciervo.
MODIGLIANI
Los que se van.
Ese instante.
Se pierden ellos primero en la luz
y luego la luz en nosotros.
El calor de la piedra
en la mano fría.
El agua tibia,
o siempre un poco más fría
que el vino.
Jacobo Modigliani intenso en la nada.
Se puede morir de miedo,
pintar de lejos los propios ojos
hasta deformar la propia vida.
Tocar el piano muy lento,
más suave.
Besar una tecla mientras
se cuece el agua.
CUERDA
Se trenza la cuerda.
No se rompe ninguna palabra
por el peso del mundo.
Pero yo si me rompo al hablar.
Trenzo el silencio.
Que no se rompa el hilo de luz
que me voy comiendo.
Espacio oscuro,
nada brilla.
Lo que veo no está.
La nieve que piso es mi edad.
Sé que es blanca.
pero no hay luz para hablar de ello.
Cualquier bicho de ojos rojos está caliente.
Se queman por dentro.
Tampoco la ceniza se ve,
ni la vaca con la que choco.
CARTA DEL 1 DE NOVIEMBRE
En una ciudad cualquiera
en un cementerio cualquiera
donde nunca vivió ni murió uno de los míos,
donde me encuentro de paso
y a la que supongo nunca volveré,
he comprado unas flores y se las he dado
a una muchacha. Me las ha cogido
como si ya estuviera muerto.
Así me ha mirado, entonces más arriba
dicen mis ojos, donde la luz
se come los pájaros.
No lo dicen siempre.
No siempre están pensando en lo que ven,
o lo que no ven es más puro
y entonces menos visible.
La fruta cae y se pudre.
De más arriba cae el amor
y se restablece.
Desde un poco más arriba nada se cae.
¿Vamos nosotros hasta esas alturas
A tirarlo a la tierra
o a soplar el vidrio de la visión?
Por Viktor Gómez
LAURA GIORDANI

Laura Giordani (1964, Córdoba, Argentina) A causa de la dictadura militar argentina, a finales de la década de los setenta se exilia con su familia en España. Es profesora de lengua inglesa y cursó estudios de psicología y bellas artes. Obra poética: Apurando la copa (2001), Celebración del brote (2003), Cartografía de lo blando (2005), Noche sin clausura (2006), Materia Oscura (2007, Baile del Sol, en prensa), Sudestada (2009) y Celebración del brote (2009), plaquette publicada por Zahorí, poesía en minúsculas. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías: Antología de Poesía (ECA -Escritores Cordobeses Asociados, 2002), Aldaba (2004), Cuadernos Caudales de Poesía (Edición Caudal, España, 2007), Los centros de la calle (Editorial Germanías, 2008), Antología de poetas latinoamericanos residentes en España, Cambio climático (Editorial Eclipsados, en prensa). Asimismo, ha colaborado con algunas publicaciones en revistas de Argentina, Brasil, Alemania y España (La hamaca de lona, Youkali, Viento Sur, Lunas rojas, Eclipse y Grumo, entre otras).
LA TIERRA
I
Nada detiene esta piedra ensimismada
hecha esfera por la ciencia
del giro indiferente
grávida de un dolor inmemorial
dolor de continentes y océanos
nada detiene este vértigo de tanto
contorneo en el negro largo bostezo
entre los mundos
Y nada conjura este hechizo
que impele a las abejas
al reclamo del estambre
al mismo tunal tendido
en el horizonte
¿Por qué esta ceguera
de piedra
lanzada al corazón de un pájaro?
II
No basta tanto vértigo
para aplacar esta vocación
orbital de canica subyugada
por algún chamullo divino
No basta la caída
de tanto párpado para desvelarnos
para que esta madre no salga
a seducir una vez más a sus hijos
con la prestidigitación de la lluvia
la ilusión de un quiebre
un matiz nuevo
en el desplome de las hojas
III
Alguna vez con ojos blancos
la tierra fue nave fronda
ballenas nubes y linajes
alguna vez las luminarias fueron
asombro incendiado en la llanura
alguna vez fue temblor
esta coreografía inalterable de los astros
su mutismo idéntico al furor
de la pregunta a la sangre
amotinada en la frente
atalaya afiebrada
Aunque las pupilas se afanen
el cielo seguirá siendo ese alto
sitio de desguace una avenida
con algunas luces que resisten
donde la tierra puta de ojeras azules
hace su ronda
OJERAS
Bajo la piel hay alforjas
para guardar las noches lerdas,
ojeras ocaso donde se ponen
fulgores y encallan los soles
hasta hacerse crónica nocturna,
pliegue del desvelo.
Marsupiales cargan sus penas párvulas:
ese modo tan humano de llorar
por dentro, de penar por dentro
hasta convertir en piedra
lunar el llanto.
Dos criaturas de lomo púrpura
abrevan la luz convaleciente
en nuestros ojos.
BOLSA DE PLÁSTICO
Perdiendo el último azúcar,
entregada a la corriente
mortal de un domingo cae
y se alza con su canto eunuco,
estandarte de la resaca
sin resistencia que no sea
sonido de arpa desgarrada.
La niña abre su mano…,
la bolsa crisálida
huérfana con su piel
translúcida en jirones
se entrega a su carrera
de Ofelia enloquecida
por el parque.
NIÑO DE LAS MINAS
Sopla la rabia sobre mesetas presentes:
ruge sin saber hacia dónde llevan las horas
vendavales que desafían las piedras.
Arturo Borra
Rabia de verte rompiéndote en esa
pulseada a muerte con la piedra,
robándole rigor hasta hacerte
socavón, llaga.
Tus manos muelen, demuelen,
pulverizan los huesos del mundo.
No de duendes el polvo
que te arrasa los pulmones:
soldaditos de plomo avanzan
por tus venas desvelando
bosques somnolientos.
Niño roca, niño maza,
en tolvas va tu sangre hasta la infancia
de los volcanes, hacia reinos de hadas
negras, minerales;
allí donde el mundo esconde
el humo de las caídas
Por Viktor Gómez

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Despedir el curso con una noche para la poesía, un velada para transitar sobre la huella dejada por la voz comprometida del poeta oriolano Miguel Hernández, el martes 20 de Julio a las 10 de la noche y hasta que se agoten los ánimos, nos convocamos poetas, amigos, simpatizantes, admiradores de la poesía hernandiana, en un homenaje a el a todos los poetas represaliados en este planeta llamado tierra.
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CONVOCAN:
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Asociación de vecinos de Benimaclet
Asociación poética Caudal
El Dorado Espacio MAE
Kaf café
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Librería Primado.
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La velada estará prevista para que todo el que lo desee pueda leer, bien poemas de Miguel o bien de otros poetas represaliados, o escritos propios, tambien tendremos bebidas frías e invitamos a los participantes a colaborar con sus propias aportaciones no en metálico sino a modo de cervecitas, picoteo y demás. Para hacer una noche de poesía fraternal y solidaria.
Miguel Morata
Por Viktor Gómez

ÁNGEL DE OSCURIDAD
Libertad aparente la palabra en el aire;
la espesura del verso,
penumbra iluminada por vocablos oscuros.
Solitarios, los pájaros, recorren
como una sombra más las sombras en el bosque.
La claridad
siempre es distancia; apenas un intento
de llegar a la luz. Ángel perverso
y bello, donde la noche anuncia
su lenguaje habitable.
Nunca hallarás, al otro lado de estas sombras,
vida alguna; luz que te aleje, pájaro de las tinieblas, con sus nombres ambiguos
de las ruinas del tiempo.
Diego Jesús Jimenez

Por Viktor Gómez
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BUEYES
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Si supieras del dolor en mi cuello
no dudarías de que los yugos invisibles
también pesan, y que cada día
del trabajo a casa voy trazando surcos
en los que no habrá de crecer cosecha.
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AUTORRETRATOS
A LLuis Pons Mora
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Hay narcisistas de gayola
egocéntricos de soliloquios
ególatras de museo y obelisco
egoístas que siempre barren para casa
aunque ya no les quepa más mierda.
Luego estamos también
los que sólo pintamos
autorretratos
con paleta de colores oscuros.
Cuando están terminados
sacamos la navaja
y firmamos el lienzo
con una cicatriz
de esquina a esquina.
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BUENAS INTENCIONES
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Tú pones la comida
para los gatos callejeros;
pero no sabes si son las ratas
las que dejan el plato vacío.
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ANDAR SOBRE LAS AGUAS
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La que yo era se ahogó en el mar
de las infinitas posibilidades.
No las extraño. La vida empezó
donde aposté y perdí.
En ese momento el agua se tensa
y se convierte en camino.
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AMISTAD A LOS CUARENTA
Para Víktor Gómez, amigo
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Aquella amistad de los quince años
abonada con cáscaras de pipas
regada con el cloro de las piscinas
florecida en descampados y parques
aquella amistad eterna no volverá.
Y hay tardes en que el teléfono no suena
y parece que todos los amigos han muerto
o están lejos o demasiado ocupados
en sobrevivir.
Pero un día: alguien en su silencio
en su mirada de sobreentendidos
se convierte en portador del milagro.
En él la tristeza del superviviente
se parece tanto a la alegría
que no hay entre ellas ninguna diferencia.
Su casa abierta huele a piscina.
Y compartimos como pipas las cervezas
y las jarras son trofeos a los que vencimos
en tardes silenciosas la tentación del abandono.
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