MARIO MERLINO: In Memoriam (II)
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MARIO MERLINO, en Sevilla, 2007
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Lanzo una página a la noche para no regresar jamás.
La risa se me escapa conjurado este silencio
a callar el racimo de tristezas que me habita en cada diente.
Más lento he de leer y disfrutar cada palabra
que descubro sin disfraces, sin miradas de tu boca.
Peer to Peer en el Frontpage de una mañana
sepultada en tinta grasa
que recorre y endereza la sorpresa.
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Pedro Carrillo
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Extraido de Pedro Carrillo.com
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“Me gustan las palabras. Me gusta bajar por la mañana a comprarlas y elegirlas, una a una, como si fueran albaricoques maduros.
Nunca se sabe qué palabras van a necesitarse a lo largo del día. Nunca se sabe cuáles sacar de casa en la mochila, o llevar en la maleta, de viaje. Cuántos adjetivos blanco, oloroso, fértil, cuántos verbos y cómo conjugarlos: te quiero, conduzco, abriendo, he estado, supuse… Cuántos artículos indefinidos. Cuántas preposiciones. Me gustan las palabras. Me gusta atesorarlas, pero también dejarlas escapar, a veces, como si no fueran mías. Neblina pesa tan poco, es tan inerte, que basta con mover los labios para que la mínima racha de viento se la lleve.
Hay decenas de miles de palabras. O más. Palabras construidas en chapa, esqueje; o con madera, tacón; palabras recortadas en papel cebolla, sílfide o liminar; y palabras bastas como una tela vieja: lomera, bayeta, batanar Dice John Berger, el escritor, que hay palabras que hay que masticar, como si tuvieran nervios: duplicar, irreversible. Palabras que se te hacen una bola, como el filete de un mal comedor: sacramento, pigmentación, geoestratégico… Y hay otras que se te deshacen en la boca, como los versos de un poeta romántico: titilar, libélula…
A mí me ha gustado siempre ulular. Y no me gusta, nada o casi nada, abencerraje. Me gusta merengue, y detesto canaleta. Me gusta decir bucle, y odio decir tajada.
Mi amigo Luis Mateo Díez, con quien me encontraba alguna mañana, alto y delgado, transversal como un quijote, en el bar La Escalinata, en la Plaza Mayor de Madrid, me contó que a él la palabra que menos le gusta es escrófula. Nunca he sabido exactamente lo que significa pero es una palabra horrible. Escrófula. Las palabras de los médicos siempre suenan fatal, a diagnóstico terminal, a desahucio: mesenterio, linfático, tumefacto…
Sin embargo son bonitas las de los oculistas: iris, pupila, miope. Otra palabra que no me gusta nada es espetar. Suena a mecanismo explosivo: espetó. A granada de mano: coges la palabra, la sujetas con fuerza en la mano, quitas el pasador con los dientes, la arrojas lo más lejos posible, te proteges y esperas. Uno, dos, tres, cuatro…
No se ha oído porque la he tirado lejos. Pero desengáñate: ha espetado”.
(Editorial Eclipsados, No hay adverbio que te venga bien)
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Mario Merlino
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LIMES
Y nos apechugábamos
en la siesta y dormíamos después
mientras que las beatas
destrozaban rosarios de acabóse
y rezaban sin voz a cuenta suelta
y en haciendo nosotros el amor
fisgoneaban no sólo las beatas
venían la vecina
mi hermana el intendente
el ubérrimo adonis fugaz de los sifones
y Yo mismo
que entonces era apenas un pequeño
con erecciones diurnas
que pasaba por ser Yo
pero podía ser aquesa que me trajo al mundo
y había salido otrosí fogosa la muchacha:
que su culo palpasen a horas trinas pedía
y (sentido del orden llamativo)
en las horas sin tris de palpadura
a su bebé tejía patucos de sisal
(bebé que iba a ser yo)
o fingía que daba de mamar y
sacando de sus tetas una al aire
miraba al cielo como embebecida
sacando en pos la otra abruptamente
se miraba los pies empecinada
que de golpe a esa altura eran los míos
y norabuena Yo/ émulo y grácil
de junco que Yo era
cada dos por tres Yo me los chupaba
Yo que por ser no era
Yo que por ser el orden no entendía
Y era más bien avieso
más bien tentebonete.
sí:
miraba de chiquito a todos lados
por ver si alguien venía
y en cualquiera viniendo en mi regocijaba
(fuese helena o monstruosa la belleza)
pero hablar no sabía
sólo echaba piropos por los ojos
que reviraban al borde del mareo
a) uno pasaba sin prestar atención
b) otro pasaba por ser casto siendo
como la noche y los labios anhelantes
c) otro pasaba y era
desfile intermitente y el vahido
ch) y hubo alguno que entró con sus dedos en mi boca
d) y un petulante dijo los niños no me gustan
e) y un hombre arrebatado tres veces fue a violarme
y tres tres ve tres veces
así jamás curares la impotencia
le dije y lo ablandé
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MARIO MERLINO,
poeta hispanoargentino (1948-2009)
de ‘Missa Pedestris’ (Verbum, Madrid 2000)
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Antón Castro. Mario Merlino ha muerto
ABC. Mario Merlino: imprescindible para la literatura
Club de traductores literarios de Buenos Aires










Una respuesta
Bitacoras.com
Diciembre 3rd, 2009
2:03
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